Te inclinas hacia esa violeta que crece casi escondida en el macetero, respiras hondo y de pronto te envuelve ese perfume tan especial: dulce y fresco. Pero espera, apenas unos segundos después, el olor se va volando, como si alguien hubiera apagado un interruptor. La flor sigue ahí, soltando su aroma al aire, pero para tu nariz es como si ya no existiera. Te alejas, tomas aire normal, quizás toses un poco o simplemente esperas, y cuando vuelves a acercarte… ¡el olor regresa! Tan potente como la primera vez. Es casi un juego.
¿Cuál es el secreto? Todo gira alrededor de unas moléculas llamadas iononas. Estas pequeñitas son las que viajan por el aire y llegan a la zona alta de tu nariz, donde están los receptores olfativos, como miles de interruptores diminutos esperando ser pulsados. Cuando las iononas tocan esos receptores por primera vez, se encienden, mandan la señal al cerebro y dices “¡qué rico huele esta violeta!”.
Lo que sucede es que las iononas no se conforman con activar los receptores; después de un ratito, empiezan a bloquearlos temporalmente. No los rompen ni los dañan, solo los apagan por un momento, como si les pusieran un candadito. La señal al cerebro se debilita muchísimo o se corta, y el aroma desaparece aunque la flor siga emanando moléculas.
Por eso se dice que las violetas tienen un perfume fantasmal o que juegan a las escondidas. No es que el olor se evapore de verdad ni que tú te hayas acostumbrado de forma general, eso pasa con muchos aromas, como cuando dejas de oler tu colonia después de media hora. Son las mismas moléculas del aroma de las violetas las que provocan el efecto. Si te alejas un poquito, respiras aire limpio, las iononas se desprenden, los receptores se despiertan de nuevo y listo, el olor vuelve a aparecer como si nada.
Algunos creen que este mecanismo sirve para no saturar a los polinizadores, como abejas o mariposas, y que sigan visitándola una y otra vez, porque cada acercamiento les da una ráfaga fresca de aroma. La próxima vez que veas una violeta haz la prueba, inhala, espera a que se esconda, aléjate unos pasos, regresa y disfruta de nuevo el aroma.
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Referencias: