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¿Qué es el estornudo?
En una mañana de primavera, sientes un cosquilleo sutil en la nariz, como si un pelito te estuviera haciendo cosquillas por dentro, y ¡achú! Sale ese estornudo que te sacude todo el cuerpo. Pues bien, ese “achú” es una de las defensas más ingeniosas y rápidas que tenemos para mantener limpias las vías respiratorias. Un estornudo es un reflejo automático e involuntario en el que el cuerpo expulsa de golpe una ráfaga de aire a través de la nariz y la boca para deshacerse de cualquier cosa que esté irritando las delicadas membranas mucosas de adentro.
Cada vez que inhalas, entran partículas minúsculas: polvo de la calle, polen de los árboles, un poco de humo de un coche cercano, etc. Cuando alguna de esas cositas toca las membranas húmedas y sensibles que recubren el interior de tu nariz o la garganta, se activa una alarma nerviosa. El nervio trigémino, que es como el mensajero principal de la cara, capta la irritación y manda una señal rapidísima al centro del estornudo que está en la parte baja del cerebro, en el bulbo raquídeo. Desde ahí, el cerebro organiza una respuesta, primero tomas una inhalación profunda para llenar los pulmones de aire, luego cierras momentáneamente la garganta y las cuerdas vocales como si estuvieras sellando una puerta, y después contraes los músculos del pecho, el abdomen y el diafragma con mucha fuerza. El resultado es una explosión de aire que sale disparada a velocidades que pueden llegar hasta los 160 kilómetros por hora, llevándose por delante todo lo que estaba molestando.
Esto sucede en fracciones de segundo. Tus ojos se cierran automáticamente, por eso nunca estornudas con los ojos bien abiertos, la boca se abre de golpe y a veces hasta sueltas un sonido que suena como un pequeño trueno. Ese aire que sale limpia la nariz; también arrastra moco, saliva y las partículas irritantes, protegiendo tus pulmones de que nada malo se les cuele más adentro. Es como si tu cuerpo tuviera un sistema de limpieza de emergencia que dice: “¡Fuera de aquí, intrusos!”.
Ahora, ¿qué cosas suelen disparar este mecanismo? Las más comunes son las alergias, como cuando el polen flota en el aire y tu sistema inmune lo confunde con un enemigo, liberando sustancias como la histamina que inflaman la nariz y te hacen estornudar en cadena. También pasa con resfriados o gripes, donde los virus irritan las mucosas, o con irritantes cotidianos como el polvo de la casa, el aire seco del invierno, olores fuertes como el de la pimienta molida, perfumes intensos o hasta cambios bruscos de temperatura. Hay gente que estornuda al salir de un cuarto oscuro a plena luz del sol; eso se llama reflejo fótico y pasa porque el nervio que detecta la luz está muy cerquita del que controla los estornudos, y a veces se “cruzan las llamadas”.
El estornudo es una señal de que tu cuerpo está haciendo su trabajo. Rara vez indica algo grave y, de hecho, ayuda a prevenir infecciones más profundas porque expulsa gérmenes antes de que bajen a los pulmones. Claro, si estornudas mucho y con moco, puede ser molesto y hasta contagioso si estás enfermo, porque esas gotitas viajan por el aire. Por eso en muchas culturas, como la nuestra, decimos “¡salud!” cuando alguien estornuda, como una forma cariñosa de desearle que todo siga bien y que ese reflejo tan útil siga protegiéndolo.
El mito del estornudo como ráfaga supersónica
Un poquito de polvo, polen volando por ahí o hasta una bacteria que se coló sin invitación. Estornudas para expulsar todo lo que no debe estar ahí. Como una manguera de jardín a presión que barre la tierra de un camino embarrado. Ahora, sobre la velocidad que a veces se menciona, como si un estornudo fuera una ráfaga casi supersónica, hay leyendas urbanas y estimaciones antiguas que hablan de que el aire sale al 85% de la velocidad del sonido, algo así como 290 metros por segundo o 1044 kilómetros por hora, y se ha repetido en museos o charlas curiosas. Pero las mediciones, nos muestran que las gotitas y el flujo de aire en un estornudo típico alcanzan velocidades promedio de entre 2 y 5 metros por segundo en la mayoría de las partículas, con casos que pueden llegar hasta unos 16 metros por segundo en los momentos más intensos, dependiendo de la persona. Más que suficiente para lanzar esas partículas a varios metros de distancia.
Esa potencia crea un chorro que arrastra hasta 40000 partículas microscópicas, algunas tan pequeñas que flotan un rato en el aire antes de caer, y eso explica que cubrimos la boca al estornudar para no compartir bacterias con los demás.
