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Gómez Farías: reformas liberales y federalismo

Valentín Gómez Farías fue médico de profesión y un liberal convencido, dedicó buena parte de su vida a combatir lo que consideraba los obstáculos que impedían la modernización de México. Nació el 14 de febrero de 1781 en Guadalajara, entonces perteneciente al Virreinato de la Nueva España, y estudió medicina en la Universidad de Guadalajara. Después de graduarse, ejerció su profesión y se estableció en Aguascalientes, donde además de atender a sus pacientes comenzó a participar en la vida pública. Allí fue regidor del ayuntamiento y empezó a construir la trayectoria política que lo convertiría en una de las figuras fundamentales del primer liberalismo mexicano.

La transformación de Gómez Farías en político ocurrió en un periodo extraordinariamente convulso. La lucha por la independencia, iniciada en 1810, cambió por completo el panorama de Nueva España, y Gómez Farías terminó vinculándose con las ideas que defendían una mayor representación política y la transformación de las estructuras heredadas del régimen colonial. En las Cortes españolas fue elegido diputado durante el periodo constitucional posterior a la restauración de la Constitución de Cádiz, aunque no debe confundirse esta participación con haber sido diputado de las Cortes de Cádiz originales reunidas entre 1810 y 1814. Después de la consumación de la independencia, en 1821, Gómez Farías participó en la construcción política del nuevo país. En un principio llegó a apoyar, junto con otros diputados, la posibilidad de que Agustín de Iturbide asumiera el trono de una monarquía constitucional, pero cambió de posición cuando Iturbide disolvió el Congreso en 1822. A partir de entonces se convirtió en un firme defensor de la república y, sobre todo, del federalismo.

Su importancia aumentó durante el Congreso Constituyente de 1823-1824, encargado de establecer las bases de la primera República Federal. Gómez Farías fue uno de los principales defensores del sistema federal, que buscaba otorgar a los estados un margen importante de autonomía. La Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824 estableció precisamente una república representativa, popular y federal, y Gómez Farías participó en ese proceso. Posteriormente fue senador por Jalisco y llegó a presidir el Senado. Su figura quedó asociada desde entonces con la defensa de las instituciones republicanas.

Sin embargo, el momento decisivo de su carrera llegó en 1833. Ese año Antonio López de Santa Anna fue elegido presidente y Gómez Farías vicepresidente. Santa Anna se ausentó repetidamente del ejercicio cotidiano del gobierno, alegando problemas de salud o atendiendo conflictos militares, y el vicepresidente quedó encargado del Poder Ejecutivo. Como consecuencia, Gómez Farías ocupó la Presidencia de México en cinco ocasiones distintas entre 1833 y 1847. Esto no significa que hubiera ganado cinco elecciones presidenciales: en cada caso llegó al Ejecutivo en su calidad de vicepresidente encargado de la Presidencia durante las ausencias de Santa Anna.

Durante sus gobiernos de 1833 y 1834 impulsó un ambicioso programa de reformas que buscaba reducir los privilegios de la Iglesia y del Ejército, fortalecer al gobierno civil y transformar la educación. Con el apoyo intelectual de liberales como José María Luis Mora, promovió medidas para eliminar la coacción civil que obligaba al pago del diezmo, facilitar la secularización de la enseñanza, limitar los fueros y reorganizar el sistema educativo. También se establecieron nuevos centros de enseñanza, entre ellos instituciones dedicadas a las ciencias médicas. Estas reformas suelen considerarse un antecedente directo de las reformas liberales que triunfarían décadas después.

El programa reformista provocó una fuerte reacción entre sectores conservadores, miembros del clero y grupos militares que consideraban amenazados sus privilegios. El conflicto se expresó en el pronunciamiento de Cuernavaca de 1834, cuyo lema de “Religión y Fueros” resumía buena parte de la oposición a las reformas. Santa Anna regresó al poder, frenó el proyecto reformista y obligó a Gómez Farías a abandonar el país. Pasó entonces por varios periodos de exilio, pero nunca abandonó sus ideas.

Gómez Farías volvió a participar en la política nacional en distintos momentos y, durante la guerra entre México y Estados Unidos, regresó al ejercicio del Poder Ejecutivo. Fue nuevamente presidente interino entre diciembre de 1846 y marzo de 1847, mientras Santa Anna se encontraba al frente de la campaña militar. En medio de una guerra que estaba llevando al país al límite de sus recursos, Gómez Farías buscó obtener dinero para financiar la defensa nacional mediante la disposición de bienes pertenecientes a corporaciones eclesiásticas. La medida de enero de 1847 autorizaba al gobierno a obtener hasta quince millones de pesos mediante la hipoteca o venta de determinados bienes de manos muertas. Esta disposición provocó una fuerte oposición y contribuyó al estallido de la llamada rebelión de los Polkos en la Ciudad de México. Finalmente, la medida fue anulada y Gómez Farías dejó nuevamente el poder.

La rebelión de los Polkos constituye uno de los episodios más paradójicos de su carrera. Mientras México enfrentaba una invasión extranjera, el gobierno tuvo que combatir también una profunda división interna. Los grupos que se oponían a las medidas de Gómez Farías consideraban que las propiedades de la Iglesia no debían utilizarse de esa manera, mientras que el gobierno sostenía que la situación extraordinaria de la guerra exigía obtener recursos para defender al país. El conflicto terminó debilitando todavía más al gobierno liberal en uno de los momentos más críticos de la guerra.

Lejos de retirarse definitivamente de la política, Gómez Farías continuó participando en la vida pública. Después de la caída definitiva de Santa Anna en 1855, gracias al movimiento encabezado por el Plan de Ayutla, regresó a una posición política de primer nivel. En 1856 fue elegido diputado al Congreso Constituyente que elaboró la Constitución de 1857 y llegó a presidir sus sesiones. Para entonces era ya un hombre de avanzada edad, pero seguía defendiendo los principios que había sostenido desde décadas atrás. El 5 de febrero de 1857 se promulgó la nueva Constitución, que consolidó importantes principios del liberalismo mexicano, entre ellos el federalismo y la limitación de los privilegios corporativos. Gómez Farías había sido protagonista del proceso constitucional de 1824 y volvió a participar en el de 1857.

Farías murió el 5 de julio de 1858 en la Ciudad de México, apenas un año después de la promulgación de la Constitución que representaba buena parte de las ideas que había defendido durante décadas. Debido a sus conflictos con la Iglesia y a su situación religiosa, no recibió sepultura en un cementerio católico y fue enterrado en el jardín de la casa de su hija, en Mixcoac. Posteriormente, el Estado mexicano reconoció su importancia histórica y sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres.

Valentín Gómez Farías fue un médico que quiso aplicar a la política una lógica parecida a la de su profesión: identificar los problemas, buscar sus causas y tratar de corregirlos, aunque el tratamiento resultara doloroso. Fue, sobre todo, un político de ideas que intentó transformar las estructuras de un país todavía joven y profundamente dividido. Ayudó a construir una tradición política que terminaría influyendo en la generación de Benito Juárez, Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada y otros liberales de la Reforma.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (20 septiembre 2026). Gómez Farías: reformas liberales y federalismo. Celeberrima.com. Última actualización el 20 septiembre 2026.