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Biografía de Samuel Butler
Samuel Butler era un tipo inglés del siglo XIX que no se conformaba con nada de lo que le rodeaba, alguien que vivía con la cabeza llena de ideas raras y un sentido del humor afilado como una navaja. Nacido en 1835 en un pueblito tranquilo, y murió en Londres en 1902. Venía de una familia con fuerte tradición religiosa, así que de joven parecía destinado a seguir el camino de la iglesia, pero tuvo una crisis interna y, en lugar de predicar sermones, se fue, entre 1860 y 1864, a Nueva Zelanda a criar ovejas. Imagina dejar todo atrás para convertirte en granjero en un país lejano, era su forma de escapar y replantearse la vida.
Al volver a Londres, una amiga muy cercana llamada Mary Anne Savage, que luego aparecería en su novela más famosa como el personaje de Alethea, lo animó a escribir. Y vaya si escribió. Publicó casi todo por su cuenta, porque no le gustaba depender de editores tradicionales, y en sus libros se dedicó a burlarse sin piedad de las tradiciones religiosas y los comportamientos hipócritas de la sociedad victoriana. En Erewhon y su secuela Retorno a Erewhon, creó un mundo imaginario donde todo está al revés, como un espejo deformante que reflejaba lo absurdo de las costumbres inglesas de la época, desde la religión hasta las normas morales rígidas. También criticó los sistemas educativos que él mismo había sufrido, esos colegios estrictos que parecían más cárceles para el espíritu que lugares para aprender.
Su obra más famosa y, para muchos, la mejor es la novela The Way of All Flesh. En la Inglaterra del siglo XIX esa frase era una expresión común para referirse a la muerte, como el destino inevitable que todos compartimos. Butler la escribió con un realismo brutal, metiendo hasta el último detalle en la forma de contar y en cómo dibujaba a los personajes. La historia pinta un fresco enorme y bastante cruel de una familia victoriana llamada Pontifex a lo largo de cuatro generaciones, mostrando sus enredos económicos, religiosos y familiares. Es como si abriera las puertas de una casa aparentemente respetable y nos dejara ver todas las tensiones, hipocresías y presiones que había dentro. No se atrevió a publicarla en vida, era demasiado personal y crítica con su propio entorno familiar, y salió póstumamente en 1903, exactamente como él había pedido. Esta novela se convirtió en un modelo para muchas historias de finales del siglo XIX y principios del XX que cuestionaban el poder autoritario del padre como figura central en la familia.
Butler era un hombre metódico y bastante solitario. Nunca se casó y, algo inusual para un inglés de su clase, no perteneció a ningún club social. Viajaba mucho, especialmente por Italia, y escribió sobre sus tradiciones, costumbres y obras de arte en libros como Alpes y santuarios del Piamonte y del cantón Ticino. Era un espíritu independiente y original. Como aficionado a la biología, por ejemplo, no siguió la corriente principal, se opuso a la teoría de la evolución de Darwin en su libro Life and Habit, proponiendo ideas propias sobre cómo funcionaba el cambio en los seres vivos. Y en filología, lanzó una hipótesis bastante curiosa y poco convencional, según él, la Odisea no la escribió Homero, sino una mujer siciliana de la zona de Trapani. Lo desarrolló en La autora de la Odisea. Hoy esa teoría se ve más como una idea ingeniosa y excéntrica que como algo aceptado por los expertos, pero muestra lo poco que le importaba seguir las opiniones mayoritarias.
Le encantaba la música de Haendel y él mismo compuso obras, sobre todo oratorios al estilo del gran músico. Sus contemporáneos lo veían como un ecléctico, alguien que tocaba muchas teclas —pintura, música, ciencias, literatura— y como alguien que escribía de todo. Pero George Bernard Shaw defendió y revalorizó su obra con entusiasmo. Con el tiempo, Butler influyó de manera más o menos directa en escritores como John Galsworthy, Hugh Walpole, H. G. Wells y George Orwell. Hoy se le considera un clásico, alguien que se puede comparar con figuras como Laurence Sterne o Jonathan Swift por su ingenio satírico y su mirada crítica e independiente sobre la sociedad.
Butler fue un tipo inteligente y un poco rebelde que, en medio de la rigidez victoriana, se atrevió a cuestionar lo establecido y a vivir a su manera, dejando una huella que sigue fresca más de un siglo después.
Frases de Samuel Butler
- Baste el instante de cerrar un ojo para hacer de un hombre pacífico un guerrero.
- Cuanto más tiempo dura una disputa, más lejos nos hallamos del final.
- Es mejor haber amado y haber perdido que jamás haber perdido.
- La provocación es el acto de prometer alguien una mención en el testamento y luego no morirse en el plazo correspondiente.
- La vida es como la música, debe componerse con el oído, el sentimiento y el instinto, no mediante reglas.
- La vida es el arte de sacar conclusiones suficientes a partir de datos insuficientes.
- Las máquinas evolucionan y se reproducen a velocidad prodigiosa. Si no les declaramos la guerra a muerte será demasiado tarde para resistirse a su dominio.
- Los más obstinados suelen ser los más equivocados, como todos los que no han aprendido a dudar.
- Mucha gente no puede ni emanciparse, es decir, no puede ni darse cuenta de la esclavitud en que le mantiene las ideas en medio de las cuales se ha educado.
- Todo progreso está basado en el deseo universal e innato por parte de cada organismo de vivir por encima de sus posibilidades.
Referencias: