José María Morelos y Pavón presentó los Sentimientos de la Nación el 14 de septiembre de 1813 ante los diputados reunidos en Chilpancingo, en la entonces provincia de Tecpan, durante la apertura del Congreso de Anáhuac. Era un proyecto político, social y económico que intentaba definir qué tipo de nación debía surgir de la guerra de Independencia. La lucha había comenzado tres años antes con el levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo, pero él ya había sido capturado y ejecutado. El movimiento insurgente necesitaba una idea clara de lo que quería construir. Morelos, que se había convertido en uno de los principales dirigentes de la insurgencia, impulsó la reunión de representantes de los territorios controlados por los insurgentes para discutir el futuro de la nación. En ese contexto surgieron los Sentimientos de la Nación, un documento breve compuesto por 23 puntos y que condensaba buena parte de las aspiraciones de los insurgentes.
El primer gran planteamiento era contundente: la América que luchaba debía ser libre e independiente de España y de cualquier otra nación, gobierno o monarquía. La soberanía ya no debía depender de un rey situado al otro lado del océano. Morelos sostenía que la soberanía emanaba del pueblo y que debía depositarse en un Congreso de representantes. Un cambio radical respecto del orden virreinal.
El proyecto también planteaba una clara separación de poderes. El poder debía distribuirse entre el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, evitando que toda la autoridad quedara concentrada en una sola persona o institución. La propuesta significaba avanzar hacia una organización política de carácter republicano. De hecho, el pensamiento de Morelos rechazaba expresamente la idea de convertir la nueva nación en otra monarquía. Su célebre identificación como Siervo de la Nación resume muy bien esa concepción: quien ejercía una función pública debía estar al servicio de la nación y no situarse por encima de ella.
Pero los Sentimientos de la Nación también proponían transformar profundamente la sociedad. Morelos planteó que la esclavitud debía quedar proscrita para siempre y que las distinciones de castas debían desaparecer. Todos los habitantes debían ser considerados iguales. La propuesta representaba un cambio de enorme importancia.
El documento también defendía la propiedad y la seguridad de las personas. Señalaba que las leyes debían proteger la propiedad de cada individuo y que la casa debía considerarse un espacio protegido. Asimismo, rechazaba la tortura y establecía que las leyes debían ser moderadas y justas. La preocupación de Morelos era que la nueva nación estableciera reglas destinadas a limitar los abusos de las autoridades.
Sin embargo, no todas sus propuestas coinciden con los principios políticos que hoy consideraríamos fundamentales. Uno de los puntos más llamativos establece que la religión católica debía ser la única permitida y que no habría tolerancia para ninguna otra. Esto refleja claramente el contexto religioso de comienzos del siglo XIX y la importancia que Morelos otorgaba al catolicismo como elemento de identidad y cohesión social.
En materia económica y fiscal, Morelos también buscaba aliviar las cargas que pesaban sobre la población. Propuso eliminar los tributos y diversas cargas del sistema colonial, así como reducir impuestos que consideraba excesivos, sustituyéndolos por contribuciones moderadas y equitativas. El objetivo era que el nuevo gobierno pudiera sostenerse sin reproducir los mecanismos de explotación fiscal del régimen virreinal.
Otro aspecto importante era la relación con los extranjeros y el acceso a los cargos públicos. Morelos defendía que los principales empleos públicos fueran ocupados por americanos y establecía restricciones a la entrada de extranjeros, aunque contemplaba excepciones para quienes aportaran conocimientos u oficios útiles. La prioridad era que la nueva nación pudiera gobernarse a sí misma y que sus recursos y posiciones de autoridad no volvieran a quedar bajo control de intereses externos.
El último punto de los Sentimientos de la Nación establecía que el 16 de septiembre debía solemnizarse cada año como aniversario del inicio de la Independencia y que se recordara el mérito de Hidalgo y Allende. Morelos entendía que una nación se construye mediante leyes e instituciones, pero también mediante símbolos. Con el paso del tiempo, el 16 de septiembre se convertiría efectivamente en la principal fecha cívica de la Independencia mexicana.
Existe además una interesante relación entre este documento y el proceso constitucional de la insurgencia. Los Sentimientos de la Nación no fueron una constitución ni fueron aprobados como una ley. Funcionaron más bien como un programa político que orientó los trabajos del Congreso de Anáhuac. El 6 de noviembre de 1813, el Congreso proclamó el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional, y en 1814 aprobó el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, conocido como Constitución de Apatzingán. Muchas de las ideas expresadas por Morelos encontraron un desarrollo más amplio en ese texto constitucional.
Aunque Morelos fue capturado en 1815 y ejecutado ese mismo año, y la consumación de la Independencia llegaría hasta 1821 por un proceso político y militar diferente, los Sentimientos de la Nación conservaron una importancia enorme. En apenas 23 puntos, Morelos intentó responder algunas de las preguntas fundamentales que enfrentaba la insurgencia: quién debía ejercer la soberanía, cómo debía organizarse el gobierno, qué derechos debían reconocerse, cómo debían eliminarse las desigualdades heredadas del sistema colonial y qué principios debían orientar a la nueva nación.
Los Sentimientos de la Nación representa uno de los primeros grandes intentos de pensar políticamente el futuro de México. Morelos quería que aquella lucha desembocara en una nación capaz de gobernarse a sí misma, con leyes, instituciones y la idea de igualdad frente a la ley.
Referencias: