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Mundial 1974: La final que el futbol total no pudo ganar

El Mundial de Futbol de 1974, que se jugó en Alemania Occidental del 13 de junio al 7 de julio, fue una gran fiesta que marcó un antes y un después. Habían pasado 29 años desde el final de la Segunda Guerra Mundial, para los alemanes era una forma de decirle al mundo que estaban de pie, estables y prósperos.

En total participaron 16 selecciones, que jugaron 38 partidos y anotaron 97 goles, lo que da un promedio de 2.55 goles por partido. Se jugó en nueve ciudades: Berlín, Dortmund, Düsseldorf, Fráncfort, Gelsenkirchen, Hamburgo, Hannover, Múnich y Stuttgart. La gente respondió muy bien y asistieron alrededor de 1.77 millones de espectadores. Fue un torneo con estadios que rugían.

Una de las grandes novedades fue el formato. En vez de pasar directamente a eliminaciones directas después de la primera fase de grupos, se formaron dos grupos más en la segunda ronda. Los ganadores de cada uno iban directo a la final, y los segundos jugaban el partido por el tercer lugar. Era una idea que pretendía asegurar que los mejores equipos se enfrentaran más veces y darle más dramatismo al cierre. Algunos equipos importantes se quedaron fuera de la fiesta, es el caso de España, Francia, Inglaterra y Portugal que no clasificaron. En cambio, Australia y Haití debutaron, el futbol se expandía a nuevos rincones del mapa.

Uno de los capítulos más raros y polémicos de la clasificación fue el famoso “partido fantasma” entre Chile y la Unión Soviética. Después del golpe de Estado de Pinochet en Chile, los soviéticos se negaron a jugar el partido de vuelta en el Estadio Nacional de Santiago porque decían que ahí habían torturado y recluido a presos políticos. La FIFA no quiso cambiar la sede, así que el día del partido los chilenos salieron a la cancha, anotaron gol en una portería vacía y el árbitro pitó el final. El resultado oficial quedó 2-0 a favor de Chile. La política a veces se cuela hasta en el césped.

Pero lo que realmente dejó huella en la memoria de casi todos fue el futbol de Países Bajos, la “Naranja Mecánica”. Bajo la batuta del entrenador Rinus Michels y con Johan Cruyff como el genio en la cancha, mostraron lo que se llamó “futbol total”. Aunque perdieron la final contra los anfitriones por 2-1, ese estilo cambió para siempre la forma de entender el futbol ofensivo. Muchos opinan que ese equipo holandés fue más influyente que muchos equipos campeones.

Otro momento inolvidable fue el choque entre Alemania Oriental y Alemania Occidental en la primera fase, en Hamburgo. Fue la única vez en la historia de los Mundiales que las dos Alemanias se enfrentaron en la cancha. En plena Guerra Fría, con el Muro de Berlín todavía en pie, ese 1-0 a favor de Alemania Oriental, con gol de Jürgen Sparwasser, fue mucho más que tres puntos, se convirtió en un símbolo político.

Polonia fue la gran sorpresa del torneo. Los polacos fueron liderados por Kazimierz Deyna en la creación y Grzegorz Lato como un delantero letal que terminó siendo el goleador del Mundial con 7 tantos. Ganaron sus primeros cinco partidos: 3-2 a Argentina, un contundente 7-0 a Haití, 2-1 a Italia en la primera ronda; luego 1-0 a Suecia y 2-1 a Yugoslavia en la segunda fase. Era un equipo ordenado, rápido y con olfato goleador. Después jugaron la semifinal que la gente recuerda como la “Batalla Acuática de Frankfurt”. Era el 3 de julio y el Waldstadion se convirtió en una especie de piscina gigante porque cayó un terrible aguacero justo antes del partido. Llovió tanto que se acumularon hasta 14 litros por metro cuadrado, el césped estaba lleno de charcos profundos, algunos de diez centímetros. Los encargados intentaron todo: rodillos, palas, bombas, bomberos… pero nada, el partido se retrasó media hora y al final se jugó en las mismas condiciones. Los alemanes, que eran un equipo muy físico y pelotazos largos, se sintieron como pez en el agua, literalmente, mientras que los polacos, que jugaban un futbol más rápido y técnico, decían que parecía waterpolo en vez de futbol. Gerd Müller marcó el único gol en el minuto 76 y Alemania pasó a la final. Años después, Franz Beckenbauer admitió que en un campo seco el resultado quizás habría sido distinto, porque Polonia tenía un equipazo. De hecho, los polacos terminaron terceros al ganarle 1-0 a Brasil en el partido por el bronce, con gol de Grzegorz Lato.

En la final, unos días después en Múnich, se enfrentaron Alemania Occidental y Países Bajos. Los holandeses empiezan mandando desde el minuto dos con un penal que cobra Johan Neeskens y se adelantan 1-0. Pero los locales no se achican, en el 25 empatan también de penal con Paul Breitner, y antes de que termine el primer tiempo, Gerd Müller mete el 2-1 que sería definitivo. Alemania se coronó campeón en casa, logrando su segundo título mundial. El orden, la disciplina y la eficiencia se impusieron a un estilo que parecía mágico e imparable. En este partido brillaron figuras como Beckenbauer, el líbero que salía jugando como si fuera mediocampista, Müller en el área y Berti Vogts, que tuvo la misión casi imposible de pegarse a Johan Cruyff y neutralizarlo.

Italia, que llegaba con Dino Zoff como un muro, llevaba más de mil minutos sin recibir gol en partidos internacionales. Pero en el debut contra Haití, apenas en la segunda mitad, el delantero haitiano Emmanuel Sanon recibe un pase largo, se sacude a la defensa, deja parado a Zoff y define con toda la calma del mundo. ¡Fin de la racha invicta! Aunque Italia ganó 3-1, ese gol de Sanon se volvió legendario porque rompió una racha histórica y le dio a Haití su primer tanto en un Mundial.

También se registró el primer enfrentamiento entre Brasil y Argentina en una Copa del Mundo. Brasil ganó 2-1 con goles de Rivellino y Jairzinho, después de que Argentina se adelantara con Brindisi.

Bulgaria registró un récord negativo curioso. Participaron en cuatro Mundiales seguidos, 1962, 1966, 1970 y 1974, y en esos doce partidos no ganaron ni uno solo: ocho derrotas y cuatro empates, metiendo apenas nueve goles y recibiendo treinta. Una sequía tremenda que duró muchos años más hasta que por fin rompieron la maldición en 1994.

Otra anécdota muestra lo fuerte que llega a ser un contrato. Johan Cruyff tenía un acuerdo exclusivo con Puma, pero la selección holandesa vestía Adidas, que ponía sus famosas tres rayas en todo. Cruyff se niega rotundamente a usar el uniforme oficial. Al final, le hacen una camiseta especial sin el logo de Adidas y con solo dos rayas en las mangas para que no promocionara a la competencia. Él defendió su decisión diciendo: “la cabeza que asoma por el cuello es mía”.

Por último, en este Mundial se estrenó el trofeo que conocemos hoy, diseñado por Silvio Gazzaniga, después de que Brasil se quedara con el anterior por haber ganado tres Mundiales. Además, se vio un futbol moderno que inspiró a nuevas generaciones.

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Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (25 marzo 2026). Mundial 1974: La final que el futbol total no pudo ganar. Celeberrima.com. Última actualización el 30 marzo 2026.