Henrik Edward Larsson nació el 20 de septiembre de 1971 en Helsingborg. Henrik no era el típico gigante imponente que uno asocia con un nueve clásico, de esos que dominan por puro físico como un defensa de rugby. Medía alrededor de 1.78 metros y tenía una complexión más bien normal, pero destacaba por su inteligencia táctica, sentido de la posición, y capacidad para rematar con ambos pies que lo convertía en una pesadilla constante para las defensas. Empezó en clubes locales como Högaborgs BK y luego brilló en Helsingborgs IF, donde llamó la atención para dar el salto a Europa con el Feyenoord a principios de los 90.
Pero fue en el Celtic de Glasgow, a partir de 1997, donde Larsson se convirtió en una leyenda. Llegó a Escocia y explotó: marcó más de 240 goles en alrededor de 315 partidos, un número que lo puso entre los máximos goleadores históricos del club. Los hinchas lo apodaron “The King of Kings” porque parecía que reinaba en el área contraria. Sin importar si el partido está trabado o si llueve a cántaros, él siempre encontraba la forma de empujar la pelota al fondo de la red. Su paso por el Celtic llenó las vitrinas de títulos locales y dejó récords en competencias europeas, donde su olfato goleador se hizo notar.
Después de ese período dorado, dio otro salto al fichar por el Barcelona en 2004. Allí, en un equipo lleno de estrellas, aportó goles importantes, asistencias clave y experiencia para equilibrar el equipo. También tuvo un breve, pero memorable paso por el Manchester United en calidad de préstamo en 2007. Al final de su carrera regresó a casa, a Helsingborg, cerrando el círculo con el club de su ciudad y retirándose definitivamente en 2009. En total, a lo largo de su trayectoria profesional, acumuló cientos de goles; mantuvo un nivel alto durante más de dos décadas.
Larsson jugó 106 partidos y anotó 37 goles con la selección de Suecia, convirtiéndose en uno de los máximos artilleros de la historia de su país. Participó en tres Copas del Mundo, un logro que pocos suecos pueden presumir. En Estados Unidos 1994, siendo aún muy joven, entró como suplente en varios partidos detrás de figuras consolidadas como Tomas Brolin y Martin Dahlin. Suecia llegó hasta el tercer lugar, una de las mejores actuaciones de su historia, y Larsson dejó su huella marcando en la victoria por 4-0 contra Bulgaria en el partido por el tercer puesto.
Para el Mundial de Corea y Japón 2002 ya era indiscutible. Jugó los cuatro partidos como titular, marcó tres goles, incluyendo dos en la victoria contra Nigeria, y mostró un liderazgo que ayudó a Suecia a avanzar de grupo, aunque cayeron en octavos. Su última aventura mundialista fue en Alemania 2006. De nuevo titular en todos los encuentros, anotó un golazo en el empate 2-2 contra Inglaterra que fue clave para clasificar a octavos. Lamentablemente, un penal fallado ante el anfitrión marcó uno de esos momentos amargos que todo deportista vive. Tras ese torneo se retiró de la selección, aunque volvió brevemente para la Euro 2008 antes de colgar definitivamente las botas internacionales. Larsson se ganó el respeto en todos los rincones del futbol europeo. Hoy, ha incursionado como entrenador.
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