El Mundial de España 1982 fue la duodécima de la Copa del Mundo de la FIFA, que se jugó del 13 de junio al 11 de julio de ese año. Lo que la hizo distinta desde el principio es que, por primera vez, participaron 24 selecciones en lugar de las 16 habituales. Esto abrió las puertas a más equipos de todos los rincones del planeta.
Entre los debutantes estaban Camerún, Argelia, Honduras, Kuwait y Nueva Zelanda. Se jugaron en total 52 partidos y se marcaron 146 goles, lo que deja un promedio de 2.8 goles por encuentro. La gente llenó los estadios de manera impresionante, más de dos millones de espectadores en total.
España fue elegida como sede en 1966, así que tuvieron más de quince años para prepararse. Construyeron y remodelaron estadios en catorce ciudades: Alicante, Barcelona, Bilbao, Elche, Gijón, La Coruña, Madrid, Málaga, Oviedo, Zaragoza, Sevilla, Valencia, Valladolid y Vigo. Un gran esfuerzo logístico. Además, apenas seis años antes, España había dejado atrás una larga dictadura y estaba en pleno proceso de consolidar su democracia. El Mundial se convirtió en un gran escaparate internacional, el país quería mostrar al mundo que era moderno, abierto y lleno de energía, como alguien que sale de un periodo complicado y organiza la mejor fiesta para demostrar que ha cambiado.
El sorteo de grupos, que se hizo el 18 de enero de 1982 en Madrid, fue un verdadero desastre, pero algo cómico. Lo organizaron con unas tómbolas parecidas a las de la lotería tradicional española, pero hubo errores al manejar las bolas y se asignaron países a grupos equivocados. Tuvo que repetirse parte del proceso. Esto no afectó directamente los resultados de los partidos, pero sí dejó una imagen de desorganización que la gente recordó con una sonrisa y algo de incredulidad.
Una ausencia importante fue la de los Países Bajos, que venían de ser subcampeones en 1974 y 1978 con su famoso futbol total. El formato del torneo era un poco complicado, primero seis grupos de cuatro equipos cada uno, luego los dos mejores de cada grupo pasaban a una segunda fase de cuatro grupos de tres equipos. Solo los ganadores de esos grupos avanzaban a las semifinales. Era un sistema con más partidos de lo normal.
Uno de los partidos más recordados fue el disputado entre Hungría y El Salvador. Los húngaros ganaron 10-1, y esa goleada sigue siendo, hasta hoy, la más abultada en la historia de los Mundiales. Es el único partido en el que un equipo ha anotado una cantidad de doble dígito de goles. Un partido en el que el equipo húngaro se puso a golear sin piedad. El gol de El Salvador lo anotó Luis Ramírez Zapata al minuto 64 o 65, fue un momento de pura celebración para ellos. Curiosamente, ese sigue siendo el único gol que El Salvador ha marcado en toda su historia en Copas del Mundo.
Hubo momentos que empañaron un poco la fiesta. Por ejemplo, la “Vergüenza de Gijón”, que ocurrió en la última jornada de la primera fase entre Alemania y Austria. Ambos equipos sabían que si Alemania ganaba por 1-0, los dos avanzarían y dejarían fuera a Argelia, que había hecho una gran campaña, incluso le había ganado a Alemania. Después del gol alemán, los jugadores de ambos lados prácticamente dejaron de atacar, como si se hubieran puesto de acuerdo para no arriesgar nada. La gente en las gradas silbaba y se enojaba, y los comentaristas lo llamaron un pacto de no agresión. Fue tan evidente la manipulación que la FIFA cambió las reglas para los siguientes Mundiales, desde entonces, los últimos partidos de cada grupo se juegan al mismo tiempo, para que nadie pueda calcular y evitar este tipo de situaciones.
Otra anécdota curiosa y controvertida pasó en el partido entre Francia y Kuwait. Los franceses iban ganando 3-1 cuando Alain Giresse marcó lo que parecía el 4-1. De repente, los jugadores kuwaitíes se pararon en seco porque creyeron que el árbitro había pitado una falta o algo, pero en realidad el silbido venía de un espectador en la tribuna. En ese momento, el jeque Fahid Al-Ahmad Al-Sabah, que era presidente de la federación de futbol de Kuwait y hermano del emir, bajó al campo para protestar y exigir que anularan el gol. El árbitro, un soviético llamado Miroslav Stupar, cedió a la presión y lo anuló. Fue un escándalo. La FIFA suspendió al árbitro y multó a la federación kuwaití. Al final, Francia ganó 4-1 con otro gol válido más adelante, pero esa escena quedó como una de las más raras y criticadas del torneo.