Por qué abrimos la boca al estornudar
Justo detrás de las fosas nasales, donde entra el aire, hay un pasaje estrecho. Ese pequeño cuello de botella hace que cada inhalación sea un poquito más trabajosa de lo que sería si respiráramos por la boca. El aire se ve obligado a ralentizarse y a chocar contra las paredes y las estructuras internas, como los cornetes nasales. Esto calienta, humedece y limpia el aire antes de que llegue a los pulmones.
Ese mismo pasaje estrecho también complica un poco la percepción de los aromas. Las moléculas de olor tienen que navegar por ese laberinto apretado y llegar hasta la parte de arriba de la nariz, donde están las células especiales que las detectan, como si tuvieras que enviar un mensajero por un callejón angosto en vez de por una avenida ancha.
Ahora, cuando algo te irrita la nariz y el cuerpo decide expulsarlo con esa explosión de aire a toda velocidad, ese pasaje estrecho y lleno de recovecos no le da al aire una salida directa y fácil. Por eso, casi siempre abrimos la boca de forma natural, para darle al aire un camino alterno. Si por alguna razón intentamos estornudar con la boca bien cerrada, el aire se queda atrapado y explota hacia los rincones de la cabeza: senos paranasales, cavidades y, sobre todo, hacia las trompas de Eustaquio que conectan la nariz con los oídos. Esa presión repentina puede lastimar los tímpanos, causar dolor agudo o hasta una pequeña lesión.
Nuestra nariz filtra, huele y protege los pulmones, pero a cambio nos obliga a respirar con un poquito más de esfuerzo y a abrir la boca en los estornudos para no armar un lío adentro de la cabeza.
Síndrome ACHOO: por qué la luz te hace estornudar
Sales de un cine oscuro, parpadeando bajo el sol del mediodía, y de repente sientes ese cosquilleo familiar en la nariz que termina en un estornudo explosivo. No es alergia, ni un resfriado repentino. Lo que te pasa es el síndrome ACHOO, o más formalmente, el “estornudo fótico” o reflejo de estornudo inducido por la luz. La luz brillante que entra por tus ojos confunde a tu cerebro y lo hace creer que hay una irritación en la nariz, disparando el estornudo como un botón de emergencia.
Este fenómeno tiene un nombre larguísimo: Autosomal Dominant Compelling Helio-Ophthalmic Outburst. Traducido al pie de la letra sería algo como “estallido helio-oftálmico compulsivo autosómico dominante”, pero todo el mundo lo resume en ACHOO porque suena como el “¡achú!” que produce. Afecta, más o menos, a una de cada cuatro personas en el mundo, aunque las cifras varían un poco según los estudios y es más frecuente en personas de ascendencia europea. Lo que sí es seguro es que se hereda de forma dominante, es decir, si uno de tus papás lo tiene, tienes un 50% de probabilidades de haberlo recibido tú también, como quien hereda el color de ojos o la forma de la nariz.
Ahora, ¿por qué pasa esto? Cuando la luz intensa golpea tus ojos de repente, por ejemplo, al abrir la puerta de casa en un día soleado después de estar en la penumbra, el nervio óptico se activa a toda velocidad y manda la señal “¡luz brillante!” al cerebro. Pero justo al lado, compartiendo casi la misma vía, está el nervio trigémino, que es el que se encarga de detectar irritaciones en la nariz, la cara y la boca. En las personas con este síndrome, esas dos autopistas se cruzan un poquito, como cuando dos cables eléctricos se tocan y provocan un cortocircuito. El cerebro interpreta la luz como si fuera un polvo o un cosquilleo en la nariz y ordena el estornudo para “limpiar”.
Pero si sientes esa molestia típica en la nariz, basta con mirar hacia la luz para que el estornudo explote como un pequeño apocalipsis nasal. Este síndrome no te enferma, no te daña los ojos ni la nariz. Además, se conoce desde hace siglos. Aristóteles ya lo mencionaba en la antigua Grecia, preguntándose por qué algunos estornudaban al sol.
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Referencias:
- Ackerman, D. Una historia natural de los sentidos. Anagrama. 1990.
- La explicación científica detrás de algunas reacciones extrañas del cuerpo – Red de noticias de Mayo Clinic
- Estornudo: MedlinePlus enciclopedia médica
- Estornudo – Wikipedia, la enciclopedia libre
- What makes us sneeze? – WashU Medicine
- Photic sneeze reflex – Wikipedia
- Sneeze reflex | Britannica
- Frontiers | The sneeze reflex in physiological and pathological states: a mini review
- See how a sneeze can launch germs much farther than 6 feet | National Geographic
- What’s the Reason for Your Sneezin’? | URMC Newsroom
- Nasal cavity – Wikipedia
- ACHOO Syndrome – Medical Genetics Summaries – NCBI Bookshelf
- A genome-wide association study on photic sneeze reflex in the Chinese population | Scientific Reports
- Possible association between photic sneeze syndrome and migraine and psychological distress – Sasayama – 2019 – Neuropsychopharmacology Reports – Wiley Online Library