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Aristóteles: biografía y aportaciones del filósofo griego

Biografía de Aristóteles

Aristóteles fue un filósofo griego nacido en el año 384 antes de Cristo en la ciudad de Estagira, situada en el reino de Macedonia, en lo que hoy se conoce como la región de Tesalónica. Su nacimiento en una familia vinculada a la corte macedonia marcó su temprana formación, ya que su padre, Nicómaco, fue el médico personal del rey Amintas III de Macedonia, lo que situó a Aristóteles en un entorno cultural y científico privilegiado. Poco se conoce con certeza sobre su madre, llamada Festis, y se sabe que sus padres fallecieron cuando Aristóteles aún era joven, quedando bajo la tutela de Proxeno de Atarneo, quien se destacó como su mentor en la adolescencia.

A los 17 o 18 años, Aristóteles ingresó en la Academia de Atenas, la escuela filosófica fundada por Platón, donde permaneció durante aproximadamente veinte años. Este periodo, fue fundamental para su formación filosófica e intelectual, pues estuvo en contacto directo con las enseñanzas de Platón y otros pensadores, destacándose especialmente por su interés en la ciencia empírica. Sin embargo, tras la muerte de Platón en 347 a.C., Aristóteles abandonó la Academia, en parte motivado por la decisión de que su sucesor fuera Espeusipo, sobrino de Platón, aunque también existen conjeturas sobre su salida debido al ambiente hostil hacia los macedonios en Atenas. Este abandono marca un inicio en su etapa de viajes y exploraciones intelectuales.

Tras dejar Atenas, Aristóteles se trasladó a Atarneo, al territorio gobernado por su amigo Hermias, un antiguo compañero de la Academia y protector suyo. La muerte de Hermias llevó a Aristóteles a establecerse en la isla de Lesbos, específicamente en Mitilene, donde estudió botánica y zoología con particular atención a la biología marina, en colaboración con su discípulo Teofrasto. Durante este periodo se casó con Pitias de Aso, sobrina y hija adoptiva de Hermias, con quien tuvo una hija llamada Pitias. Más adelante, fallecida Pitias, Aristóteles tuvo otro hijo, llamado Nicómaco, con Herpilis de Estagira.

En el año 343 a.C., Aristóteles fue llamado por el rey Filipo II de Macedonia para ser tutor de su hijo Alejandro, quien posteriormente sería conocido como Alejandro Magno. Gracias al apoyo de este último, pudo redactar sus tratados de historia natural, basados en los informes que recibía desde distintos lugares del mundo helénico. Además de Alejandro, Aristóteles también instruyó a futuros reyes como Ptolomeo y Casandro, lo que consolidó su influencia en la formación de líderes de una gran parte del mundo helenístico. Esta etapa en la corte macedonia fue esencial en la vida del filósofo y es un reflejo de la importancia política y cultural que adquirió a lo largo de su carrera.

En 335 a.C., tras separarse de Alejandro cuando este emprendió la conquista de Asia, Aristóteles regresó a Atenas y fundó su propia escuela filosófica, el Liceo, que funcionaba en un espacio reservado al dios Apolo Licio. Durante los siguientes doce años, desarrolló una labor prolífica como filósofo, produciendo la mayor parte de sus obras sobre física, biología, lógica, metafísica, ética, política, medicina y matemáticas. Su escuela atrajo a numerosos discípulos conocidos como los “peripatéticos”, pues adoptaron el método de enseñanza basado en la discusión y el paseo por los jardines.

La obra filosófica de Aristóteles es vasta y aún hoy objeto de estudio. El Corpus Aristotelicum abarca múltiples campos del saber y se divide en cinco grandes grupos: lógica, filosofía natural, metafísica, ética y política, y retórica y poética. Entre sus escritos más conocidos se encuentran: “Categorías”, “De la interpretación”, “Ética nicomáquea”, “Física”, “Metafísica”, “Política” y “Poética”. Sin embargo, la autoría y legitimidad de algunas obras han sido objeto de disputa, considerándose algunas como posiblemente espurias.

La figura de Aristóteles es a menudo polémica, debido en parte a la especulación y controversias que acompañaron la interpretación histórica de su vida y obra. Mientras que muchos reconocen en él al fundador de la lógica formal y a un pensador cuyos aportes definieron la filosofía y las ciencias naturales durante siglos, otros lo critican por haber ejercido una influencia decisiva en la Edad Media, un periodo que algunos consideran de estancamiento para el conocimiento.

Finalmente, tras la muerte de Alejandro Magno en 323 a.C., Aristóteles abandonó Atenas, probablemente porque el sentimiento antimacedonio se intensificó y la situación política se volvió hostil para él. Se retiró a la isla de Eubea, donde falleció en el año 322 a.C. La causa exacta de su muerte no se conoce.

Teoría de la clasificación y Teoría de la definición de Aristóteles

Aristóteles afirma que todos los hombres tienden por naturaleza al conocimiento, el cual sólo es posible cuando las ideas son claras y precisas. Conocer implica definir, y definir requiere, ante todo, clasificar. Por ejemplo, al comparar los términos “hombre” y “animal”, el segundo posee un carácter más general que el primero, ya que existen muchos más animales que seres humanos. Lo mismo ocurre al contrastar “seres vivos” y “animal”, el primero abarca una cantidad mayor de individuos. Hay términos más generales que otros, dependiendo del número de elementos que comprendan. En una relación entre dos términos, aquel que incluye un número mayor de individuos tiene una extensión más amplia, mientras que el que abarca menos posee una extensión menor. Por ello, “animal” es más extenso que “hombre”, y “ser vivo” más extenso que “animal”. Al término de mayor extensión se le denomina género, y al de menor, especie. Así, “ser vivo” es el género de la especie “animal”, y esta, a su vez, es el género de la especie “hombre”.

Es posible establecer una jerarquía de conceptos, desde los más generales hasta los más particulares, es decir, desde aquellos con mayor extensión hasta los que poseen una menor. En la cúspide de esta clasificación se encuentra el concepto de ser, el más universal de todos, pues puede aplicarse a cualquier cosa existente, por lo que no puede ser especie de nada. En el extremo opuesto, en la base, se sitúan los individuos, cuya extensión se reduce a la unidad, consecuentemente, no pueden ser género de ninguna otra cosa. Entre el ser y los individuos se tiene toda la relación entre géneros y especies.

La teoría aristotélica de la definición se desprende de la teoría de la clasificación, ya que para definir algo es necesario considerar, en primer lugar, su género próximo y, en segundo, determinar su diferencia específica. Por ejemplo, el género próximo de “hombre” es “animal”. Sin embargo, afirmar simplemente que “el hombre es un animal” resulta insuficiente, ya que muchos animales no son hombres. Para lograr una mejor definición, debe identificarse la característica que distingue al hombre de los demás animales, es decir, la posesión de razón. Así, “el hombre es un animal racional”. Este procedimiento puede aplicarse a todos los términos, excepto al ser, pues es el término más general de todos y, consecuentemente, no puede incluirse dentro de ningún género; además sería necesario emplear el verbo ser, lo que contraviene las normas básicas de una definición.

El porqué de las cosas según Aristóteles

Aristóteles mantuvo siempre interés por los fenómenos naturales, lo que se contrapone al idealismo platónico. Como estudioso de la naturaleza, no podía aceptar la teoría platónica de las Ideas. Aceptar tal teoría implicaría concluir que el mundo es únicamente una “copia” o incluso un sueño de otro mundo absolutamente real, algo incompatible con la visión aristotélica. Aristóteles creía que los argumentos en favor de las formas destruyen aquellas cosas por cuya existencia más entusiasmo sentimos, en su caso, los fenómenos naturales.

De manera que Aristóteles busca demostrar que el mundo de las ideas no existe y que resulta una hipótesis innecesaria. Según la teoría de las Ideas, en el mundo sensible existe una multiplicidad de hombres cuya existencia se explica por una sola Idea o esencia del “hombre” que existe en el mundo inteligible. Así, al comparar a un hombre concreto y la Idea de hombre, se llega a una nueva Idea: la semejanza o la relación entre ambos. Esto último implica otra comparación entre la semejanza o relación recién descubierta y su Idea en el mundo inteligible, conduciendo a una serie infinita de ideas. Para Aristóteles, la hipótesis platónica complica la reducción a la unidad, pues en su sistema de clasificación, cada género sería la Idea de sus especies, y si toda especie puede ser un género, se llega a la conclusión de que cada ser es Idea y copia, lo que resulta contradictorio.

