Un olor puede transportarnos de golpe a los momentos más duros de nuestra vida. Eso es exactamente lo que le pasó a Charles Dickens, uno de los escritores más importantes de todos los tiempos, cuando era apenas un niño. En 1824, Charles tenía doce años y su familia se hundió en una crisis económica fuerte. Su papá, John Dickens, acabó en la cárcel de deudas llamada Marshalsea Prison, en Londres, porque no podía pagar lo que debía. La situación era tan grave que el pequeño Charles tuvo que dejar la escuela de inmediato y ponerse a trabajar para ayudar en casa. Lo mandaron a un lugar llamado Warren’s Blacking Factory, donde fabricaban betún para limpiar y abrillantar zapatos. Su tarea principal era pegar etiquetas en los frascos que contenían ese producto. Era un trabajo repetitivo, de jornadas largas y con un sueldo muy bajo, nada que ver con la vida cómoda.
Para él, esa etapa fue especialmente dura y dolorosa. Su familia aspiraba a pertenecer a la clase media, y de repente él se encontró en un almacén sucio, precario y lleno de ratas, haciendo una labor manual que sentía como una gran caída. Vivía separado de sus padres y hermanos, y eso le generó un sentimiento profundo de abandono y vergüenza. Años después, él mismo recordaría ese tiempo como un periodo de mucha angustia, casi como si lo hubieran dejado solo.
En ese almacén, Charles manejaba frascos, papel, cordeles y, sobre todo, usaba pegamento para fijar las etiquetas en los envases. Con el paso de los días, el olor de ese adhesivo se le quedó grabado en la memoria de una manera muy intensa, terminó por asociarlo para siempre con la soledad, la ansiedad y la humillación que sentía en ese momento de su vida. Algunos biógrafos cuentan que, incluso mucho tiempo después, cuando ya era un hombre famoso, Dickens evitaba ciertos lugares o se cambiaba de acera solo para no percibir olores que le recordaran el ambiente de la fábrica de betún para zapatos. Ese olor actuaba como una llave que abría de golpe la puerta de esos recuerdos difíciles.
Este episodio de la vida de Dickens es un ejemplo perfecto de cómo los olores pueden activar memorias muy poderosas y emocionales. En el caso de Charles, un estímulo tan sencillo como el olor del pegamento para etiquetas traía de vuelta, de forma inmediata y vívida, toda la carga de la pobreza familiar, el encarcelamiento de su padre, el trabajo infantil y esa sensación de haber sido abandonado en un lugar que para él era casi insoportable. El aroma del adhesivo se convirtió en una especie de portal a uno de los capítulos más complicados de su niñez. Y aunque esa experiencia fue muy dura, también marcó profundamente su forma de ver el mundo y de escribir sobre las injusticias sociales y las dificultades de la vida en la Inglaterra victoriana. Esa etapa tan oscura le dio una sensibilidad única que luego brilló en sus grandes novelas.
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Referencias:
- Ackerman, D. Una historia natural de los sentidos. Anagrama. 1990.
- Charles Dickens – Wikipedia
- Charles Dickens | Biography, Books, Characters, Facts, & Analysis | Britannica