Los ingleses ganaron sus tres partidos de la primera fase de grupos como si nada. Luego, en la segunda ronda, empataron contra Alemania y contra España, así que, aunque no perdieron ningún partido en todo el torneo, se tuvieron que ir a casa porque no les alcanzó para clasificar a semifinales. La selección anfitriona, España, avanzó a esa segunda fase, pero no tuvo suerte. Perdió contra Alemania por 2-1 y empató 0-0 con Inglaterra, lo que la dejó última en su grupo y fuera de la siguiente ronda.
Uno de los partidos más recordados fue la semifinal entre Alemania y Francia, jugada en Sevilla. La llamaron la “Noche de Sevilla” o la “Batalla de Sevilla”, y con razón. Terminó 1-1 en los 90 minutos reglamentarios. En el tiempo extra, Francia se puso 3-1 arriba y parecía que ya tenían el triunfo en la bolsa, pero Alemania reaccionó de manera increíble y empató 3-3. El gol del empate alemán fue una chilena espectacular de Klaus Fischer que todavía deja a cualquiera con la boca abierta. Al final, como no hubo ganador, se llegó a la primera tanda de penales en la historia de los mundiales. Alemania ganó 5-4 en una definición llena de nervios y dramatismo que nadie olvidó. En ese mismo partido, en el minuto 55, el portero alemán Toni Schumacher salió a toda velocidad y chocó brutalmente con el francés Patrick Battiston, que acababa de entrar como suplente. Battiston quedó inconsciente, y después en el hospital le diagnosticaron conmoción cerebral, lesiones en la columna y pérdida de algunos dientes. Lo increíble es que el árbitro no marcó ni falta. Fue un choque duro que marcó el partido y que todavía se menciona como uno de los momentos más controvertidos.
Del otro lado, Italia llegó al mundial con muchas dudas. Su entrenador era Enzo Bearzot, y el equipo empezó flojo. En la primera fase empató los tres partidos: 0-0 con Polonia, 1-1 con Perú y 1-1 con Camerún. Así, clasificó. En la segunda ronda, sin embargo, se transformaron. Vencieron 2-1 a Argentina, que era la campeona defensora y tenía a un joven Diego Maradona debutando en un mundial. Luego vino el partidazo contra Brasil, una de las selecciones más talentosas de la historia, con jugadores como Zico, Sócrates y Falcão. Italia ganó 3-2 con un hat-trick de Paolo Rossi, y después, en semifinales, derrotó 2-0 a Polonia, otra vez con dos goles de Rossi.
Paolo Rossi, casi dos años antes, había estado involucrado en el escándalo de apuestas llamado Totonero, que sacudió el fútbol italiano en 1980 y provocó la suspensión de varios jugadores. Cuando Rossi regresó, mucha gente dudaba de él. Decían que estaba fuera de forma, que ya no era el mismo. Pero en la segunda fase del mundial explotó. Sus goles fueron determinantes para que Italia llegara a la final.
La final se jugó en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid entre Italia y Alemania. Los italianos ganaron 3-1 con goles de Paolo Rossi, Marco Tardelli y Alessandro Altobelli. Para Alemania descontó Paul Breitner. Esa victoria le dio a Italia su tercer título mundial, el primero desde 1938, y los puso al mismo nivel que Brasil en cuanto a número de Mundiales ganados hasta ese momento. Rossi terminó como máximo goleador del torneo con seis tantos y fue elegido el mejor jugador, así que se llevó tanto la Bota de Oro como el Balón de Oro. Además, el portero y capitán italiano, Dino Zoff, levantó la copa a los 40 años y se convirtió en el jugador de mayor edad en ganar un Mundial.
El balón oficial, el Adidas Tango España, era de cuero, pero incorporaba una novedad importante: costuras selladas que impedían que absorbiera agua. Eso ayudaba a que el balón no se volviera pesado cuando llovía, manteniéndolo más ligero.
España 1982 también fue el escenario del debut mundialista de Diego Armando Maradona. Fue la primera vez que se entregaron oficialmente el Balón de Oro y la Bota de Oro al mejor jugador y al máximo goleador del torneo. Y la mascota oficial fue Naranjito, una naranja antropomórfica vestida con los colores de la selección española: camiseta roja, shorts azules y calcetines rojos con amarillo.
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