Asimismo, si existiera un mundo de Ideas, este tendría que explicar todos los aspectos de la realidad, por lo que habría Ideas de lo bello, lo bueno y lo justo, pero también de lo feo, lo malo y lo injusto. La teoría de las Ideas tendría que aceptar la existencia de realidades negativas, lo que contradice la perfección que Platón atribuía a su mundo ideal. Y, si dicho mundo explicara únicamente los aspectos positivos, quedaría claro que no da cuenta de la totalidad de las cosas. El mundo de las Ideas enfrenta un dilema insalvable: o bien explica la realidad completa y pierde su perfección, o bien conserva su perfección a costa de explicar sólo una parte del mundo. Siendo así, el mundo de las Ideas es ineficaz e inexistente

La sustancia

El término “causa” alude al agente que produce un efecto, y también a la razón de ser de algo. De manera que preguntarse por el sentido del ser equivale a intentar explicar la sustancia del universo. Ya que su propósito no es definir los accidentes, sino las sustancias, Aristóteles se interesa por los aspectos del ser que permanecen constantes y son comunes a todos los individuos. En el caso del ser humano, hay rasgos comunes (ej. la razón); y hay aspectos contingentes (ej. el color de los ojos, la estatura). Para Aristóteles, sólo lo necesario corresponde a la sustancia. Es necesario que el ser humano sea racional; en cambio, es contingente que tenga los ojos castaños o azules. A diferencia de Platón, Aristóteles consideró que los elementos necesarios, es decir, aquellos rasgos que permanecen constantes, no existen en un mundo aparte, sino que son singulares y se encuentran en las cosas mismas.

La sustancia sensible y eterna

Para Aristóteles, la sustancia sensible y eterna corresponde a los astros y a las esferas celestes, que permanecen eternamente idénticas a sí mismas en su movimiento.

La sustancia sensible y perecedera

Con el término sustancia sensible y perecedera, Aristóteles se refiere a los seres del mundo cambiante e individual que nos rodea, los cuales poseen un principio, un desarrollo y un fin, por lo que están sujetos al cambio. Del mismo modo que los filósofos anteriores, para él, el cambio implica una transición entre estados contrarios. No obstante, Aristóteles amplía la concepción del cambio mediante dos principios.

El primer principio establece que el cambio sólo puede producirse entre seres de una misma especie. En otras palabras, un ser humano no puede transformarse en un árbol. Dado que el cambio implica generación y desarrollo, un ser humano sólo puede originar otro ser humano. El cambio se manifiesta exclusivamente dentro de una misma especie.

El segundo principio sostiene que el cambio no se da únicamente entre los contrarios, sino que existen estados intermedios. Por ejemplo, el ser humano no sólo cambia entre el nacimiento y la muerte, también cambia cada año, incluso entre un instante y el siguiente.

La potencia y el acto

Al explicar el cambio únicamente a partir de los contrarios, se atiende sólo a sus límites, el inicio y el fin. Para comprender no sólo las condiciones extremas del cambio, sino su significado esencial, Aristóteles introduce las nociones de potencia y acto.

La potencia es, en términos generales, la capacidad de un ente para transformarse, mientras que el acto representa la realización de esa capacidad. En la semilla, por ejemplo, se encuentra la posibilidad de convertirse en árbol, pero no el árbol mismo; por ello, la semilla contiene al árbol sólo en potencia. El árbol ya desarrollado, en cambio, constituye el acto, es decir, la realización de aquella posibilidad. Todo ser es simultáneamente potencia y acto, pero no en el mismo sentido. La semilla es potencia respecto al árbol que puede llegar a ser, pero acto en tanto que es semilla; del mismo modo, el árbol es acto en tanto que es árbol, pero también potencia en relación con las semillas, ramas o frutos que puede producir. El acto debe entenderse como un movimiento. Aristóteles concibe a los seres de la naturaleza como realidades en constante transformación. El acto, siendo realización, implica movimiento.

