El Mundial de Italia 1990 fue la decimocuarta Copa del Mundo, se jugó del 8 de junio al 8 de julio de 1990 en Italia, con 24 selecciones repartidas en 12 ciudades como Roma, Milán, Nápoles, Florencia o Turín. En total, más de dos millones y medio de personas fueron a los estadios a disfrutar el espectáculo. Italia ya había organizado un Mundial en 1934, así que se convirtió en el segundo país, después de México, en ser anfitrión dos veces.
El torneo tuvo un sabor a despedida para algunos, fue la última vez que vimos a la Unión Soviética y a Yugoslavia como las conocíamos, porque poco después se desintegraron políticamente. También fue la última aparición de Alemania Occidental antes de la reunificación del país ese mismo año.
El fútbol que se vio fue bastante táctico y peleado. Solo se marcaron 115 goles en 52 partidos, lo que da un promedio bajito de unos 2.21 tantos por encuentro. No era un festival de goles como otros mundiales, pero sí estaba lleno de partidos duros, defensas bien plantadas y mucha estrategia. Se mantuvo el mismo formato del 86, primero fase de grupos y luego la eliminación directa, donde cualquier error podía mandarte a casa.
Costa Rica, Irlanda y Emiratos Árabes Unidos pisaron un Mundial por primera vez. En cambio, México, que había sido el organizador anterior, se quedó fuera por una sanción de la FIFA después del famoso escándalo de los “cachirules”, donde la selección juvenil había alineado jugadores mayores de la edad permitida.
Camerún le ganó 1-0 a la Argentina campeona del mundo. Los africanos, con un cabezazo de François Omam-Biyik, le bajaron los humos a los sudamericanos dirigidos por Bilardo. Y lo más loco es que Camerún terminó el partido con solo nueve jugadores por expulsiones. Esa victoria los puso en el mapa mundial y generó una ola de simpatía enorme. Ahí apareció como héroe Roger Milla, un delantero camerunés que ya tenía 38 años y prácticamente estaba retirado. El presidente de su país lo convenció de volver para aportar experiencia al equipo. Milla jugó y se robó el show, metió cuatro goles, dos contra Rumania y dos contra Colombia, y cada vez que celebraba corría hacia la bandera de córner y se ponía a bailar. Esa danza se volvió icónica. Camerún llegó incluso a estar ganando 2-1 a Inglaterra en cuartos, pero Gary Lineker empató y luego ganó el partido en la prórroga para los ingleses.
Otro partido que todavía suele recordarse fue el de octavos entre Alemania y Países Bajos, al que llamaron el “Derbi de Milán” porque enfrentaba a estrellas de los dos grandes clubes de esa ciudad. Los alemanes llevaban jugadores del Inter como Matthäus, Brehme y Klinsmann; los neerlandeses traían el trío mágico del AC Milan: van Basten, Gullit y Rijkaard. Alemania ganó 2-1, pero el partido quedó marcado por un incidente, Rijkaard y Völler se engancharon, el árbitro los expulsó a los dos en el minuto 22, y mientras salían, Rijkaard le escupió a Völler.
Inglaterra llegó a semifinales y ahí se topó de nuevo con Alemania. Empataron 1-1 y se fueron a penales. Los alemanes ganaron 4-3. Gary Lineker, el goleador inglés, soltó una frase: “El fútbol es un juego sencillo, 22 hombres persiguen un balón durante 90 minutos y, al final, ganan los alemanes”. Años después, en 2018, cuando Alemania cayó eliminada en fase de grupos en Rusia, Lineker la actualizó con humor: “El fútbol es un juego sencillo, 22 hombres persiguen un balón durante 90 minutos y, al final, ya no siempre ganan los alemanes”.
Italia, la anfitriona, hizo un buen papel y llegó hasta semifinales. Venció a Uruguay 2-0 en octavos y empató con Irlanda en cuartos. Pero en semifinales se encontró con Argentina y, tras un 1-1, con goles de Schillaci y Caniggia, los argentinos ganaron en los penales 4-3. Ahí brilló Sergio Goycochea, el arquero argentino que había entrado como suplente después de que Nery Pumpido se lesionara en la fase de grupos. Goycochea se convirtió en un especialista en atajar penales, detuvo dos contra Yugoslavia en cuartos y otros dos contra Italia en semifinales.
La final se jugó en el Estadio Olímpico de Roma entre Alemania y Argentina, una revancha de la final del 86. Fue un partido trabado, con mucha tensión. Alemania ganó 1-0 con un penalti convertido por Andreas Brehme en los minutos finales. La decisión del árbitro para pitar ese penalti generó mucha polémica, pero el resultado se mantuvo. Argentina terminó con nueve jugadores por dos expulsiones. Fue la primera vez que un equipo europeo le ganaba a uno sudamericano en una final de Mundial.
Diego Maradona jugó ese torneo con el tobillo izquierdo lesionado e inflamado, después de una dura entrada contra Rumania. Tuvo que jugar con infiltraciones y él mismo contaba que sentía como si le retorcieran el tobillo con una tenaza. Aun así, quiso estar ahí, incluso dijo que habría jugado enyesado si hacía falta.
Al final, Alemania se coronó campeona por tercera vez. Franz Beckenbauer se convirtió en la segunda persona, después del brasileño Zagallo, en ganar el Mundial como jugador en 1974 y como entrenador. El italiano Salvatore Schillaci, que antes del torneo era poco conocido fuera de su país, se transformó en la gran estrella, metió seis goles, fue máximo goleador, ganó la Bota de Oro y el Balón de Oro.
Italia 90 no fue el Mundial más goleador, pero sí uno de los más intensos, con sorpresas, duelos épicos y héroes inesperados como Milla o Goycochea.
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