Imagina que estás disfrutando de unos tacos al pastor o un mole con todos sus aromas. Cuando le das la primera mordida, lo que realmente hace que explote en tu boca no es solo lo que captan tus papilas gustativas en la lengua. Gran parte de la magia viene del olfato, los aromas viajan por la nariz hasta unos receptores en la cavidad nasal. Se estima que entre el 80 y el 90 por ciento de lo que percibimos como sabor depende precisamente de esos olores. Por eso, cuando te resfrías y la nariz se tapa, todo sabe a cartón, los alimentos se vuelven casi insípidos, aunque la lengua siga detectando lo dulce, salado, ácido o amargo.
Pues algo muy parecido les pasa a los astronautas cuando están allá arriba, flotando en una nave o en la Estación Espacial Internacional. En la Tierra, la gravedad actúa como un imán constante que hala los fluidos de nuestro cuerpo hacia abajo, haciendo que parte de la sangre y otros líquidos se acumulen más en las piernas. Pero en el entorno de microgravedad, esa fuerza desaparece por completo. Entonces, los fluidos se desplazan libremente hacia la parte superior del cuerpo. Esto provoca una hinchazón en la cara, a los astronautas se les ve la cara más redonda e hinchadita, como después de una noche de poco sueño.
Muchos astronautas describen esta sensación exactamente como si tuvieran un resfriado leve o una alergia persistente, la nariz se siente tapada, hay presión en la cabeza y los aromas de los alimentos no viajan tan bien hasta los receptores olfativos. Como consecuencia, los sabores se perciben más débiles, igualito que cuando estás enfermo aquí en la Tierra y la comida te sabe a nada. A este fenómeno se le conoce coloquialmente como el space cold o congestión nasal espacial. También se asocia con las “piernas de pájaro”, porque las piernas se ven más delgadas al perder volumen. Esta congestión suele ser más intensa al inicio de la misión y tiende a mejorar.
Ahora, piensa en lo importante que puede ser esto para una misión espacial. Los astronautas necesitan comer lo suficiente para mantener su energía, su masa muscular y su salud general en un entorno donde ya de por sí el cuerpo trabaja extra. Si la comida les parece sosa y poco atractiva, podrían terminar comiendo menos de lo necesario, lo que sería un problema serio para misiones largas. Por eso, los especialistas que diseñan los menús para la NASA y otras agencias espaciales ponen mucho cuidado en hacer que los platillos sigan siendo apetitosos a pesar de esta congestión nasal.
Una estrategia común y efectiva es recurrir a condimentos más intensos: especias fuertes, salsas picantes, rábano picante, etc. El picor y las sensaciones fuertes se perciben incluso cuando la nariz está un poco congestionada, porque estimulan otros nervios en la boca. En vez de un guiso suave, se agrega un toque de salsa que despierte la boca. De hecho, platos como el cóctel de camarones con salsa picante han sido favoritos precisamente por esa razón. Los menús actuales incluyen una variedad amplia de estas opciones para que los astronautas puedan mantener el interés en la comida.
Los aromas y sabores se vuelven un desafío allá arriba, pero gracias a un poco de creatividad en la cocina espacial, y a esas botellitas de salsa picante que viajan con ellos, los astronautas logran seguir disfrutando de sus comidas y manteniéndose bien nutridos mientras exploran el cosmos. Justo ahora me dan ganas de probar un taco bien picante.
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Referencias:
- When It Comes to Living in Space, It’s a Matter of Taste | Scientific American
- Astronauts don’t eat enough because food tastes bland in space. We’re trying to work out why
- Just how much of what we taste derives from the sense of smell? | Flavour | Springer Nature Link
- Effect of spaceflight on the human body – Wikipedia
- Microgravity-Induced Fluid Shift and Ophthalmic Changes
- An Eye on Long-Term Space Flight | American Scientist