Las cuatro causas

El cambio ocurre en el tránsito de la potencia al acto. No obstante, esto no explica la razón del cambio. Para Aristóteles, una causa es la condición de posibilidad del ser. En este sentido, una causa es la explicación última de un hecho, su principio y condición de ser. Supongamos que deseamos construir una casa. En primer lugar, se requieren materiales para hacerlo. Sin embargo, estos materiales por sí solos no construirán la casa. Será también indispensable un grupo de personas dispuestas a trabajar. Materiales y trabajadores son aún insuficientes. Se necesita además un plano y una idea general de lo que constituye una casa. Esto no basta, para construir exactamente la casa deseada será necesario un plano específico y detallado. ¿Qué clase de casa? ¿De qué medidas? ¿Cuántas habitaciones? ¿De qué manera se debe distribuir?

Para obtener la casa deseada, son necesarias cuatro causas. La primera causa, que incluye los materiales, se denomina causa material. La segunda, representada por los trabajadores, es la causa eficiente. La tercera, correspondiente a la esencia de la casa, recibe el nombre de causa formal. Finalmente, la cuarta, que consiste en el plano específico, se llama causa final.

Cualquier ente sensible y perecedero requiere de estas cuatro causas para existir. Sin embargo, en el caso de los entes naturales, estas cuatro causas pueden reducirse a dos. Las causas eficiente, formal y final pueden unificarse en una sola: la forma. Por tal razón, al estudiar a los seres sensibles y perecederos, basta con afirmar que están compuestos de materia y forma. La materia representa la posibilidad de ser, mientras que la forma constituye la realización plena de su acto de ser. Materia y forma son inseparables, pues un organismo no puede conocerse únicamente por sus posibilidades (la materia), sino también por su ser, es decir, por su forma. La forma define y precisa su esencia.

La sustancia inmóvil

Nada puede moverse por sí mismo. Sin embargo, el motor que provoca el movimiento en otro también debe estar en movimiento, por lo que depende, a su vez, de otro motor. Esta relación entre móvil y motor conduce a una serie infinita de causas anteriores, pero el infinito no puede recorrerse. Así, se produce una paradoja, para evitarla debe admitirse la existencia de un primer motor inmóvil e incapaz de producir movimiento, pues si este motor fuera la causa de otros movimientos, estaría él mismo en movimiento, lo que conduce, nuevamente, al problema de una serie infinita de causas anteriores

Aristóteles considera que Dios debe ser pensamiento puro, pues el pensamiento es la única actividad que no requiere movimiento físico. Pero este pensamiento divino no puede dirigirse hacia algo externo; si lo hiciera, estaría sujeto al cambio, lo que implicaría que también podría ser movido por otro motor, nuevamente, la contradicción de una serie infinita de causas. El pensamiento de Dios, según Aristóteles, es pensamiento que se piensa a sí mismo. Siendo la sustancia más perfecta, su pensamiento es “pensamiento del pensamiento”.

¿Cómo puede un ser inmóvil explicar el movimiento universal? Hasta este punto, Dios no es causa del mundo en el sentido de causa eficiente, es decir, aquella que produce activamente el movimiento o el cambio. No obstante, Aristóteles concibe a Dios como causa final. En este sentido, Dios, en su perfección absoluta, actúa como modelo de todas las cosas. No mueve al mundo mediante una acción, sino que todas las cosas se orientan hacia Él, atraídas por su perfección, como si tendieran naturalmente a realizar su propio fin siguiendo ese modelo divino y perfecto. Esto no implica que los seres adquieran una naturaleza divina, sino que, gracias a la existencia de ese modelo perfecto, cada cosa alcanza su plenitud según sus posibilidades y límites.

El alma nos aproxima a Dios

Según Aristóteles, el alma nutritiva es responsable de la asimilación necesaria para la vida y es común a todos los seres vivos. Asimismo, el alma motriz es el principio del movimiento, presente en todos los animales. Por su parte, el alma sensible permite percibir el entorno y experimentar sensaciones. No obstante, lo que distingue al hombre es el pensamiento, mismo que se compone de intelecto pasivo y de intelecto activo. El intelecto pasivo es la potencia receptiva. El intelecto activo, en cambio, es la facultad que transforma esas sensaciones en pensamiento abstracto y conceptual.

