Estoy decidiendo qué voy comprar en el súper con el presupuesto de la semana. ¿Llevo aguacates o algo más barato para estirar el dinero? Esta decisión cotidiana la enfrentan millones de personas y empresas, y es lo que estudia la microeconomía, la economía vista con un microscopio. En lugar de observar el panorama general de un país entero, la microeconomía se enfoca en las decisiones individuales que toman las personas, familias y empresas, y cómo estas interactúan en los mercados.
En otras palabras, la microeconomía analiza cómo tomamos decisiones cuando los recursos son escasos. Nunca hay suficientes recursos para satisfacer todos nuestros deseos sin fin, así que siempre hay que elegir. Cedemos tiempo por dinero, o dinero por tiempo. Por ejemplo, un joven que debe decidir entre gastar su sueldo en un nuevo teléfono o ahorrarlo para un viaje, él está haciendo una elección. Las empresas también realizan elecciones, por ejemplo, un restaurante que evalúa subir el precio de la comida porque la carne está más cara u ofrecer paquetes más baratos para atraer más clientes.
En el corazón de esto se encuentra el modelo de oferta y demanda. Si, de repente, todo el mundo quiere un producto porque vieron un video viral, la demanda sube. El vendedor puede subir un poco el precio y aun así vender más, o vender más unidades del producto para aprovechar. Pero si el precio de una de las materias primas sube mucho, quizás ofrezca otro producto que sea más barato. Lo que la gente quiere comprar y lo que los productores están dispuestos a ofrecer determinan los precios que vemos en las tiendas, los restaurantes o las apps de entrega.
La microeconomía también estudia el comportamiento de los consumidores. ¿Por qué a veces cambiamos de marca de refresco cuando sube de precio, pero seguimos comprando el mismo café aunque aumente su precio? Algunos bienes son muy sensibles al precio, y otros no tanto. Entender esto ayuda a predecir cómo reaccionaremos ante cambios, como un aumento de impuestos, una oferta o una promoción.
En cuanto a las empresas, la microeconomía estudia cómo deciden qué producir, cuánto y a qué costo. Cuando una empresa calcula si vale la pena comprar una máquina que produzca más rápido, se consideran conceptos como los costos de producción, los beneficios y la competencia. En un mercado con muchos competidores, los precios tienden a ser más bajos porque todos compiten por clientes. Pero si hay un monopolio, como una sola empresa que controla el servicio de internet en una zona, las cosas cambian, los precios pueden ser más altos y la calidad regular o mala. Incluso existe el Índice de Herfindahl-Hirschman para medir la concentración de un mercado; una puntuación cercana a 10000 puntos alerta a los gobiernos que una sola empresa tiene el control absoluto de los precios.
Las externalidades es otro asunto que aborda la microeconomía. Cuando una fábrica contamina un río para producir más barato, afecta a los pescadores y a las familias que viven cerca, aunque ellos no participaron en la decisión. La microeconomía ayuda a pensar en soluciones, como impuestos a la contaminación o incentivos para que las empresas sean más limpias.
La microeconomía nos da herramientas para entender cómo tomamos decisiones, por qué tu jefe ajusta los horarios o por qué un gobierno subsidia ciertos productos. Por ejemplo, la microeconomía nos permite entender el fenómeno muy poco común de los Bienes Giffen, como las papas en la hambruna de Irlanda, cuya demanda aumentaba cuando su precio subía, porque los consumidores eran tan pobres que no podían pagar la carne y compraban más papas, aunque subieran de precio. Otro fenómeno que se puede analizar con los principios de la economía es el caso son los Bienes Veblen, como los diamantes, los relojes de lujo o la ropa de alta costura, los cuales son más atractivos para el consumidor precisamente porque son caros, las personas los adquieren para demostrar estatus. Uno de los debates más antiguos resueltos por la microeconomía es por qué el agua, que es vital para vivir, es barata, mientras que los diamantes, que son superfluos, son carísimos; la microeconomía lo explica mediante la utilidad marginal, enunciando que el valor de las cosas depende de la satisfacción que nos da consumir una unidad adicional de algo que es escaso.
La microeconomía también se ha utilizado para analizar el emparejamiento —Matching Theory—, este enfoque fue desarrollado por Alvin Roth y Lloyd Shapley, y utiliza las leyes de la oferta y la demanda para explicar cómo las personas eligen pareja en las aplicaciones de citas. También existen aplicaciones polémicas, por ejemplo, la discriminación de precios, que ocurre cuando las aerolíneas o plataformas de comercio electrónico usan algoritmos para calcular cuánto es lo máximo que estás dispuesto a pagar y te cobran ese precio a ti, diferenciándolo del de los demás.
Una de las grandes críticas es que, durante décadas, los modelos de la microeconomía han asumido que tomamos decisiones racionales, sin embargo, las decisiones se ven influidas por sesgos cognitivos, emociones y presión social.
Referencias: