Johann Hans Krankl nació el 14 de febrero de 1953 en Viena, justo el Día de San Valentín, en una Austria que aún se recuperaba de los tiempos difíciles después de la guerra. Su papá era entrenador de juveniles en un equipo modesto, Hans creció desarrollando ese instinto de delantero nato que lo haría famoso. Empezó su carrera profesional en el Rapid Viena, el club de sus amores, donde se convirtió en una máquina de hacer goles. En sus primeras temporadas allí, ya destacaba, y tras un breve préstamo donde metió una cantidad impresionante de tantos, regresó para dominar. En la temporada 1977-78, anotó 41 goles en la liga austriaca, lo que le dio el título de máximo goleador de su país y la Bota de Oro europea, el premio al mejor artillero de todo el continente. Jugando en una liga no tan mediática como las grandes de Europa, superó a todos los delanteros de las ligas más poderosas. Ese logro lo puso en el mapa y atrajo miradas de clubes grandes.
Su paso al FC Barcelona en 1978 fue como el sueño de cualquier futbolista austriaco hecho realidad. En su primera temporada en La Liga marcó 29 goles y se llevó el Pichichi como máximo goleador. Además, ayudó al equipo a ganar la Recopa de Europa, anotando en la final. Regresó después al Rapid, donde siguió sumando goles a montones y ganó más títulos locales, demostrando que su hambre por el arco rival no se apagaba con los años. Al final de su carrera como jugador, que se extendió hasta 1989, acumuló cientos de goles en diferentes clubes austriacos, dejando récords, como ser uno de los máximos goleadores históricos de la liga de su país.
Representó a su país en 69 partidos y marcó 34 goles, pero sus momentos estelares llegaron en los Mundiales. Austria no clasificaba a una Copa del Mundo desde hacía veinte años cuando llegó Argentina 1978, y Krankl fue clave en esa clasificación. Una vez allí, se convirtió en el gran protagonista del equipo con cuatro goles. Anotó contra España y Suecia, pero el partido que lo inmortalizó fue el histórico 3-2 contra Alemania Occidental en Córdoba. Ese encuentro, conocido como “El milagro de Córdoba”, rompió una racha de 47 años sin victorias ante los alemanes. Krankl metió dos goles, el último en el minuto 88, que desató la locura entre los austriacos.
Cuatro años después, en España 1982, Krankl volvió a estar ahí, más experimentado y liderando el ataque. Austria clasificó de nuevo a la segunda fase, y aunque el torneo no fue tan mágico como el anterior, él aportó un gol contra Argelia. En total, sumó 5 goles en 10 partidos mundialistas, cifras que lo colocan entre los grandes goleadores de la historia de su selección en estas citas. Después de colgar las botas, Krankl siguió ligado al futbol como entrenador, dirigiendo equipos como el Rapid Viena y otros en Austria.
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