Aristóteles identifica el intelecto activo como la verdadera esencia del ser humano. Debido a su carácter de acto puro, el intelecto activo es inmortal, pues todo lo que perece resulta de la combinación de potencia y acto. El intelecto activo es común a todos los hombres, pues define a la humanidad en su conjunto como especie racional. Por tal razón, la inmortalidad no es personal, sólo la razón pura, idéntica en todos, trasciende la vida de cada persona. El alma humana aproxima al mundo a Dios.

Virtud, felicidad y sociedad

El ser humano es, por naturaleza, un animal social, más específicamente, en el ser humano la convivencia es un modo de vida regido por la razón. Para Aristóteles, todos los hombres buscan la felicidad, entendida como una forma de placer, empero no debe confundirse placer con la mera satisfacción de deseos. El placer, según Aristóteles, es el ejercicio de la razón, por lo que la virtud es siempre racional. La virtud es elección y esfuerzo y, consecuentemente, motivo de elogio. La virtud nos permite actuar de modo deliberado y libre.

Si la virtud constituye el fin de la felicidad y responde a nuestra naturaleza racional, necesariamente excluye todo acto carente de razón. La virtud, en cuanto acto racional y voluntario, debe situarse siempre en un punto medio entre los extremos, aunque determinar el justo medio en la práctica resulta sumamente difícil. Este justo medio no debe entenderse como mediocridad, sino como la elección más difícil. El valor, por ejemplo, representa una decisión más difícil que la cobardía o la temeridad. La virtud es un imperativo moral que exige actuar conforme a la razón y al buen sentido.

La felicidad también es el fin de la sociedad, pues la felicidad del individuo sólo puede comprenderse en el contexto de la vida común. Toda comunidad o sociedad se establece esperando algún bien, qué sentido tendría actuar por algo que no es bueno. Aristóteles distingue tres formas de organización política y tres formas corruptas derivadas de ellas. Las primeras son la monarquía, en la que gobierna un solo individuo; la aristocracia, donde gobiernan unos pocos; y la politeia, que reconoce el gobierno de la mayoría o multitud. Las versiones degeneradas de estas estructuras son, respectivamente, la tiranía, la oligarquía y la democracia, esta última entendida como “la ley de la muchedumbre” que olvida el derecho de la minoría. Aristóteles creía que la clave para la estabilidad era una clase media grande y moderada, lo suficientemente para evitar el conflicto de clases y las luchas facciosas.

Otras aportaciones de Aristóteles

La obra de Aristóteles se caracteriza por un enfoque empírico que parte de la experiencia y la observación sistemática. Entre las aportaciones más significativas de Aristóteles destaca su clasificación de los seres vivos, que lo convierte en el padre de la biología. Por medio de una detallada observación, clasificó los animales según criterios como la presencia o ausencia de sangre.

En la física, Aristóteles propuso la teoría de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, cada uno con movimientos naturales distintos, una doctrina que permaneció vigente hasta la revolución científica. Asimismo, apoyaba la teoría de la generación espontánea, que intentó explicar el origen de la vida a partir de materia inerte.

En el ámbito de la filosofía, Aristóteles formuló principios fundamentales como el de no contradicción, que sostiene que una proposición y su negación no pueden ser verdaderas simultáneamente, y estudió las falacias lógicas, desarrollando una teoría sistemática de la lógica que incluye el silogismo. Su división de la filosofía en lógica, filosofía teórica (física, matemática y metafísica) y filosofía práctica (ética y política) representó un hito metodológico para organizar el conocimiento humano.

Destacan también sus contribuciones a la ética, con la formulación de una ética basada en las virtudes como término medio entre extremos viciosos, desarrollada en su obra “Ética a Nicómaco”, y su pensamiento político, en el que definió diversas formas de gobierno, diferenciando entre las que buscan el bien común y las que persiguen intereses privados.

Su modelo educativo consideraba que la educación debía fomentarse a partir de la observación, la experiencia y la formación del carácter a través del hábito. Proponía la educación para formar buenos ciudadanos capaces de la virtud y la toma racional de decisiones.

Aristóteles sentó las bases de la teoría literaria y estética, especialmente a través de su obra “Poética”, donde analizó las formas de la poesía y la representación artística, distinguiendo géneros como la tragedia y la épica.

