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El olfato: trastornos, picos y diferencias entre ellas y ellos

¿Qué es la anosmia?

Imagina que no percibes ningún aroma, ni siquiera el de tu perfume favorito. La anosmia es la pérdida del sentido del olfato, como si el mundo entero se hubiera quedado sin fragancias. Aunque suena como algo menor, en realidad puede cambiarte la rutina diaria de formas que ni te imaginas. Cada vez que respiras, las moléculas odoríferas entran por las fosas nasales y se enganchan en unas células que mandan una señal eléctrica al cerebro, que la interpreta y te dice “esto es lavanda” o “¡cuidado, huele a gas!”. El olfato nos alerta de peligros y nos proporciona placer.

La pérdida del olfato, en la mayoría de las ocasiones, surge de cosas muy comunes y cotidianas, como un resfriado o una infección que inflama todo y tapa el paso de las moléculas, igual que cuando se te congestiona la nariz y de repente todo sabe a nada. Otras causas son las alergias; un golpe fuerte en la cabeza que desconecta los nervios; o simplemente el paso del tiempo, pues con los años el olfato se va desgastando de forma natural, sobre todo después de los 50 o 60, algo que los especialistas llaman presbiosmia. Menos frecuente, pero existe, es la anosmia congénita, cuando alguien nace sin la capacidad de olor por razones genéticas, aunque es algo raro y afecta a muy poca gente.

Esta condición afecta la vida cotidiana. La comida, por ejemplo, pierde casi todo su encanto porque buena parte del sabor llega por el olfato. Así que un taco al pastor o un mole casero se convierten en algo sin gracia, y por eso algunas personas pierden el apetito, bajan de peso o, al revés, comen de más buscando placer por otros medios. Imagina no poder oler el humo de un incendio en casa, o el gas que se escapa de la estufa, o la leche que se echó a perder en el refri. Eso aumenta los riesgos de accidentes o intoxicaciones, y emocionalmente es duro porque los olores están ligados a recuerdos y emociones, como el perfume de un ser querido. Puede generar tristeza, aislamiento o incluso depresión en algunos casos, aunque no es lo mismo para todos, cada persona es diferente.

Si te pasa algo así, lo mejor es no dejarlo pasar y consultar a un otorrinolaringólogo, que es el especialista en nariz y garganta. Te harán una revisión física, te preguntarán cuándo empezó y cómo, y te harán pruebas y estudios especializados. La mayoría de las anosmias temporales se resuelven bien cuando se atiende la causa de fondo, y las células olfativas tienen una capacidad increíble de regenerarse. En los casos persistentes o sin cura, las personas usan otros sentidos y medidas de seguridad como detectores de humo y revisión de fechas de caducidad.

Fantosmia, parosmia y disgeusia: olores y sabores distorsionados

Estás en tu cocina, abres el refri, tomas un filete que comienzas a asar y en lugar de ese delicioso aroma a carne a la parrilla, te llega un hedor a azufre o a huevos podridos que te hace arrugar la nariz. O sales a pasear, te acercas a una flor que encuentras en el parque y en vez del dulce perfume, percibes un olor a basura. O todo el día sientes un sabor amargo en la boca, como si hubieras chupado un limón viejo, sin importar qué comas o bebas. Suena como una pesadilla. Pues eso es lo que les pasa a miles de personas en todo el mundo, y los científicos han estado tratando a muchísima gente con estos problemas de olores y sabores persistentes o distorsionados. Es un trastorno del sistema olfatorio y gustativo.

La fantosmia es cuando hueles algo que no está ahí, como un olor a humo o a quemado que te persigue todo el día sin razón aparente. La parosmia es la versión en la que los olores reales se tuercen y se vuelven desagradables; una rosa huele a podrido, el café a gasolina. Y luego está la disgeusia, que es cuando el gusto se altera y sientes siempre un regusto amargo, metálico o rancio en la boca, aunque no hayas comido nada.

Cuando algo sale mal, ya sea por una inflamación, un golpe en la cabeza o una infección, los receptores olfativos se confunden o se “reconectan” mal, como cables cruzados en un tablero eléctrico. El resultado es que el cerebro recibe señales raras y te hace oler basura donde no la hay o transformar un aroma agradable en algo asqueroso. Esto es muy molesto, pues afecta los sabores y el ánimo, porque ¿quién quiere oler a basura todo el día? Lo bueno es que buen porcentaje de personas se recupera total o parcialmente.

El pico del olfato ocurre en la mediana edad

El olfato alcanza su mejor momento en la mediana edad, entre los treinta y los cincuenta años, y luego, con el paso del tiempo, se va volviendo más sutil. Cuando eres joven, todo es intenso, desde el perfume hasta la comida. Pero los estudios muestran que el olfato no llega a su pico en la juventud; en realidad, se afina y madura hasta llegar a su mejor forma entre la tercera y la quinta década de la vida, es decir, en la mediana edad y empieza disminuir después de los setenta.

Durante el pico, disfrutas más un perfume o una comida. No es igual para todos, claro. Hay gente que lo nota menos porque su genética o su estilo de vida, como no fumar o evitar contaminantes, lo protege mejor. A medida que envejecemos, el olfato se desvanece poco a poco, haciendo que la comida sepa más sosa porque gran parte del “sabor” en realidad viene de lo que olemos, o que nos cueste más detectar peligros como humo de un incendio o gas de la estufa. Es como si el mundo perdiera un poco de color en su dimensión aromática.

Ahora, ¿por qué justo en la mediana edad y no antes o después? Pues porque antes, en la infancia y adolescencia, el sistema todavía se está desarrollando y aprendiendo a afinar sus respuestas, como un aprendiz que va ganando experiencia. Llega a su cumbre cuando el cuerpo ya ha madurado del todo, pero antes de que el desgaste empiece a notarse. Imagina que tu nariz es como un jardín, en la mediana edad está floreciendo con todas sus plantas en su punto, pero con los años algunas se marchitan, hay menos tierra fértil y el viento se lleva más fácil las semillas de los olores. El declive no es dramático, no ocurre de la noche a la mañana; es tan gradual que mucha gente ni se da cuenta.

Ellas detectan mejor los olores

En general, las mujeres captan los detalles olfativos con más nitidez que los hombres. La ciencia lo ha confirmado una y otra vez: en promedio, ellas nos superan en detectar e identificar los olores. Ahora, ¿por qué pasa esto? Las mujeres suelen tener, en promedio, alrededor de un 43% más de células en el bulbo olfatorio y hasta un 50% más de neuronas específicas para el olfato. Como si tuvieran una central telefónica un poquito más grande y con más líneas disponibles para manejar las llamadas de los olores. Imagina que el bulbo olfatorio es el centro de control de un aeropuerto, más personal significa que los aviones (los olores) aterrizan y se procesan con mayor eficiencia.

Desde hace millones de años, las hembras de muchas especies invierten muchísimo más en la reproducción: un óvulo al mes, nueve meses de embarazo, y luego años cuidando crías que nacen indefensas. Por eso, la teoría evolutiva sugiere que las mujeres desarrollaron un olfato más fino como una herramienta de supervivencia y selección, con el propósito de elegir pareja con buenos genes, detectar olores que indiquen salud o compatibilidad genética, y hasta proteger al bebé detectando toxinas o peligros en el ambiente mucho antes. También hay quien especula que parte de esta ventaja viene de los roles tradicionales, como más tiempo en la cocina, oliendo ingredientes.

La próxima vez que una amiga diga “¡huele raro!” es muy probable que tenga razón aunque sea solo ella quien lo percibe.

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Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (14 abril 2026). El olfato: trastornos, picos y diferencias entre ellas y ellos. Celeberrima.com. Última actualización el 14 abril 2026.