Miroslav Josef Klose nació el 9 de junio de 1978 en Opole, Polonia, en una familia donde el deporte corría por las venas: su papá fue futbolista profesional y su mamá jugó en la selección polaca de handball. Cuando tenía apenas ocho años, se mudó con su familia a Alemania, a un pueblito llamado Kusel. Klose empezó jugando en equipos amateurs locales y hasta se formó como carpintero, un trabajo manual lleno de disciplina y fuerza.
Debutó con la selección alemana en 2001, a los 22 años, y rápidamente se convirtió en un delantero confiable, inteligente y con olfato goleador. Aparecía en el lugar exacto cuando había una oportunidad, anticipándose, posicionándose y definiendo con calma, ya sea con la cabeza o con el pie. Su carrera en clubes fue sólida y larga. Empezó destacando en el Kaiserslautern, donde marcó bastantes goles en la Bundesliga y llamó la atención nacional. Luego pasó al Werder Bremen, donde vivió una de sus mejores etapas: metió más de 50 goles en la liga y mostró que podía combinar gol con asistencias, siendo clave en el ataque del equipo. De ahí dio el salto al Bayern Múnich, el gigante alemán, donde ganó dos títulos de Bundesliga y copas. Su último capítulo como jugador fue en la Lazio de Italia, donde siguió anotando con regularidad hasta retirarse en 2016. En total, sumó más de 200 goles en su carrera de clubes, demostrando consistencia año tras año.
En 2002, en Corea y Japón, su primer Mundial, el joven Klose sorprendió a todos metiendo cinco goles, incluyendo un hat-trick de cabezazos contra Arabia Saudita. Alemania llegó a la final contra Brasil, y aunque perdieron, él ya había mostrado su dominio aéreo. Cuatro años después, en el Mundial de 2006 jugado en casa, en Alemania, Klose volvió a brillar. Anotó otros cinco goles y se llevó la Bota de Oro como máximo goleador del torneo. Su equipo terminó tercero, y la gente lo recordaba por los goles y por esa forma elegante y efectiva de jugar, siempre bien ubicado.
En Sudáfrica 2010 sumó cuatro goles más y otra vez Alemania quedó en tercer lugar. Klose seguía acumulando, adaptándose a diferentes estilos de juego y a defensas cada vez más duras. Pero el momento cumbre llegó en Brasil 2014. Ahí metió dos goles en el torneo, uno de ellos histórico: en la semifinal contra Brasil, en ese partido inolvidable que terminó 7-1 a favor de Alemania, Klose marcó y superó el récord de 15 goles que tenía Ronaldo Nazário como máximo anotador en la historia de los Mundiales. Terminó con 16 tantos en total, repartidos en cuatro ediciones. Alemania ganó su cuarto título mundial al vencer a Argentina en la final, y Klose, con 36 años, coronó su carrera internacional de la mejor manera. Poco después anunció su retiro de la selección, dejando 71 goles en 137 partidos, siendo el máximo goleador de Alemania.
En una época donde los delanteros a veces dependen mucho de la velocidad o de la potencia física, él destacaba por leer el juego, por moverse sin pelota y por ser efectivo contra defensas de élite durante más de una década. Sus celebraciones de gol con voltereta eran divertidas.
Klose ha pasado al banquillo como entrenador, dirigiendo equipos como el FC Nürnberg. Cuando el balón necesitaba entrar, ahí estaba Miroslav Klose.
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