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Represas: historia, tipos, funcionamiento, beneficios y curiosidades

Una represa es una obra de ingeniería construida para controlar el flujo de un río y, en muchos casos, formar un embalse o lago artificial detrás de ella. Desde hace miles de años, los seres humanos han desarrollado distintas formas de construir estas barreras por su importancia para la agricultura, las ciudades y la vida cotidiana.

La historia de las represas es mucho más antigua de lo que podría parecer. En el asentamiento de Jawa, en la actual Jordania, existen restos de una de las represas más antiguas conocidas, asociada a un sistema de captación y almacenamiento de agua que se remonta aproximadamente al cuarto milenio antes de nuestra era. Algunos estudios sitúan su construcción alrededor del año 3000 a.C., mientras que investigaciones más recientes han propuesto fechas incluso anteriores para determinadas estructuras del sistema. En Egipto también se construyó, durante el tercer milenio a.C., la presa de Sadd el-Kafara, cerca de Helwan. Fue una obra de gran tamaño para su época, destinada probablemente al control de inundaciones, aunque nunca llegó a funcionar plenamente porque una inundación la destruyó durante o poco después de su construcción. Desde aquellas primeras obras hasta las gigantescas estructuras actuales, la idea fundamental ha permanecido: almacenar agua cuando está disponible y regularla para utilizarla cuando hace falta.

El principio básico de una represa es relativamente sencillo, aunque su construcción requiere una ingeniería extremadamente sofisticada. Primero se busca un lugar adecuado, normalmente una zona donde la topografía, la geología y las condiciones del terreno permitan levantar una estructura segura. En una garganta estrecha, por ejemplo, una presa puede aprovechar las paredes naturales del valle; en un valle más amplio, puede ser necesario construir una estructura mucho más extensa. La barrera puede estar formada por hormigón, roca, tierra compactada u otros materiales. Una vez que la presa retiene el agua, esta se acumula y forma un embalse. Debido a su altura, el agua almacenada posee energía potencial gravitatoria. Cuando se permite que descienda, esa energía puede transformarse en movimiento y, mediante turbinas y generadores, convertirse en electricidad.

En una central hidroeléctrica, el agua puede pasar por conductos hacia las turbinas, que comienzan a girar al recibir el flujo. Las turbinas están conectadas a generadores que transforman la energía mecánica de la rotación en energía eléctrica. El principio recuerda al funcionamiento de un antiguo molino de agua, aunque en una central moderna todo está diseñado para controlar con enorme precisión el caudal y la producción de electricidad. Después de atravesar las turbinas, el agua continúa su recorrido aguas abajo. La presa también puede incorporar vertederos para evacuar el exceso de agua durante las grandes avenidas, compuertas para regular el flujo y otros sistemas destinados a controlar el embalse y garantizar la seguridad de la estructura.

No todas las represas tienen la misma forma. Las presas de gravedad dependen principalmente de su enorme peso para resistir el empuje del agua; las presas de arco utilizan una estructura curva que transmite buena parte de las fuerzas hacia las paredes del valle; y las presas de materiales sueltos, construidas con tierra, grava y roca, utilizan grandes volúmenes de materiales compactados y suelen incorporar elementos impermeables para impedir la filtración excesiva. También existen presas de contrafuertes y otras variantes. La elección depende de factores como la forma del valle, la resistencia de la roca, la disponibilidad de materiales, las condiciones sísmicas, el clima, el volumen de agua que se pretende almacenar y la función que tendrá la obra.

Esa función puede ser muy variada. Una represa puede almacenar agua para abastecer a ciudades y comunidades, proporcionar agua para la agricultura, controlar inundaciones, generar electricidad o combinar varias de estas funciones. Los embalses permiten guardar parte del agua de las temporadas lluviosas para utilizarla posteriormente durante los periodos secos. En el caso de la hidroelectricidad, además, las centrales pueden producir grandes cantidades de electricidad sin quemar combustibles fósiles durante su operación. Empero, construir un embalse transforma profundamente el territorio y, dependiendo del lugar y de las condiciones del proyecto, sus emisiones de gases de efecto invernadero pueden ser importantes.

La escala que pueden alcanzar estas obras resulta difícil de imaginar. La presa de las Tres Gargantas, en China, por ejemplo, creó un embalse gigantesco cuya capacidad total ronda los 39300 millones de metros cúbicos. La enorme redistribución de agua asociada al llenado del embalse modificó ligeramente la distribución de masas de la Tierra. De acuerdo con cálculos divulgados por la NASA, ese efecto puede alargar la duración del día en aproximadamente 0.06 microsegundos y desplazar el polo de referencia en alrededor de dos centímetros. Es un cambio extraordinariamente pequeño y completamente imperceptible para nuestra vida cotidiana, pero resulta fascinante porque muestra que una obra humana de dimensiones excepcionales puede producir un efecto físico medible sobre el planeta.

Las represas también pueden convertirse en protagonistas de acontecimientos históricos. Uno de los casos más trágicos ocurrió en China en 1975, cuando la presa de Banqiao y otras decenas de presas de la región fallaron después de lluvias extraordinarias asociadas al tifón Nina. Las estimaciones de víctimas varían considerablemente: algunas cifras oficiales sitúan las muertes directas en decenas de miles, mientras que otras estimaciones incluyen las posteriores provocadas por enfermedades, hambre y las consecuencias de la inundación, llegando a alrededor de 230000 personas. Fue una de las mayores catástrofes relacionadas con fallas de presas de la historia.

