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El olfato en la literatura: aromas que despiertan emociones

Los olores han sido protagonistas en la literatura a lo largo de los siglos. Los aromas no solo nos hacen recordar momentos o personas, sino que en las páginas de los libros pueden convertirse en una forma de expresar las emociones, como el amor o la obsesión, de una manera que toca nuestros sentidos. Piensa en un poema de amor antiguo, uno de los más famosos y apasionados que se conocen: el Cantar de los Cantares, que la tradición ha ligado a Salomón. Este texto, que forma parte de la Biblia, describe la atracción entre dos amantes con un lenguaje lleno de imágenes sensoriales, y entre ellas destacan muchísimo las relacionadas con los olores.

El autor describe a la amada comparándola con un jardín repleto de fragancias exquisitas. Menciona la mirra, el nardo, el azafrán, el incienso, el áloe, la caña aromática y la canela, entre otras especias y perfumes. Es como si el amor se respirara. Por esa razón, mucha gente dice que este poema es uno de los más aromáticos de toda la literatura; los olores no son un detalle cualquiera, sino el corazón mismo de cómo se expresa el deseo y la belleza.

Ahora, saltemos muchos siglos hacia adelante, hasta 1985, cuando el escritor alemán Patrick Süskind publicó su novela El perfume: La historia de un asesino. Esta obra toma el sentido del olfato y lo pone en el centro de la historia, casi como si fuera el único sentido que importara. El protagonista se llama Jean-Baptiste Grenouille, y su vida gira completamente alrededor de los olores. Lo más curioso y paradójico de él es que no tiene ningún olor corporal, nadie puede olerlo, y esto es como si fuera invisible para los demás, pero al mismo tiempo posee un sentido del olfato tan extraordinario que puede distinguir, recordar y analizar miles de aromas con una precisión que parece sobrehumana. Para Grenouille, si algo no huele, prácticamente no existe; es como si el mundo sin fragancias fuera un lugar vacío y sin sentido, parecido a cuando ves una película en blanco y negro después de haberte acostumbrado al color, la conclusión es que le falta vida, lo mismo sucede cuando no hay aromas.

Esta forma tan especial de percibir todo lo que lo rodea lo lleva a una obsesión que crece con el tiempo: quiere capturar la esencia aromática de las cosas, guardarlas como si fueran tesoros. Con el tiempo aprende el oficio de perfumista y se lanza en la búsqueda de un perfume perfecto, uno que le dé un poder casi mágico sobre las personas que lo huelen. Mientras que cada uno de nosotros tiene su propio “sello olfativo” —ese olor característico que forma parte de nuestra identidad, como el aroma familiar de la ropa de alguien que queremos o el perfume que usamos todos los días—, Grenouille carece completamente de ese detalle. Eso lo convierte en una figura extraña, casi marginal, alguien que pasa desapercibido para los demás, como si fuera un fantasma que nadie nota del todo porque no deja huella en el aire.

Otro ejemplo es el libro clásico de J.M. Barrie titulado Peter and Wendy, que es el título original completo de la historia de Peter Pan de 1911. En ella, los niños pueden oler el peligro incluso mientras duermen.

Wendy está cuidando a los chiquillos en la laguna de las sirenas. Ellos se han quedado dormiditos después de comer, y el ambiente se pone tenso porque algo se acerca por el agua. Cualquier adulto normal habría despertado a todo el mundo de inmediato, gritando “¡arriba, hay peligro!”, pero Wendy decide dejarlos dormir un ratito más porque cree que seguir las reglas de la siesta es lo correcto. Es un gesto de puro coraje, ella se queda ahí parada, con el corazón en la boca, oyendo los remos que se acercan.

Pero entre esos niños hay uno que no necesita que lo zarandeen ni que le griten. Peter, el eterno niño que se niega a crecer, puede oler el peligro incluso dormido. Se levanta de un brinco y con un solo grito alerta a los demás para que se preparen. No es que literalmente esté olfateando el aire con la nariz mientras ronca; es una forma poética de decir que su intuición es natural. Peter no es un niño común, siempre está listo para la acción, sus sentidos están a todo volumen. Nunca Jamás es un sitio donde hasta el sueño te mantiene vivo y listo para volar.

Lo que tienen en común estos ejemplos es cómo la literatura usa los olores para hablarnos de cosas muy humanas. Nuestro olfato puede ser la puerta a emociones intensas y a mundos ficticios.

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Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (08 abril 2026). El olfato en la literatura: aromas que despiertan emociones. Celeberrima.com. Última actualización el 12 abril 2026.