Frases de Aristóteles

  1. La virtud resplandece en las desgracias.
  2. No hay ningún hombre realmente honrado: ninguno de nosotros se encuentra libre del afán de lucro.
  3. El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.
  4. La ventaja que sacarás de la filosofía será hacer sin que te lo manden, lo que otros harán por temor a las leyes.
  5. Como la vista es al cuerpo, la razón es al espíritu.
  6. Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.
  7. Los grandes conocimientos engendran las grandes dudas.
  8. No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho.
  9. El amor sólo se da entre personas virtuosas.
  10. Todo hombre, por naturaleza, desea saber.
  11. La felicidad consiste en hacer el bien.
  12. Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella.
  13. Se ama más lo que con más esfuerzo se ha conseguido.
  14. La amistad perfecta es la de los buenos y de aquellos que se asemejan por la virtud. Ellos se desean mutuamente el bien en el mismo sentido.
  15. Algunos creen que para ser amigos basta con querer, como si para estar sano bastara con desear la salud.
  16. Si los ciudadanos practicasen entre sí la amistad, no tendrían necesidad de la justicia.
  17. El amigo de todo el mundo no es un amigo.
  18. El ingenio es la insolencia cultivada.
  19. La felicidad reside en el ocio del espíritu.
  20. El egoísmo no es el amor propio, sino una pasión desordenada por uno mismo.
  21. El árbitro considera la equidad, el juez la ley.
  22. Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos.
  23. Piensa como piensan los sabios, más habla como habla la gente sencilla.
  24. No hay genio sin un grano de locura.
  25. Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
  26. La amistad es un alma que habita en dos almas.
  27. Una definición es una frase que significa la esencia de una cosa.
  28. Todo acto forzoso se vuelve desagradable.
  29. La ciencia es respecto del alma lo que es la luz respecto de los ojos, y si las raíces son amargas, los frutos son muy dulces.
  30. El alma es aquello por lo que vivimos, sentimos y pensamos.
  31. No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.
  32. No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto.
  33. Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito.
  34. El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.
  35. No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad.
  36. Sólo hay una fuerza motriz: el deseo.
  37. Saber es acordarse.
  38. Si el espíritu es un atributo divino, una existencia conforme al espíritu será verdaderamente divina.
  39. Nada hay en la mente que no haya estado antes en los sentidos.
  40. Se quiere más aquello que se ha conseguido con muchas fatigas.
  41. Y es que la naturaleza no hace nada en vano, y entre los animales, el hombre es el único que posee la palabra.
  42. Es necesario que haya uno o varios principios y aun, en caso de existir uno sólo, que éste sea inmóvil e inmutable.
  43. No hay que empezar siempre por la noción primera de las cosas que se estudian, sino por aquello que puede facilitar el aprendizaje.
  44. Si tanto me alaban, será por alabarse a sí mismos, pues al alabarme dan a entender que me comprenden.
  45. Todos los gobiernos mueren por la exageración de su principio.
  46. El fin de la ciencia especulativa es la verdad, y el fin de la ciencia práctica es la acción.
  47. Todos o casi todos distinguen el alma por tres de sus atributos: el movimiento, la sensación y la incorporeidad.
  48. No todo término merece el nombre de fin, sino tan sólo el que es óptimo.
  49. El mando de muchos no es bueno; basta un solo jefe.
  50. Las virtudes más grandes son aquellas que más utilidad reportan a otras personas.
  51. Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la felicidad.
  52. La multitud obedece más a la necesidad que a la razón, y a los castigos más que al honor.
  53. Para poder ser virtuoso se necesita naturaleza, razón y hábito.
  54. La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto.
  55. Lo mejor es salir de la vida como de una fiesta, ni sediento ni bebido.
  56. Entre dos cosas que nos son queridas, la amistad y la verdad, es una obligación sagrada dar la preferencia a la verdad.
  57. Fuera de la sociedad, el hombre es una bestia o un dios.
  58. Es un principio indiscutible que para saber mandar bien, es preciso saber obedecer.
  59. El que posee las nociones más exactas sobre las causas de las cosas y es capaz de dar perfecta cuenta de ellas en su enseñanza, es más sabio que todos los demás en cualquier otra ciencia.
  60. Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por una buenas leyes.
  61. No hay que prestar atención a quienes nos aconsejan, so pretexto de que somos hombres, no pensar más que en las cosas humanas y, so pretexto de que somos mortales, renunciar a las cosas inmortales.
  62. La felicidad es para aquellos que se bastan a sí mismos.
  63. El género humano tiene, para saber conducirse, el arte y el razonamiento.
  64. Cuando están dormidos, no se puede distinguir al hombre bueno del malo.
  65. La única verdad es la realidad.
  66. Las enseñanzas orales deben acomodarse a los hábitos de los oyentes.
  67. La felicidad es al mismo tiempo la mejor, la más noble y la más placentera de todas las cosas.
  68. El verdadero discípulo es el que supera al maestro.
  69. Ningún provecho hay en este mundo tan grande que se iguale con la excelencia de la virtud.
  70. Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego.
  71. Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación el saber dudar a tiempo.
  72. El instante es la continuidad del tiempo, pues une el tiempo pasado con el tiempo futuro.
  73. Solamente haciendo el bien se puede realmente ser feliz.
  74. Un buen estilo debe tener aire de novedad y al mismo tiempo ocultar su arte.
  75. El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que ya sabe.
  76. De todas las variedades de virtud, la generosidad es la más estimada.
  77. Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta.
  78. Aprendemos, o por inducción o por demostración. La demostración parte de lo universal; la inducción de lo particular.
  79. En las adversidades sale a la luz la virtud.
  80. El imitar es contranatural al hombre.
  81. El buen estilo debe ser, ante todo, claro.
  82. La salud es la justa medida entre el calor y el frío.
  83. Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos.
  84. El agradecimiento envejece rápidamente.
  85. Los sabios tienen las mismas ventajas sobre los ignorantes que los vivos sobre los muertos.
  86. La excelencia moral es resultado del hábito. Nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía.
  87. El hombre solitario es una bestia o un dios.
  88. La recompensa del mentiroso es no ser creído aun cuando diga la verdad.
  89. Hacer mal por voluntad es peor que hacerlo por la fuerza.
  90. La felicidad se encuentra en el centro exacto de dos extremos.
  91. La bondad es simple; la maldad, múltiple.
  92. La belleza del hombre está o en la sonoridad, o en el significado.
  93. No hay un gran genio sin mezcla de locura.
  94. Lo que aprendemos a hacer lo aprendemos haciendo.
  95. Es preciso preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos.
  96. El único estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley.
  97. La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión.
  98. Es absolutamente imposible demostrarlo todo.
  99. Las madres adoran más a sus hijos que los padres, porque recuerdan el dolor con el que los han traído al mundo y están más seguras de que son suyos.
  100. El entendimiento es una tabla lisa en la cual nada hay escrito.
  101. El sabio no busca el placer, sólo busca la ausencia de dolor.
  102. En parte, el arte completa lo que la naturaleza no puede elaborar y, en parte, imita a la naturaleza.
  103. La sabiduría es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad.
  104. Hay la misma diferencia entre un sabio y un ignorante que entre un hombre vivo y un cadáver.
  105. Los discursos inspiran menos confianza que las acciones.
  106. Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta.
  107. Lo que con mucho trabajo se adquiere, más se ama.
  108. La verdadera felicidad proviene de la posesión de sabiduría y virtud, y no de la posesión de bienes externos.
  109. La juventud se engaña fácilmente porque la esperanza hace rápida presa de ella.
  110. Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.
  111. El hombre tiene mil planes para sí mismo. El azar, sólo uno para cada uno.
  112. La solución de una duda es descubrimiento de la verdad.
  113. La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.
  114. Si los ciudadanos practicaran la amistad entre ellos, no tendrían necesidad de la justicia.
  115. Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará.
  116. Un adulador es un amigo que es inferior a nosotros o que pretende serlo.
  117. Cometer una injusticia es peor que sufrirla.
  118. La duda es el principio de la sabiduría.
  119. Gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia.
  120. La grandeza no consiste en recibir honores, sino en merecerlos.
  121. Las revoluciones no se hacen por pequeñeces, pero nacen por pequeñeces.
  122. En las democracias, las revoluciones son casi siempre obra de los demagogos.
  123. Las personas virtuosas y cultas difícilmente hacen una revolución porque están siempre en minoría.
  124. Los menores suscitan revoluciones para conquistar igualdad y los iguales para superar a los demás.
  125. Demasiado poco valor es cobardía y demasiado valor es temeridad.
  126. No tiene ningún amigo el que tiene demasiados amigos.
  127. Más vale pagar a un acreedor que dar a un amigo.
  128. La patria de cada hombre es el país donde mejor vive.
  129. El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal.
  130. Quien es capaz de vivir en sociedad y no tiene necesidad de ella, porque se basta a sí mismo, tiene que ser un animal o un dios.
  131. El hombre es por naturaleza un animal político.
  132. Lo que tiene alma se distingue de lo que no la tiene por el hecho de vivir.
  133. Es ignorancia no saber distinguir entre lo que necesita demostración y lo que no la necesita.
  134. La mente siempre tiene razón, mientras que el apetito y la imaginación pueden equivocarse.
  135. La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder.
  136. La poesía es un arte más fino y más filosófico que la Historia, pues la poesía expresa lo universal, y la Historia, sólo lo particular.
  137. El carácter es aquello que revela la finalidad moral, poniendo de manifiesto la clase de cosas que un hombre prefiere o evita.
  138. Un buen carácter favorece en el más alto grado que una cosa sea creída.
  139. El carácter que produce la riqueza es la de un necio próspero.
  140. El hombre que se mantiene en el justo medio lleva el nombre de sobrio y moderado.
  141. La cólera que se siente contra una persona, por violenta que sea, cesa cuando se toma venganza de otra.
  142. Olvido es señal de menosprecio y por lo tanto, causa de enojo.
  143. La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica.
  144. Seamos con nuestras vidas como arqueros que tienen un blanco.
  145. Vivir moralmente vale más que vivir.
  146. Los dialécticos y sofistas, en sus disquisiciones, se revisten de la apariencia de filósofos.
  147. Si las acciones humanas pueden ser nobles, vergonzosas o indiferentes, lo mismo ocurre con los placeres correspondientes. Hay placeres que derivan de actividades nobles, y otros de vergonzoso origen.
  148. Cuanto más nos inclina la naturaleza a los placeres, tanto más propensos somos a la licencia que a la decencia.
  149. Cuando se trata de juzgar el placer, los hombres somos jueces imparciales.
  150. Tiempo es la medida del movimiento entre dos instantes.
  151. El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
  152. La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia.
  153. La belleza vale más que cualquier carta de recomendación.
  154. La esperanza es el sueño del hombre despierto.
  155. A los hombres de carácter les gusta oír hablar de sus faltas; a los otros, no.
  156. Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos.
  157. Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego.
  158. La única situación estable es aquella en que todos los hombres son iguales ante la ley.
  159. La naturaleza nunca hace nada sin motivo.
  160. En el Estado puede gobernar más de uno; pero en la familia, uno solo.
  161. Es evidente que todos los fines no son fines perfectos. Pero el bien supremo constituye, de alguna manera, un fin perfecto.
  162. El amigo es otro yo. Sin amistad el hombre no puede ser feliz.
  163. Así como los ojos de los murciélagos se ofuscan a la luz del día, de la misma manera a la inteligencia de nuestra alma la ofuscan las cosas evidentes.
  164. El dinero sirve a los ricos para que muchos médicos les ayuden a morir.
  165. La ciudad (polis) es una de las cosas que existen por naturaleza; y el hombre es, por naturaleza, un animal político.
  166. La democracia ha surgido de la idea de que si los hombres son iguales en cualquier respecto, lo son en todos.
  167. El avaro es el que no gasta en lo que debe, ni lo que debe, ni cuando debe.
  168. Es preciso que la filosofía sea un saber especial, de los primeros principios y de las primeras causas.
  169. Es propio del filósofo poder especular sobre todas las cosas.
  170. El dinero es una garantía de que se podrá obtener lo que se quiera en el futuro.
  171. Bueno es aquello cuyo contrario es malo.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (14 agosto 2025). Aristóteles: biografía y aportaciones del filósofo griego. Celeberrima.com. Última actualización el 07 enero 2026.