La historia también ofrece ejemplos de extraordinaria duración. En Mérida, España, la presa romana de Proserpina fue construida aproximadamente entre los siglos I y II de nuestra era y formaba parte del sistema de abastecimiento de agua de la antigua Emerita Augusta. La estructura de tierra y mampostería ha sobrevivido durante unos dos milenios y sus restos forman parte del paisaje hidráulico de la región. Las civilizaciones antiguas ya comprendían la importancia de almacenar, conducir y controlar el agua.

En el Parque Nacional Wood Buffalo, en Canadá, se encuentra la mayor presa de castores conocida. La estructura tiene aproximadamente 775 metros de longitud en su parte frontal y puede alcanzar cerca de 800 metros según la forma en que se mida. Su tamaño es tan extraordinario que puede distinguirse en imágenes satelitales. Los castores construyen estas estructuras utilizando ramas, troncos, barro y otros materiales para modificar el flujo de los arroyos y crear zonas de agua más profundas y protegidas. Sus obras transforman el paisaje y crean nuevos hábitats para numerosas especies.

En el ámbito de la generación eléctrica, Itaipú, situada en el río Paraná, entre Brasil y Paraguay, constituye otro ejemplo extraordinario. Desde el comienzo de su operación comercial en 1984, ha producido cantidades enormes de electricidad. En marzo de 2024 alcanzó los 3000 millones de megavatios-hora, equivalentes a 3000 TWh, y al terminar ese año su producción acumulada había llegado aproximadamente a 3051.8 TWh. La propia empresa binacional señala que esa cifra constituye un récord mundial de generación acumulada para una central hidroeléctrica.

Las represas también pueden alcanzar alturas impresionantes. La presa de Jinping-I, en China, es una presa de arco de aproximadamente 305 metros de altura, considerada la presa de arco más alta del mundo. Su estructura aprovecha la forma estrecha del valle para transmitir las fuerzas hacia las laderas rocosas. Su altura es comparable a la de algunos de los edificios más altos del mundo.

Sin embargo, construir una represa no significa simplemente poner una barrera frente a un río. El embalse puede inundar grandes extensiones de terreno y transformar ecosistemas completos. Además, muchos peces migratorios encuentran dificultades para desplazarse río arriba cuando una presa bloquea su recorrido. La retención de sedimentos también puede alterar el funcionamiento natural del río, porque parte del material que antes viajaba aguas abajo queda atrapado en el embalse. Con el tiempo, esto puede modificar los hábitats fluviales y costeros situados aguas abajo.

Otro aspecto que ha generado preocupación es la emisión de gases de efecto invernadero. Cuando un embalse inunda vegetación y materia orgánica, parte de ese material se descompone. En determinadas condiciones, especialmente en algunos embalses tropicales, pueden producirse emisiones de metano. Las emisiones dependen de factores como el clima, la profundidad del embalse, la cantidad de vegetación inundada, la edad del embalse y la forma de operación.

El agua almacenada en las represas puede incluso convertirse en un asunto de importancia internacional. Un ejemplo es la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul en Etiopía. El proyecto ha provocado una prolongada disputa entre Etiopía, Egipto y Sudán debido a las diferentes posiciones sobre el llenado y la operación del embalse y sobre la distribución de los recursos hídricos del Nilo. Etiopía considera la presa fundamental para su desarrollo y para la generación de electricidad, mientras que Egipto ha expresado preocupación por la seguridad de su abastecimiento de agua y Sudán ha señalado tanto posibles beneficios, como la regulación de caudales, como riesgos relacionados con la operación de sus propias infraestructuras. Las negociaciones entre los tres países han sido complejas y no han producido durante años un acuerdo definitivo que resuelva todas las cuestiones.

Y existe una tendencia que parece paradójica: mientras en algunas regiones se siguen construyendo grandes represas, en otras se están retirando estructuras antiguas. En Estados Unidos, por ejemplo, se han eliminado más de 2000 presas entre 1912 y 2023, muchas de ellas pequeñas y obsoletas. Entre los objetivos se cuentan: recuperar la conectividad de los ríos, facilitar el desplazamiento de peces migratorios, restaurar hábitats y reducir los riesgos asociados a estructuras deterioradas.

Incluso durante las guerras, las represas han sido consideradas infraestructuras estratégicas. En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, la Real Fuerza Aérea británica llevó a cabo la Operación Chastise, en la que utilizó bombas especiales diseñadas para rebotar sobre la superficie del agua y alcanzar las presas alemanas de Möhne y Eder. El ataque buscaba afectar el suministro de agua y la producción industrial de la región del Ruhr. Una presa puede convertirse en un elemento estratégico cuya destrucción tiene consecuencias económicas, sociales y militares.

Una represa puede almacenar agua para una ciudad, proporcionar riego a los agricultores, producir electricidad, reducir determinados riesgos de inundación y modificar profundamente un paisaje. Pero también puede desplazar personas, retener sedimentos, alterar los ciclos naturales de los ríos y generar impactos ambientales que pueden persistir durante décadas. Cuanto mayor es nuestra capacidad para modificar la naturaleza, mayor debe ser nuestra responsabilidad para comprender las consecuencias de hacerlo.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (29 agosto 2026). Represas: historia, tipos, funcionamiento, beneficios y curiosidades. Celeberrima.com. Última actualización el 29 agosto 2026.