Vamos a hablar del Mundial de 1934, que se jugó en Italia, la segunda Copa del Mundo de la historia, justo después de la primera en Uruguay en 1930. Fue un torneo que estuvo envuelto en un contexto político bastante pesado, pero al mismo tiempo mostró cómo el fútbol ya empezaba a volverse algo gigante a nivel global.
En 1930, el primer Mundial había sido por invitación, la FIFA mandaba las tarjetas y quien podía viajar iba. Pero para 1934 el interés explotó. ¡Treinta y dos países quisieron participar! Así que inventaron por primera vez un proceso de clasificación para elegir a los 16 que llegarían a la fiesta final. Imagínate la emoción, de repente el Mundial era algo por lo que había que pelear un boleto. Y aquí viene algo curioso y único en toda la historia de los Mundiales: Italia, que era el país anfitrión, también tuvo que clasificar. Sí, leíste bien, no le dieron el pase automático por ser los anfitriones. Jugaron contra Grecia, les ganaron 4-0 y Grecia se retiró del partido de vuelta, pero el punto es que fue la única vez que pasó eso. En todos los demás Mundiales el anfitrión entra directo.
El torneo duró del 27 de mayo al 10 de junio, y desde el primer partido fue eliminación directa, nada de grupos, nada de segundas oportunidades. Si perdías, te ibas a casa inmediatamente, como cuando en un partido de fut con amigos alguien pierde y ya no hay más esa tarde. Eso ponía una tensión tremenda en cada encuentro, porque no había margen para errores. Participaron 16 equipos: doce de Europa, tres de América y uno de África, este último fue Egipto, que hizo historia al convertirse en el primer país africano en jugar un Mundial. Uruguay, que había ganado la edición de 1930 y era el campeón defensor, decidió no ir. Fue una protesta porque en su Mundial muy pocos equipos europeos habían viajado. Es la única vez en la historia que el campeón vigente no defendió su título.
Los partidos se jugaron en ocho ciudades italianas: Roma, Milán, Turín, Nápoles, Florencia, Bolonia, Génova y Trieste. En total hubo 17 encuentros, porque algunos empates se resolvieron con replay, se anotaron 70 goles, un promedio de más de 4.12 anotaciones por partido, ¡imagina el espectáculo! y asistieron unas 363 mil personas en total. Hubo goleadas memorables, como el 7-1 que Italia le metió a Estados Unidos en octavos.
La final fue el 10 de junio en el Estadio Nacional en Roma, con unos 55 mil espectadores. Italia contra Checoslovaquia. Los checos se adelantaron en la segunda mitad, pero los italianos empataron y en el tiempo extra Angelo Schiavio metió el gol del triunfo: 2-1. ¡Italia era campeona del mundo por primera vez! Y también era la primera vez que un equipo europeo levantaba la copa.
Ahora, detrás de todo esto había un trasfondo político. Benito Mussolini, el dictador fascista que gobernaba Italia, vio en el Mundial una oportunidad perfecta para vender al mundo una imagen de una Italia poderosa, moderna y organizada. Construyeron estadios, prepararon todo con bombos y platillos, y usaron el torneo como una gran vitrina de propaganda. Hay relatos de que Mussolini presionó mucho para que Italia ganara, y circularon rumores de que algunos arbitrajes fueron dudosos o favorables a los locales, aunque no hay pruebas contundentes de amaños. Lo que sí es claro es que el equipo italiano era muy bueno, tenían una generación talentosa, dirigida por Vittorio Pozzo, un técnico que imponía mucha disciplina y un estilo ordenado. Además, las reglas de esa época permitían usar oriundi, es decir, jugadores de origen italiano que nacieron o jugaban en otros países sudamericanos. Así llegaron a la Azzurra figuras como Luis Monti, que había jugado la final de 1930 con Argentina, el único jugador en la historia que disputó dos finales con selecciones distintas; Raimundo Orsi, quien metió gol en la final; Enrique Guaita, héroe en semifinales contra Austria; y Anfilogino Guarisi, brasileño de nacimiento. Esos refuerzos fueron clave para armar un equipo competitivo. A pesar de las controversias políticas, nadie puede quitarle a Italia que jugó bien y mereció el título.
El torneo también dejó otras curiosidades. Fue el primero con un balón oficial para todo el campeonato, el Federale 102, hecho en Italia con 13 paneles de cuero cosidos a mano. No era tan redondo y perfecto como los de ahora, se parecía un poco más a un balón de rugby viejo, pero era el primero en estandarizarse, en vez de que cada equipo llevara el suyo como en 1930.
El Mundial de 1934 fue el momento en que se implementaron las clasificatorias y, lamentablemente, también con asuntos políticos de fondo. Pero en el centro seguía estando esa pasión que nos hace vibrar cuando la pelota rueda, y al final Italia celebró en casa con su primer título.
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