Tabla de contenidos
Biografía de Platón
Platón (424/423 – 348/347 a.C.) fue un filósofo griego, reconocido por ser discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, además de fundador de la Academia de Atenas, que perduró más de nueve siglos.
Nació en el seno de una familia aristocrática, por línea paterna estaba relacionado con el último rey de Atenas y, por parte materna, con la nobleza de la época de Solón. Platón recibió una formación académica privilegiada e inicialmente se esperaba que siguiera una carrera política. Su nombre verdadero era Aristocles, el sobrenombre “Platón” —que significa “de espalda ancha”— le fue atribuido, probablemente, por su complexión física. Su lugar de nacimiento es motivo de debate entre Atenas y Egina, con fechas posibles entre 428 y 423 a.C.
Su encuentro con Sócrates marcó su vida y obra, influyendo en su decisión de dedicarse a la filosofía. Se estima que entre los 15 y 20 años tuvo su primer contacto con el pensamiento socrático, y tras la condena a muerte de éste en 399 a.C., Platón emprendió viajes a lugares como Sicilia, Cirene y Egipto, donde profundizó en la filosofía y otras disciplinas.
Platón, inicialmente simpatizante del régimen oligárquico, perdió toda admiración por él al presenciar cómo condenaba a Sócrates. Más tarde, al instaurarse la democracia en Atenas, depositó en ella sus esperanzas, pero la ejecución de su maestro lo llevó a una profunda decepción. Esta desilusión pudo ser el punto de partida de la teoría platónica del Estado y una de las razones de su exilio voluntario.
Platón abandonó Atenas y se dirigió a Mégara, donde asistió a las clases de Euclides, discípulo de Sócrates. Posteriormente, regresó brevemente a Atenas antes de emprender un viaje a Egipto, donde adquirió conocimientos científicos y mitológicos. La narración de la Atlántida, de origen egipcio, aparece en los diálogos Critias y Timeo. Después viajó a Siracusa, donde el tirano Dionisio solicitó su consejo. Platón regresó finalmente a Atenas tras haber sido capturado por piratas, vendido como esclavo y rescatado poco después.
Fue en 387 a.C., tras su regreso a Atenas, cuando fundó la Academia en un olivar dedicado al héroe Akademos, lugar que se convirtió en un importante centro de enseñanza, abarcando filosofía, matemáticas, astronomía, medicina, política y más. Aristóteles fue un alumno destacado.
La Academia de Platón funcionó hasta que fue cerrada en el año 529 d.C. por el emperador Justiniano I, quien la consideraba una amenaza al cristianismo. Durante sus siglos de actividad, influyó decisivamente en la filosofía, la ciencia, la política y otras áreas del conocimiento, formando a numerosos intelectuales y dejando una huella en diversas corrientes filosóficas. Las ideas de Platón influyeron a Plotino, Proclo, Porfirio, Cicerón, San Agustín, Maquiavelo, entre otros.
La obra filosófica de Platón está centrada en sus Diálogos. Aunque hay debates sobre la autenticidad de algunos de sus textos, su influencia es indiscutible. Durante su madurez, Platón redactó algunos de sus diálogos más célebres. Entre ellos, Fedro, dedicado a reflexionar sobre el amor y la belleza; Fedón, centrado en la inmortalidad del alma; y Gorgias, donde examina el sentido de la justicia. La república busca establecer una armonía entre la vida de los individuos y la organización de un Estado ideal. Otros de sus diálogos más conocidos son El Banquete, Critón, Parménides, Crátilo, Menón, Teeteto, Timeo y Filebo. En ellos, Sócrates figura como interlocutor, sirviendo como vehículo para la exploración de temas como la justicia, el conocimiento, el alma, la verdad, la belleza, la educación y la política.
Platón, movido por la búsqueda de una justicia ideal que deseaba ver concretada en el mundo, emprendió nuevamente un viaje a Siracusa, invitado por Dión, hijo del tirano y discípulo suyo. A su llegada, Platón descubrió que Dionisio, hermano de Dión, había asumido el poder. Aunque fue recibido con cordialidad, el filósofo, al reconocer la imposibilidad de llevar a cabo su proyecto bajo ese nuevo gobierno, decidió abandonar su propósito.
Así, Platón regresó a Atenas para dedicarse a la enseñanza en la Academia y a la elaboración de algunos de sus diálogos. Por ejemplo, el Teetetes, donde define la ciencia; el Sofista, que además de perfilar a los sofistas ofrece una lección sobre el método para definir las cosas; el Parménides, en el que Platón critica su propia filosofía, entre otros.
La preocupación central de Platón consistió en hallar una forma de vida feliz para los seres humanos, considerando tanto su existencia individual como su vida en sociedad. El pensamiento platónico fue base para la filosofía neoplatónica y tuvo impacto en diferentes corrientes posteriores, tanto clásicas como cristianas y contemporáneas, consolidando a Platón como uno de los pensadores más importantes. Murió, aproximadamente, en el año 348 o 347 a.C.
El método de Platón
Dado que gran parte de las ideas de Sócrates nos han llegado a través de Platón, el método socrático puede atribuirse también a Platón. No obstante, Platón advierte que para establecer la verdad es necesario primero identificar el error; conocer la verdad implica reconocer la falsedad, y alcanzar la sabiduría requiere comprender su falta. Platón analiza los caminos del error, y es en este examen donde se manifiesta se pensamiento crítico.
Platón critica a los sofistas, quienes sostenían la relatividad del conocimiento. Protágoras afirmaba que todo conocimiento se reduce a la perspectiva individual que cada persona construye a través de los sentidos. Sin embargo, si se acepta la idea de Protágoras de que todo cambia, se debería concluir que incluso las propias ideas de Protágoras cambian. Si la verdad no es posible, quién tendría derecho a intentar persuadir a otros de sus ideas. El sofista se contradice a sí mismo: ¿debemos aceptar como verdad que no existe la verdad?
Platón cuestiona la percepción, anticipándose a argumentos que luego desarrollarían filósofos como Descartes. Si el conocimiento se fundamenta en la sensación, las imágenes percibidas durante la vigilia tendrían la misma validez que los sueños. Para Platón, aquellos que pretenden basar el conocimiento únicamente en sensaciones e imágenes no pueden hallar criterios absolutamente ciertos, por lo que deben admitir que aun estando despiertos podrían estar soñando y que las imágenes de la vida podrían ser, en realidad, las imágenes de un sueño. Los sentidos no son una base firme para el conocimiento del mundo. Para Platón, la ciencia reside en el razonamiento sobre las sensaciones, sólo por el razonamiento se puede descubrir la ciencia y la verdad. Por medio de los sentidos se obtienen opiniones (doxa), mientras que mediante la razón se alcanza el conocimiento (episteme). La opinión juzga las cosas tal como éstas parecen ser según los sentidos, mientras que la ciencia consiste en “conocer lo que existe tal como existe”.
Al igual que Sócrates, Platón considera que el conocimiento es innato. Nunca aprendemos algo completamente nuevo, sino que “recordamos”. Conocer equivale a recordar. Platón ilustra esta idea de forma alegórica en el mito de la caverna.
Alegoría de la caverna
Una de las metáforas más poderosas del pensamiento platónico es la célebre Alegoría de la Caverna, incluida en La República. En ella, Platón describe a unos prisioneros encadenados en una cueva, cuya única percepción del mundo consiste en las sombras proyectadas en la pared. Para ellos, esas sombras son la totalidad de la realidad. Sin embargo, si uno de los prisioneros lograra liberarse y contemplar el mundo exterior, descubriría la verdadera naturaleza del ser y, al regresar, comprendería que sus antiguos compañeros permanecen atrapados en una ilusión. Esta alegoría ilustra la diferencia entre las apariencias y la verdad.
Los hombres sólo pueden percibir las sombras, lo cual simboliza el mundo sensible. Acostumbrados a vivir en las sombras, tendemos a confundir las apariencias con la realidad, confundiendo la realidad con lo que no es más que un reflejo de ella. Quien se libera, inicialmente deslumbrado por la luz, no podrá ver el sol de inmediato; necesitará un segundo esfuerzo para acostumbrarse a la luz. Luego, podrá razonar sobre sus impresiones y concluir que el sol es el causante de las estaciones, los años y de todo lo visible.
