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Vicente Guerrero: “La patria es primero”

Vicente Guerrero nació el 10 de agosto de 1782 en Tixtla, en el actual estado de Guerrero, en el seno de una familia dedicada principalmente a la arriería y a otras actividades relacionadas con el comercio y el trabajo en los caminos. Su trabajo como arriero le permitió recorrer buena parte de la accidentada geografía del sur de Nueva España y conocer de cerca caminos, pueblos y comunidades. Esa experiencia sería muy importante años después, cuando convirtió las montañas del sur en el escenario de una larga resistencia insurgente.

Cuando comenzó la guerra de Independencia en 1810, Guerrero se incorporó a la insurgencia y se integró a las fuerzas vinculadas con José María Morelos y Pavón. Bajo las órdenes de jefes como Hermenegildo Galeana, destacó por su capacidad militar y por su conocimiento del territorio. Durante los años siguientes participó en diferentes acciones y fue adquiriendo experiencia hasta convertirse en uno de los principales dirigentes insurgentes del sur. Después de la captura y ejecución de Morelos en 1815, la insurgencia atravesó uno de sus momentos más difíciles. Muchos combatientes aceptaron el indulto ofrecido por las autoridades virreinales, pero Guerrero decidió continuar la lucha. Entre 1816 y 1821 mantuvo la resistencia en las montañas del sur mediante una eficaz guerra de guerrillas, aprovechando el conocimiento que tenía de la región.

En esos años ocurrió una de las anécdotas más conocidas de su vida. Las autoridades virreinales intentaron convencerlo de abandonar las armas y, según la tradición histórica, su propio padre fue enviado para pedirle que aceptara el indulto. La escena habría sido especialmente difícil para Guerrero, porque se trataba de su padre y porque la oferta incluía la posibilidad de recuperar una vida tranquila y recibir beneficios. La respuesta que la tradición atribuye al insurgente quedó resumida en la célebre expresión “La patria es primero”, una frase que con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos asociados a su figura.

La situación cambió en 1820, cuando comenzó a abrirse la posibilidad de una solución política al conflicto. Agustín de Iturbide, hasta entonces oficial realista que había combatido a los insurgentes, inició contactos con Guerrero. Ambos tenían trayectorias y objetivos distintos, pero encontraron un punto de coincidencia en la necesidad de poner fin a la guerra y lograr la independencia. En 1821 se produjo su acercamiento, asociado tradicionalmente con el llamado Abrazo de Acatempan, y posteriormente ambos respaldaron el Plan de Iguala. El proyecto defendía la independencia, la religión católica y la unión entre los distintos grupos que componían la sociedad novohispana. De esta alianza surgió el Ejército Trigarante, cuya entrada en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 marcó la consumación de la Independencia.

La alianza con Iturbide, sin embargo, no significó que Guerrero compartiera su proyecto político posterior. Cuando Iturbide se convirtió en emperador, Guerrero se mostró contrario al régimen monárquico y se inclinó por la organización republicana. Después de la caída del Imperio, participó en la vida política de la nueva República y ocupó diferentes responsabilidades. En las elecciones presidenciales de 1828 obtuvo menos votos que Manuel Gómez Pedraza. Sin embargo, el resultado fue desconocido en medio de una fuerte crisis política y del levantamiento conocido como Motín de La Acordada. Posteriormente, el Congreso designó a Guerrero como presidente, por lo que su llegada al poder estuvo marcada desde el principio por una importante controversia política.

Guerrero tomó posesión de la Presidencia el 1 de abril de 1829 y su gobierno duró apenas unos meses. Su administración tuvo que enfrentar enormes dificultades políticas, económicas y militares. Uno de los acontecimientos más importantes fue el intento español de reconquistar México encabezado por el brigadier Isidro Barradas. El gobierno mexicano organizó la defensa y las fuerzas dirigidas por Antonio López de Santa Anna y Manuel de Mier y Terán contribuyeron a derrotar a los invasores en la campaña de Tampico. Al mismo tiempo, Guerrero tuvo que enfrentarse a una creciente oposición política que finalmente desembocaría en la rebelión encabezada por su vicepresidente, Anastasio Bustamante.

Uno de los actos más importantes de su breve gobierno ocurrió el 15 de septiembre de 1829, cuando Guerrero promulgó un decreto que establecía: “Queda abolida la esclavitud en la república” y declaraba libres a quienes hasta entonces eran considerados esclavos. El decreto también contemplaba la posibilidad de indemnizar a los propietarios cuando las circunstancias del erario lo permitieran. En particular, en la región de Coahuila-Texas existieron fuertes resistencias de propietarios de personas esclavizadas, y la cuestión de la esclavitud continuó siendo un problema político durante los años siguientes.

La abolición fue, sin embargo, un acto de enorme importancia histórica. México había desarrollado desde la etapa insurgente una tradición política que cuestionaba la esclavitud y las diferencias jurídicas heredadas del orden colonial. Morelos ya había decretado su abolición en 1813, y las ideas de libertad e igualdad formaron parte de las reivindicaciones de la insurgencia. El decreto de Guerrero de 1829 convirtió esos principios en una disposición nacional durante el periodo republicano.

La presidencia de Guerrero terminó en medio de una nueva crisis. Anastasio Bustamante y sus partidarios se levantaron contra el gobierno, y Guerrero abandonó la capital para dirigirse nuevamente hacia el sur. El Congreso declaró su incapacidad para gobernar y, tras su derrota política y militar, regresó a la región de Tixtla y posteriormente se internó en las montañas. Sus adversarios, sin embargo, continuaron persiguiéndolo. En enero de 1831 fue capturado después de aceptar una invitación a bordo del bergantín italiano Colombo, cuyo capitán, Francisco Picaluga, lo traicionó y lo entregó a sus enemigos. La captura fue resultado de una conspiración política y, según las fuentes históricas, Picaluga recibió una importante suma de dinero por entregar al antiguo presidente.

Guerrero fue sometido a un juicio sumario y condenado a muerte. El 14 de febrero de 1831 fue fusilado en Cuilapan, Oaxaca, a los 48 años. Su muerte puso fin a la vida de uno de los dirigentes que habían participado prácticamente en todas las etapas decisivas de la lucha insurgente: desde los años de Morelos, pasando por la resistencia posterior a 1815, hasta la consumación de la Independencia y los primeros años de la República. En 1849 se creó el estado de Guerrero, que recibió ese nombre en su honor.

Vicente Guerrero pasó de ser un arriero del sur novohispano a convertirse en jefe insurgente, protagonista de la consumación de la Independencia y presidente de México. Su vida estuvo marcada por la desigualdad de la sociedad colonial, la guerra, la resistencia y las luchas políticas de los primeros años de la nación independiente. Mantuvo viva la insurgencia cuando parecía derrotada, participó en el acuerdo que hizo posible la consumación de la Independencia y, ya como presidente, decretó la abolición de la esclavitud.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (20 septiembre 2026). Vicente Guerrero: “La patria es primero”. Celeberrima.com. Última actualización el 20 septiembre 2026.