Uno de los motivos más comunes por los que aparecen los fallos de mercado son las externalidades, es decir, los efectos que las acciones de una persona o empresa tienen sobre terceros que no participan directamente en la transacción. Imagina que un vecino decide hacer una parrillada todas las tardes. Él disfruta la comida y paga por la carne y el combustible, pero el humo invade las casas cercanas y afecta a quienes no participaron en la decisión. El precio de la carne no refleja ese perjuicio adicional. Esa es una externalidad negativa: el costo total es mayor que el costo asumido por quien toma la decisión.
Las externalidades positivas funcionan de manera opuesta. Piensa en alguien que cuida un hermoso jardín frente a su casa. Esa persona paga el agua y el tiempo necesario para mantenerlo, pero todos los vecinos disfrutan del paisaje y de un entorno más agradable sin haber contribuido. Como el mercado no recompensa completamente esos beneficios compartidos, suele producir menos actividades positivas de las que serían deseables para la sociedad, como ocurre también con la educación, la investigación científica o ciertas iniciativas de salud pública.
La historia ofrece ejemplos sorprendentes de las externalidades negativas. Uno de los casos más conocidos fue el uso de gasolina con plomo durante gran parte del siglo XX. El químico Thomas Midgley Jr. desarrolló este aditivo en la década de 1920 para reducir el traqueteo de los motores. Aunque la innovación generó beneficios para la industria automotriz, durante décadas no se tomaron en cuenta los enormes costos asociados a la liberación de plomo en la atmósfera. Diversas investigaciones científicas estiman que la exposición masiva al plomo afectó el desarrollo cognitivo de miles de millones de personas en todo el mundo.
Otro caso ocurrió en Terranova, Canadá. Durante años, miles de pescadores capturaron bacalao buscando maximizar sus ingresos individuales. Cada decisión parecía racional desde la perspectiva de cada pescador, pero condujo a la sobreexplotación del recurso. En 1992, la población de bacalao colapsó, dejando sin empleo a aproximadamente 35000 personas.
Los fallos del mercado también aparecen cuando ciertos grupos intentan obtener una porción mayor de los recursos existentes sin crear nueva riqueza. Este fenómeno se conoce como búsqueda de rentas o rent-seeking. En lugar de competir mediante mejores productos, innovación o precios más bajos, algunas empresas o grupos de interés destinan recursos a influir sobre regulaciones, subsidios o barreras de entrada que les otorguen ventajas especiales. Por ejemplo, si un grupo empresarial consigue restricciones que impiden la entrada de competidores más eficientes, los consumidores terminan pagando precios más altos y se bloquean intercambios que habrían beneficiado a ambas partes. La riqueza total de la sociedad no aumenta; simplemente se redistribuye hacia quienes lograron obtener privilegios. Un caso histórico relacionado con este problema fue el Cártel Phoebus, creado en 1924 por algunos de los principales fabricantes de bombillas del mundo. Las empresas participantes acordaron limitar artificialmente la vida útil de las bombillas para garantizar ventas más frecuentes. En lugar de competir para ofrecer productos más duraderos, restringieron un avance tecnológico que habría beneficiado a los consumidores.
Además de las externalidades y la búsqueda de rentas, existen bienes que por sus características resultan difíciles de suministrar eficientemente mediante el mercado. Son los bienes públicos, que poseen dos características fundamentales: 1) el uso por parte de una persona no reduce la disponibilidad para otras, 2) resulta difícil o costoso impedir que alguien los disfrute, aunque no haya pagado por ellos. El ejemplo clásico es el faro. Una vez que está funcionando, todos los barcos pueden beneficiarse independientemente de si contribuyeron a financiarlo. Debido a que muchos usuarios pueden actuar como polizones o free riders, disfrutando del beneficio sin pagar, los productores tienen dificultades para recuperar sus costos. La misma lógica se observa en el alumbrado público. Una vez encendidas las luces de una calle, todas las personas pueden utilizarlas. Si se dependiera únicamente de contribuciones voluntarias, muchas calles quedarían sin iluminación porque cada individuo esperaría que otros asumieran el costo.
Existen también situaciones donde el problema no radica en las externalidades ni en los bienes públicos, sino en la información disponible. El economista George Akerlof explicó este fenómeno mediante el famoso ejemplo del mercado de automóviles usados. Cuando los compradores no pueden distinguir entre vehículos de buena y mala calidad, tienden a ofrecer un precio promedio. Como resultado, los propietarios de vehículos de buena calidad abandonan el mercado al considerar insuficiente la oferta, mientras que permanecen quienes venden productos defectuosos. Poco a poco, la calidad promedio disminuye y el mercado puede llegar a deteriorarse o incluso desaparecer.
Algo parecido ocurre en los mercados de seguros de gastos médicos. Las personas que saben que tienen una mayor probabilidad de enfermar suelen estar más interesadas en adquirir cobertura médica, mientras que las personas más sanas pueden decidir no contratarla. Este fenómeno, conocido como selección adversa, puede elevar los costos de las aseguradoras y dificultar el funcionamiento eficiente del mercado.
Los fallos del mercado aparecen porque el mundo real es mucho más complejo que el modelo ideal en el que todos los costos y beneficios están reflejados perfectamente en los precios. Las acciones individuales pueden generar efectos sobre terceros que no participan en las decisiones, algunos grupos pueden intentar obtener ventajas especiales sin crear valor adicional, ciertos bienes son difíciles de financiar mediante intercambios privados y, en ocasiones, la información disponible es insuficiente para que compradores y vendedores tomen decisiones plenamente informadas. Comprender estos problemas ayuda a explicar por qué, en determinadas circunstancias, pueden ser necesarias intervenciones como regulaciones, impuestos, subsidios o provisión pública de determinados bienes y servicios. Sin embargo, también es importante recordar que las intervenciones gubernamentales pueden generar sus propios problemas si no se implementan adecuadamente.
Referencias: