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Olfato materno: el vínculo invisible entre madres y crías

Cómo el olfato guía a las crías recién nacidas

El olfato actúa como un lazo invisible entre las madres y sus crías. Por ejemplo, un cangurito recién nacido sale al mundo después de apenas un mes de gestación, más chiquitito que un frijolito, sin pelito y totalmente ciego. Pero sin ver ni un rayito de luz, se las arregla para trepar por la panza de su mamá, abrirse paso entre el pelaje y llegar directo a uno de sus pezones solo siguiendo el olor, como si su naricita fuera un GPS infalible que los lleva hasta el alimento.

La mamá canguro, justo antes de dar a luz, se lame la panza desde la zona del parto hasta la entrada de su bolsa, dejando un rastro de saliva que huele intensamente, como si estuviera dibujando una autopista olfativa en su propio cuerpo. El cangurito sale gateando como un pequeño alpinista ciego y se impulsa usando ese aroma familiar que lo atrae como un imán. Es un viaje que dura solo unos minutos, pero para algo tan diminuto es como escalar el Everest: se aferra al pelaje, huele el camino y avanza sin parar hasta meterse en la bolsa donde va a crecer los próximos meses. Una vez ahí, se prende a uno de los cuatro pezones que tiene la mamá.

La bolsa de la mamá canguro funciona como un segundo útero, con temperatura perfecta, leche a la medida y protección total, y el cangurito se queda ahí, bebiendo y creciendo hasta que un día asoma la cabecita, curioso, y poco a poco empieza a explorar el mundo. Como una incubadora portátil que la mamá lleva siempre consigo.

El olfato es uno de los sentidos que madura más pronto y es el más confiable cuando naces ciego y vulnerable. Piensa en un perrito o un gatito recién nacido, también salen al mundo sin poder ver ni oír bien, pero su naricita los guía directo a la leche de su mamá, oliendo el aroma de la piel y la leche que les dice “¡aquí está la comida!”. En ratones, por ejemplo, estudios científicos han demostrado que los bebés usan el olor del líquido amniótico y de la leche de su mamá para localizar el pezón en cuestión de segundos. Lo mismo pasa en conejos, cerditos. La mamá libera olores que actúan como faros olfativos para que el recién nacido encuentre la leche.

Cómo la mamá foca encuentra a su cría en la playa

En una playa enorme, hay cientos de crías de foca chillando, gateando y amontonándose. De repente, llega nadando desde el mar una mamá foca que ha pasado horas o incluso días buscando comida. El problema es que todas las crías se ven parecidas, con sus cuerpitos regordetes, y el lugar está hecho un lío total. ¿Cómo rayos va a encontrar exactamente a la suya? El olfato actúa como un detector personalísimo que le permite a la madre reconocer a su cría entre la multitud, aunque no sea el único sentido que usa.

Las mamás focas no pueden quedarse todo el tiempo con sus crías. Mientras la cría espera en la playa, la madre sale al océano a cazar peces y calamares para recargar baterías y seguir produciendo leche. Al volver, lo primero que hace es orientarse con las voces, cada cría tiene un llanto único, como una firma sonora. Pero cuando ya está cerca, a unos metros, el olfato toma el relevo principal. La mamá se acerca y aspira profundamente. El olor le confirma la identidad de la cría, y dice de inmediato: “¡Este es el mío!”.

Como los perros que, en un parque lleno de gente, van directo a su dueño solo por el olor, ignorando a los demás. En las focas pasa algo parecido, pero es importantísimo porque su supervivencia depende de ello, cada gota de leche cuenta para que la foca bebé crezca fuerte. El olfato es parte esencial de un sistema de reconocimiento.

En especies como las focas antárticas, los estudios han mostrado que los perfiles de olores se parecen un poquito entre mamá y cría porque comparten algunos componentes genéticos, pero sobre todo es el contacto repetido lo que afina el reconocimiento, como cuando vas conociendo mejor el perfume de alguien después de abrazarlo muchas veces.

Gracias al olfato, la mamá foca regresa del mar y, con un simple husmeo, encuentra a su bebé entre la multitud, lista para seguir cuidándolo hasta que sea lo suficientemente grande para aventurarse solo en el océano.

Cómo la mamá murciélago encuentra a su cría

Una enorme y oscura cueva está llena hasta el tope de murciélagos, cuelgan de las paredes, zumban por el aire, con madres yendo y viniendo, y bebés chiquitos pegados por todos lados. Pues ahí, en medio de ese desorden, una mamá murciélago regresa de cazar insectos y, sin perder ni un segundo, va directo a su propio bebé. En la famosa Cueva Bracken en Texas, donde viven más de quince millones de murciélagos durante el verano, cada año nacen millones de crías. Las mamás murciélago salen a cazar. Cuando vuelven, usan la memoria espacial; la mamá sabe más o menos en qué rincón de la cueva dejó a su pequeño antes de salir. Luego, llama a su bebé con unas vocalizaciones especiales, como un “¡aquí estoy, mi amor!”. El bebé, cuando oye la llamada de su mamá, responde al instante: “¡mamá, estoy aquí!”.

Y cuando ya está cerca, a un metro o menos, usa el olfato. Las mamás murciélago tienen glándulas especiales en la cara, sobre todo una submandibular, y antes de salir a cazar frotan esa glándula contra el rostro del bebé, dejándole una marca de olor única, como si le pusieran un perfume personalizado que solo ella reconoce. El bebé también tiene su propio olor natural que varía un poquito de uno a otro. Su sentido del olfato afinadísimo les permite confirmar “sí, este es el mío”.

Cómo las madres reconocen el olor de sus hijos

Llega la tarde, una mamá saca de la mochila la camiseta del uniforme de su hijo después de un día de clases, educación física o incluso un campamento escolar, y de repente se mezcla con las de los hermanos o primos. Todas parecen idénticas, pero la mamá mete la nariz, da un par de olfateadas rápidas y separa la de tu hijo sin dudar un segundo. Lo que pasa es que cada persona tiene un “perfume corporal” único, como una huella dactilar. En los niños en edad escolar, este olor se va transformando poco a poco con el crecimiento, pero sigue llevando la firma. Como cuando reconoces la voz de tu hijo en medio de un montón de niños gritando en el parque, no necesitas verlo, tu mente ya tiene grabada su voz para siempre.

En un estudio, pidieron a 164 mamás que olieran las camisetas de algodón que sus hijos, de 0 a 18 años, habían usado para dormir una noche, después de ducharse con jabón sin aroma para que solo quedara el olor natural. Cada mamá olfateaba varias prendas idénticas: la de su propio hijo y las de cuatro niños desconocidos del mismo sexo y edad parecida. El resultado fue impresionante. Las madres identificaban correctamente el olor de su hijo. Los resultados superaban con creces lo que pasaría si adivinaran al azar. Muchas describían el olor de su propio hijo como más agradable o reconfortante.

Otro experimento clásico, hecho hace años por investigadores de la Universidad Estatal de Wayne en Estados Unidos con 25 familias que tenían hijos entre 6 y 15 años, usó el mismo truco de las camisetas: cada miembro de la familia durmió tres noches seguidas con una prenda limpia y sin perfume, y luego todos tenían que olerlas y decir de quién eran. Las mamás, en particular, acertaban al reconocer el olor de sus hijos con una precisión notable.

Los recién nacidos también reconocen a su mamá por el olor, su olfato es tan fino que supera al de los adultos en muchas cosas; detectan olores sutiles que nosotros ni notamos. Si la mamá abre la puerta y camina por el cuarto, su aroma viaja en el aire antes de que el bebé pueda enfocarla con los ojos. En experimentos, cuando depositan el olor de la mamá en el ambiente sin que ella esté visible, los bebés se calman, dejan de llorar, sonríen más y hasta se vuelven más sociables con otras personas. Es como si el aroma dijera “tranqui, aquí está”, y el chiquitín se relaja porque sabe que no está solo. Eso pasa porque desde el nacimiento los bebés aprenden a asociar ese aroma con comida, calor, abrazos y seguridad.

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Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (11 abril 2026). Olfato materno: el vínculo invisible entre madres y crías. Celeberrima.com. Última actualización el 11 abril 2026.