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Besos, narices y aromas: el olfato como lazo humano

Oler y besar son dos cosas que parecen tan diferentes, pero que en realidad se entretejen. El beso, en su esencia más simple, es eso que hacemos cuando presionamos o acercamos nuestros labios al cuerpo de alguien más: puede ser en la mejilla para saludar a un amigo, en la frente de un hijo o en los labios de la pareja. Es una forma natural de decir “te quiero” o “me alegra verte”. Nuestros labios están llenos de terminaciones nerviosas. Piensa en ellos como las yemas de los dedos, pero aún más delicados; cualquier roce envía un montón de señales al cerebro.

Una parte importante del acto de besar viene del olfato. Cuando dos personas acercan mucho sus caras, respiran y perciben los olores naturales del otro. Ese aroma personal, sutil y único, forma parte de la experiencia. No es que estemos como perros olfateando, sino que, sin darnos cuenta, estamos captando la esencia del otro. Es como cuando entras a la casa de tu mamá y el olor familiar te hace sentir en paz al instante; con un beso pasa algo parecido.

En muchas culturas alrededor del mundo, la idea del beso siempre ha estado ligada al olor. Por ejemplo, en lugares como Borneo, en partes de África occidental o en Birmania, hoy Myanmar, la palabra que usan para referirse al beso está conectada lingüísticamente con el verbo “oler” o “olfatear”. La forma en que describen el gesto enfatiza ese acercamiento del rostro para percibir el aroma del otro. De modo que besar es básicamente una manera afectuosa de olfatear a la persona querida, ya sean familiares, amigos o parejas. En muchas partes del mundo, besar se nombra precisamente como una forma tierna de oler y conectar con el aroma de quien queremos.

En unos lugares, lo normal es dar la mano, decir “hola” con palabras calurosas o dar un beso en la mejilla. Pero en otras culturas, el saludo implica usar el olfato, como si el olor mismo fuera una forma de decir “me alegra verte” o “te llevo conmigo”. Eso es justo lo que pasa con un gesto que se usa en ciertos grupos de Nueva Guinea para despedirse o saludarse. Una persona mete la mano en la axila de la otra, la saca y luego se frota esa mano en su propio cuerpo. Suena curioso, ¿verdad? Es como tomar prestado temporalmente el olor corporal de esa persona amiga, para llevar un pedacito de su presencia o de su recuerdo consigo. Es una manera de mantener la conexión, como si el aroma fuera un lazo invisible que no se rompe tan fácil cuando uno se aleja.

Esto no es algo aislado ni raro; forma parte de algo mucho más amplio que los antropólogos han observado en muchas sociedades alrededor del planeta. En lugar de que el saludo gire solo alrededor de tocarse las manos o hablar, en varios lugares el acto central es oler al otro. Imagina que en vez de extender la mano, acercas la nariz al rostro, a la mano o incluso al cuerpo de la persona, e inhalas su olor con calma. Para esa cultura, eso equivale a un saludo amistoso, respetuoso o lleno de cariño.

En distintas regiones de África, Oceanía y Asia, la gente hace exactamente eso, acercan la nariz al rostro o a la mano de alguien y respiran su aroma. En otras tradiciones, el saludo se centra en frotar o juntar las narices suavemente. Por ejemplo, en algunos pueblos de Oceanía, dos personas acercan sus narices y las presionan un poquito mientras inhalan el olor del otro. Algo parecido ocurre en ciertas costumbres del Ártico, donde se acerca la nariz o el labio superior a la piel de la persona querida y se respira su aroma con suavidad.

Piensa en el famoso “hongi” de los maoríes de Nueva Zelanda, ellos presionan narices y frentes, y comparten el aliento, como si intercambiaran el “ha” (el soplo de vida). O en el “kunik” de los inuit del Ártico, que a menudo se describe como presionar la nariz y el labio superior contra la mejilla o la frente de un ser querido para inhalar su olor.

En el fondo, todas estas formas culturales muestran cómo el olfato ha jugado un papel importante en las relaciones sociales de muchas sociedades. Gestos como frotar las narices, oler la mano de alguien o impregnarse del olor de un amigo son maneras de usar el sentido del olfato como un medio de comunicación. Es como si el aroma personal fuera una firma única que dice quién eres, cómo te sientes o qué conexión tienes con la otra persona. Es fascinante cómo el ser humano ha encontrado formas tan variadas y creativas de decir “estoy aquí contigo” o “te llevo en mí”, usando no solo palabras o toques, sino también el olfato.

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Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (09 abril 2026). Besos, narices y aromas: el olfato como lazo humano. Celeberrima.com. Última actualización el 09 abril 2026.