Ricardo Izecson dos Santos Leite, mejor conocido en todo el mundo como Kaká. Nació el 22 de abril de 1982 en Gama, cerca de Brasilia, y cuando tenía siete años la familia se mudó a São Paulo. Ahí, como muchos niños brasileños, empezó a patear la pelota en la calle y en las canchas improvisadas, pero también estudiaba, iba a la iglesia y soñaba con otras cosas, como el tenis. Nadie imaginaba que ese muchacho alto, delgado y con una sonrisa tranquila se convertiría en uno de los mediocampistas más elegantes y completos de inicios del siglo XXI.
Su historia en el futbol profesional comenzó en las fuerzas básicas del São Paulo FC. Debutó con el primer equipo en 2001, apenas con 18 años, y rápidamente mostró por qué lo querían: tenía velocidad, visión de juego y capacidad para llegar al área contraria. Marcaba goles importantes y ayudaba al equipo a construir jugadas. Ese mismo año ya brillaba, pero justo antes, a los 18, había vivido un susto enorme: un accidente en una piscina le provocó una fractura en la columna vertebral que pudo acabar con su carrera o incluso peor. Se recuperó milagrosamente y siempre lo atribuyó a su fe cristiana, que desde chico era parte central de su vida.
En 2002, con solo 20 años, Kaká debutó con la selección mayor de Brasil y, aunque jugó poquito, formó parte del plantel que ganó la Copa del Mundo en Corea y Japón. Levantó el trofeo más importante del futbol siendo casi un desconocido para muchos fuera de Brasil. Poco después, en 2003, dio el salto a Europa y llegó al AC Milan por unos 8.5 millones de euros, una cifra importante en su momento.
El equipo italiano jugaba un futbol elegante, y él encajaba perfecto como mediocampista ofensivo. Corría como un velocista, cambiaba de dirección con clase, veía pases que nadie más notaba y definía con potencia o sutileza. En la temporada 2006-2007 lideró al Milan a ganar la UEFA Champions League, siendo el máximo goleador del torneo con 10 tantos. En la final contra el Liverpool, en Atenas, el Milan se vengó de la dolorosa derrota por penales de Estambul 2005 y ganó 2-1. Kaká fue clave para el éxito. Ese año también se llevó el Balón de Oro, convirtiéndose en el mejor jugador del mundo según France Football, y el premio al Mejor Jugador del Mundo de la FIFA. Estaba en la cima con Ronaldinho, Ronaldo, Messi y un joven Cristiano Ronaldo compitiendo.
Kaká era directo, profundo, con una zancada larga que lo hacía imparable en contragolpes. Como un coche de lujo que acelera suavemente, pero llega primero a la meta. Fuera de la cancha: evangélico devoto, no tomaba alcohol, valoraba mucho a su familia y hablaba abiertamente de su fe. Después de cada gol solía señalar al cielo o quitarse la camiseta para mostrar una frase religiosa.
En 2009, el Real Madrid pagó alrededor de 67 millones de euros por él, una de las transferencias más caras de la época. Llegó como parte de los “Galácticos” junto a Cristiano Ronaldo y otros. Ganó La Liga en 2012 y la Copa del Rey en 2011, pero las lesiones, especialmente en la rodilla, le robaron mucho del brillo que había tenido en Milan. Ya no era el mismo jugador explosivo de antes, aunque seguía aportando clase y experiencia. Regresó al Milan en 2013 para una temporada más emotiva, donde llegó a los 100 goles con el club, y luego decidió probar en Estados Unidos.
En 2014 firmó con el Orlando City SC de la MLS, fue su gran estrella y capitán, atrayendo atención mundial a la liga estadounidense. Jugó allí hasta 2017, mostrando buen nivel, siendo elegido All-Star y dejando una huella positiva en un futbol que crecía. Regresó brevemente a São Paulo antes de colgar los botines definitivamente en diciembre de 2017, a los 35 años, sin grandes despedidas. Simplemente cerró un ciclo con la misma tranquilidad que lo caracterizó siempre.
Con la selección brasileña, Kaká acumuló 92 partidos y 29 goles entre 2002 y 2016. Además del título mundial de 2002, fue titular en el Mundial de Alemania 2006, donde Brasil llegó a cuartos de final y él marcó un gol en la fase de grupos. En Sudáfrica 2010 también jugó, aunque nuevamente la “Canarinha” se quedó en cuartos, eliminada por Países Bajos. Participó en dos Copas Confederaciones ganadas por Brasil en 2005 y 2009, siendo el mejor jugador en esta última. Era un jugador capaz de coordinar el mediocampo con inteligencia, resistencia y talento para aparecer en momentos clave.
Sus lesiones lo frenaron en la segunda mitad de su trayectoria, especialmente en Madrid, pero es recordado como uno de los mejores mediocampistas ofensivos de su generación. Hoy, Kaká vive una vida más tranquila, dedicado a su fe, su familia y algunos proyectos fuera del futbol. Dejó huella no solo por lo que hacía con los pies, también como persona: educado, respetuoso y auténtico. Kaká es la imagen de un jugador que corría con la cabeza alta, el balón pegado al pie y una calma que transmitía confianza a todo su equipo.
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Referencias: