Hoy desperté con ganas de vacacionar en las mejores playas del mundo, comprar una casa en Nueva York, otra en Roma y una tercera en Bilbao. En realidad, no había despertado, seguía soñando. El problema es que solo tengo presupuesto para ir al cine. Nuestros deseos pueden ser muchos y grandes, pero los recursos que tenemos disponibles son limitados. La escasez es uno de los conceptos más importantes de la economía.
Hay escasez porque tenemos deseos prácticamente infinitos, mientras que los recursos disponibles son limitados. Queremos más comodidad, mejor tecnología, viajes, entretenimiento, buena comida, seguridad, salud y tiempo libre, pero no es posible producir en cantidades ilimitadas. La tierra, el agua, los minerales, la energía, la mano de obra, etc., son limitados. Por su parte, la economía estudia cómo administrar los recursos escasos: qué producir, cómo producirlo y para quién hacerlo.
La limitación de los recursos tiene varias causas. El petróleo, por ejemplo, tardó millones de años en formarse bajo la superficie terrestre y, aunque todavía existen grandes reservas, no es un recurso infinito. Algo similar ocurre con el agua dulce, aunque el ciclo del agua la renueva, la contaminación, el cambio climático y el consumo excesivo provocan escasez en muchas regiones; en distintas regiones, por ejemplo, las sequías prolongadas han convertido el acceso al agua en un problema cada vez más serio. El mundo enfrenta actualmente una creciente escasez de arena útil para la construcción; la arena del desierto, moldeada por el viento durante miles de años, es demasiado lisa para fabricar concreto resistente, por eso la industria necesita arena de ríos y playas, cuya extracción masiva ha generado problemas ambientales y las llamadas mafias de la arena.
Pero la escasez también surge porque nuestras expectativas cambian constantemente. Hace apenas unas décadas, pocas personas imaginaban tener un teléfono inteligente con cámara, internet y aplicaciones para todo. Hoy millones consideran indispensable contar con uno de los más recientes modelos. A medida que aumentan las necesidades y los deseos, los recursos que antes parecían abundantes empiezan a ser insuficientes.
Minerales como el neodimio y el disprosio, esenciales para teléfonos inteligentes, baterías y autos eléctricos, existen en distintos lugares del planeta, pero su extracción está concentrada en pocos países y suele ser muy contaminante. Un conflicto político o comercial puede provocar escasez de componentes tecnológicos.
Muchas veces se trata de una escasez relativa, en otras palabras, hay suficiente para algunas personas, pero no para todos los que desean el bien al mismo tiempo o al mismo precio. Esto ocurre cuando se agotan rápidamente los boletos para un concierto o cuando ciertos productos suben de precio fuera de temporada. En invierno, las fresas, por ejemplo, son más caras, lo que sucede es que producirlas requiere más energía, agua e infraestructura, esto eleva su costo, limitando su adquisición para muchas personas.
La historia ofrece algunos ejemplos extremos de lo que sucede cuando la escasez se agrava. Después de la Segunda Guerra Mundial, Hungría sufrió una de las peores hiperinflaciones registradas. La destrucción de infraestructura y la falta de bienes básicos provocaron tal escasez que los precios llegaron a duplicarse en cuestión de horas. El dinero perdió tanto valor que el gobierno tuvo que imprimir billetes con cifras gigantescas para intentar mantener funcionando la economía.
Otra cuestión es la Paradoja de Jevons o efecto rebote, la cual sostiene que cuando un recurso se vuelve más eficiente y barato de utilizar gracias a la tecnología, en lugar de disminuir su consumo total, muchas veces ocurre lo contrario, la gente lo usa todavía más. Por ejemplo, si los automóviles consumen menos gasolina, conducir se vuelve más económico y algunas personas terminan usando más el coche, aumentando, en consecuencia, el consumo total de combustible.
La percepción humana también influye en la escasez, por ejemplo, durante la crisis sanitaria de 2020, muchas personas comenzaron a comprar grandes cantidades de papel higiénico y otros productos básicos por temor a que se agotaran. En muchos lugares la escasez inicial no fue causada por problemas graves de producción, sino por la preocupación por una posible falta de productos.
En el siglo XIX, el aluminio era más valioso que el oro. Era escaso, pero no porque fuera raro en la naturaleza, sino porque todavía no existían métodos eficientes para extraerlo y separarlo. Se dice que el emperador Napoleón III reservaba cubiertos de aluminio para sus invitados más importantes, mientras que los menos distinguidos debían conformarse con cubiertos de oro.
Incluso en la naturaleza se identifican fenómenos relacionados con la escasez de los recursos, por ejemplo, el principio de exclusión competitiva, que explica que dos especies no pueden competir indefinidamente por exactamente el mismo recurso limitado dentro del mismo ecosistema. Si esto ocurre, una de las especies terminará desplazando a la otra o ambas deberán adaptarse para sobrevivir utilizando recursos diferentes. La escasez influye en la evolución.
La realidad es que todos los días experimentamos la escasez: los asientos del transporte público en hora pico, los empleos mejor pagados, créditos para comprar una casa o los lugares en las mejores universidades. Cada vez que usamos tiempo, dinero o cualquier recurso en algo, renunciamos automáticamente a otra posibilidad. Sí, es el costo de oportunidad. Si compras un nuevo celular, quizá debas posponer unas vacaciones; si un gobierno destina más presupuesto a carreteras, tendrá menos recursos para hospitales o educación.
Sin embargo, la escasez también impulsa la creatividad y la innovación para aprovechar mejor los recursos disponibles. Para combatir la escasez debemos evitar desperdicios, valorar los recursos naturales y apoyar soluciones como la economía circular, las energías renovables o formas más eficientes de producir alimentos.
Referencias: