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Historia del PRI: origen, auge y caída del partido

A finales de la década de 1920, México todavía intentaba encontrar una forma estable de organizar su vida política después de los años de violencia revolucionaria que habían comenzado en 1910. La Revolución Mexicana había dejado un país con distintos grupos políticos y militares, caudillos regionales y frecuentes disputas por el poder. En ese contexto, Plutarco Elías Calles, quien había sido presidente de México y se convirtió en la figura política dominante del país, impulsó la creación de una organización que reuniera a las principales fuerzas revolucionarias y permitiera resolver las sucesiones políticas mediante mecanismos institucionales en lugar de recurrir constantemente a las armas. Así nació, el 4 de marzo de 1929, el Partido Nacional Revolucionario (PNR).

El PNR representó un intento de transformar la competencia entre grupos revolucionarios en una estructura política más organizada. Su propósito fundamental era integrar a distintos dirigentes y organizaciones bajo una misma plataforma y establecer reglas para la transmisión del poder. Esto no significó que México se convirtiera de inmediato en una democracia plena, pero sí contribuyó a reducir las luchas armadas entre facciones que habían caracterizado los años posteriores a la Revolución.

La organización cambió considerablemente durante las siguientes décadas. En 1938, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, el PNR fue reorganizado y adoptó el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM). Cárdenas modificó su estructura para incorporar distintos sectores de la sociedad, principalmente el obrero, representado por organizaciones como la Confederación de Trabajadores de México (CTM); el campesino, vinculado con la Confederación Nacional Campesina (CNC); y el popular, que agrupaba a diversos sectores urbanos y de las clases medias a través de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP). Durante esta etapa también existió un sector militar, pero posteriormente fue eliminado de la estructura partidaria.

En 1946, durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho, el PRM fue nuevamente reorganizado y adoptó el nombre de Partido Revolucionario Institucional (PRI), que conserva hasta la actualidad. Ese cambio coincidió con una etapa de transición hacia un sistema político predominantemente civil. Miguel Alemán Valdés, elegido presidente en 1946, fue el primer presidente civil del México posrevolucionario y el primero de una nueva generación de dirigentes que ya no tenía como característica principal la trayectoria militar revolucionaria.

A partir de entonces, el PRI se convirtió en la fuerza política dominante de México. Si se consideran sus tres etapas sucesivas —PNR, PRM y PRI—, el grupo político surgido en 1929 mantuvo la Presidencia de la República de manera ininterrumpida hasta el año 2000, es decir, durante 71 años. Por ello suele considerarse uno de los casos más prolongados de hegemonía política en un sistema que conservó elecciones periódicas y una Constitución formalmente democrática, aunque durante buena parte de ese periodo las condiciones de competencia estuvieron muy lejos de ser equitativas.

Durante gran parte del siglo XX, ser candidato presidencial del partido prácticamente equivalía a tener asegurada la victoria. Los presidentes surgían de sus filas y utilizaban su influencia política para orientar la sucesión. De esta práctica nació la expresión “dedazo”, utilizada para describir la intervención del presidente en turno en la elección de su sucesor. El candidato seleccionado era conocido popularmente como “el tapado” mientras se mantenía en secreto su identidad o se evitaba reconocer abiertamente sus aspiraciones. Finalmente llegaba el llamado “destape”, cuando el nombre del candidato se hacía público y las organizaciones del partido comenzaban a respaldarlo.

Este sistema se apoyaba también en una estructura corporativa. Las organizaciones de trabajadores, campesinos y sectores populares mantenían una relación estrecha con el partido y funcionaban como importantes mecanismos de movilización política. El PRI podía así conectar al gobierno con amplios sectores de la sociedad y canalizar demandas sociales a través de sus organizaciones. Esta estructura contribuyó a darle una gran capacidad de organización y permanencia, pero también limitó durante décadas la autonomía de muchas organizaciones sociales y dificultó la competencia política en condiciones de igualdad.

La hegemonía priista estuvo acompañada por un largo periodo de estabilidad política y por importantes transformaciones económicas y sociales. Durante buena parte del siglo XX, México experimentó industrialización, urbanización, expansión de la educación pública, crecimiento de los servicios de salud y desarrollo de infraestructura. Entre las décadas de 1940 y 1970, el país vivió además un periodo de crecimiento económico conocido como el “milagro mexicano”. Sin embargo, estos avances coexistieron con prácticas autoritarias, control político, corrupción, restricciones a la oposición y episodios de represión. Uno de los acontecimientos más graves ocurrió el 2 de octubre de 1968, cuando una manifestación estudiantil fue reprimida en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México. El número exacto de víctimas es objeto de debate, pero el episodio se relaciona con el autoritarismo del régimen.

La ideología del partido también cambió con el paso del tiempo. En sus primeras etapas predominó el nacionalismo revolucionario, asociado con principios como la justicia social, la soberanía nacional, la intervención del Estado en la economía y el cumplimiento de algunas de las demandas surgidas de la Revolución. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, esta orientación alcanzó una de sus expresiones más emblemáticas con el reparto agrario y la expropiación petrolera de 1938. Posteriormente, el partido adoptó posiciones más moderadas y, especialmente desde la década de 1980, impulsó políticas económicas de orientación neoliberal, entre ellas la apertura comercial y diversas privatizaciones. Esta transformación generó fuertes conflictos internos, pues algunos militantes consideraban que el partido se estaba alejando de sus principios históricos.

Una de las rupturas más importantes ocurrió en 1987 y 1988 con la Corriente Democrática, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. El grupo cuestionó el método de selección de candidatos y la orientación económica del partido. Cárdenas terminó abandonando el PRI y se convirtió en candidato presidencial de una coalición de fuerzas de izquierda en las elecciones de 1988. Después de esos comicios, varios de los grupos que habían participado en esa corriente contribuyeron a la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en 1989.

Las elecciones presidenciales de 1988 se convirtieron en uno de los episodios más controvertidos de la historia electoral mexicana. Durante el conteo de votos, el sistema de cómputo utilizado para transmitir los resultados sufrió una interrupción que fue conocida popularmente como la “caída del sistema”. Cuando el conteo se reanudó, Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI, aparecía por delante de Cuauhtémoc Cárdenas. Salinas fue declarado ganador, pero la elección quedó marcada por acusaciones de fraude y por una profunda crisis de confianza en las instituciones electorales. Esto contribuyó a impulsar posteriormente reformas que fortalecieron la autonomía y la organización de las elecciones.

Otro momento dramático llegó en 1994. Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato presidencial del PRI, fue asesinado el 23 de marzo de ese año durante un mitin en Lomas Taurinas, en Tijuana, Baja California. Su asesinato conmocionó al país y ocurrió en un año particularmente turbulento, marcado también por el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y por una fuerte incertidumbre política y económica. Ernesto Zedillo sustituyó a Colosio como candidato y posteriormente ganó las elecciones presidenciales.

El PRI también ha sido objeto de controversia por el uso de símbolos asociados con la identidad nacional. Su emblema incorpora los colores verde, blanco y rojo, que también aparecen en la bandera mexicana. A lo largo de su historia, esto ha generado críticas de adversarios políticos que consideran problemática la asociación visual entre el partido y los símbolos nacionales.

La hegemonía del PRI terminó en las elecciones presidenciales del año 2000. Vicente Fox, candidato del Partido Acción Nacional (PAN), obtuvo la victoria y puso fin a más de siete décadas de gobiernos encabezados por el partido y sus organizaciones predecesoras. El resultado representó uno de los momentos más importantes de la transición democrática mexicana, porque por primera vez desde la creación del PNR una fuerza política distinta asumía la Presidencia mediante una elección.

Después de doce años en la oposición, el PRI regresó al poder ejecutivo en 2012 con Enrique Peña Nieto. Su gobierno impulsó, junto con el PAN y el PRD, el llamado Pacto por México, del que surgió un amplio conjunto de reformas constitucionales y legales. Entre ellas estuvieron las reformas en materia educativa, energética, de telecomunicaciones y competencia económica, además de cambios fiscales y financieros. Aunque algunas de estas reformas fueron impulsadas por el gobierno priista, no fueron exclusivamente obra del PRI, ya que resultaron de negociaciones entre las distintas fuerzas políticas.

El regreso al poder duró solamente un sexenio. En las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición encabezada por Morena, obtuvo la Presidencia, mientras el PRI sufrió una de sus derrotas electorales más importantes. Desde entonces, el partido ha tenido que redefinir su papel dentro de un sistema político mucho más competitivo y plural que el que existía durante la mayor parte del siglo XX.

La historia del PRI está estrechamente ligada a la historia política del México contemporáneo. Nació como una respuesta a la necesidad de estabilizar el poder después de los conflictos revolucionarios, se transformó en una estructura política capaz de integrar a amplios sectores de la sociedad y terminó construyendo uno de los periodos de hegemonía partidista más prolongados de la historia moderna. Su legado es contradictorio: por un lado, contribuyó a la estabilidad política, al desarrollo institucional y a importantes transformaciones económicas y sociales; por otro, su dominio estuvo acompañado por prácticas autoritarias, control corporativo, corrupción, elecciones poco competitivas y episodios de represión. Comprender la historia del PRI permite entender buena parte de la evolución de México: desde la política dominada por los caudillos revolucionarios hasta un sistema electoral en el que distintas fuerzas pueden competir por el poder.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (16 octubre 2026). Historia del PRI: origen, auge y caída del partido. Celeberrima.com. Última actualización el 17 octubre 2026.