Cuando una rata pasa por un momento de puro miedo o estrés intenso, digamos, porque ve a un gato acechando o siente que algo va mal, su cuerpo libera unas sustancias químicas volátiles que se mezclan con su olor normal y se esparcen por el ambiente. Es como si gritara “¡cuidado!” sin emitir ningún sonido, solo a través de un aroma especial que los científicos llaman feromonas de alarma. Estas moléculas forman parte de una comunicación química dentro de la misma especie.
La rata estresada manda la señal, y las demás la captan con su nariz incluso aunque no hayan visto directamente el peligro. Estudios han mostrado que los animales bajo estrés producen un olor característico que otros pueden detectar, y esto les sirve exactamente para avisar al grupo de que hay riesgo cerca.
Cuando las otras ratas captan ese aroma, no se quedan tranquilas como si nada, por el contrario, su cuerpo reacciona de inmediato con cambios tanto en el comportamiento como en lo fisiológico. Se ponen más alertas, más defensivas, listas para huir o enfrentar lo que venga. En el cerebro se activan los circuitos que manejan el miedo y la ansiedad. Los experimentos en roedores han confirmado que estos olores de alarma encienden respuestas que preparan al animal para actuar rápido.
Junto con toda esa alerta, también aparece un efecto analgésico temporal, es decir, una reducción momentánea de la sensibilidad al dolor. Imagina que estás escapando de algo peligroso y te lastimas; si el dolor te paraliza en ese instante, podrías terminar peor. Ese apagón breve del dolor les permite seguir moviéndose, correr o defenderse sin que el malestar las detenga. Es una respuesta adaptativa, el olor no solo avisa del peligro, sino que detona los mecanismos para soportar posibles heridas mientras las ratas intentan salvarse. Como si el cuerpo dijera “ahora no es momento de quejarte, primero sal de aquí”.
Una sola rata asustada libera esas sustancias volátiles que viajan por el aire, las demás las huelen, se activan sus mecanismos de miedo y ansiedad, y al mismo tiempo ganan esa pequeña protección contra el dolor que podría ayudarlas en la huida. Todo pasa sin palabras, solo con química, mostrando lo coordinados que pueden estar los grupos de animales.
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Referencias:
- Ackerman, D. Una historia natural de los sentidos. Anagrama. 1990.
- Identification of a pheromone that increases anxiety in rats | PNAS
- Pheromone-Induced Odor Associative Fear Learning in Rats | Scientific Reports
- Olfactory exposure to late-pregnant and lactating mice causes stress-induced analgesia in male mice | Science Advances