El filósofo, una vez alcanzada la luz, debe regresar al fondo de la caverna para instruir a los demás, pese a que apenas puedan creerle. Para Platón, el conocimiento es una reminiscencia, un recuerdo; no se adquiere a partir de la experiencia. Poseemos el conocimiento y, mediante la reflexión, descubrimos aquello que nuestra vida sensible ha hecho olvidar. A diferencia de los sofistas, Platón considera las ideas como innatas, que pueden aclararse progresivamente. Platón sostiene que conocer consiste en buscar una ley o principio universal que dé sentido a la multiplicidad de nuestras experiencias.
El amor como fuerza dialéctica
El filósofo ama a la ciencia porque esta lo guía hacia la comprensión de la esencia inmutable, que es el fin último de la filosofía. El amor se origina en la carencia. Quien ama carece de aquello que ama. El amor es y no es, pues su existencia nace de la ausencia misma. Únicamente se desea lo que no se posee, y el amor, para cumplirse, debe comenzar como falta, ya que nadie anhela lo que cree tener. Amor y dialéctica parten de la carencia, en el caso de la sabiduría es carencia de saber. Diótima, en El banquete de Platón, afirma que la sabiduría es una de las cosas más bellas, y dado que Eros ama lo bello, es amante de la sabiduría, es decir, filósofo.
Esta forma de amor es deseo de conocimiento, superando las limitaciones de los sentidos con el fin de acceder a la verdad. Platón mantiene su propósito: alcanzar la razón más allá de las sombras del mundo sensible.
Teoría de las Ideas
Para Platón, indagar el porqué de las cosas permite comprender la organización del mundo y el lugar que ocupa el ser humano en él. El mundo en que vivimos está constituido por cambio. Todo se encuentra en tránsito. El mundo sensible implica siempre movimiento y contradicción. Los seres son y no son al mismo tiempo; su existencia se sitúa entre el no-ser de lo que han dejado de ser y el no-ser de lo que aún no han llegado a ser.
Ante el cambio constante del mundo y la aparente irracionalidad de nuestra experiencia, Platón busca una explicación mediante la formulación de su teoría de las Ideas. Para él, las Ideas permanecen inmutables, no admiten variación; además poseen una existencia propia, independiente del mundo sensible. Una Idea es lo que es.
Platón distingue el mundo sensible del mundo inteligible. El primero, percibido por los sentidos, es mutable y diverso; el segundo, accesible mediante la razón y el amor, está constituido por esencias inmutables. Platón interpreta la pluralidad a partir de la unidad, todos los hombres, pese a sus diferencias, comparten la esencia que los define como tales. Nuestro mundo sólo es posible como reflejo, copia o imitación de las Ideas. Todo lo que percibimos es una réplica de las Ideas, las cuales existen en un mundo de perfección y eternidad.
Según Platón, existen cuatro géneros de realidad: el receptáculo, las Ideas, Dios y las creaturas. El receptáculo representa lo aún indeterminado, carente de forma, en el cual las Ideas se imprimen para dar origen al mundo real. Retomando la alegoría de la caverna, las Ideas serían la luz, el mundo sensible sería el de las sombras, y el receptáculo correspondería al muro donde se proyectan dichas sombras. De modo que el receptáculo simboliza la posibilidad, aquello que aún no es. Cuando la realidad de las Ideas se imprime sobre la posibilidad del receptáculo, se configura el mundo que conocemos. Toda creatura es un ser compuesto de posibilidad y realidad, de no-ser y ser; el mundo es una constante combinación de lo real y lo posible. Es gracias a Dios que las Ideas confieren realidad a la posibilidad.
Así, según esta teoría, la realidad sensible es una copia imperfecta y transitoria de un mundo inteligible, eterno y perfecto donde existen las Ideas—entidades inmutables y universales que constituyen la verdad última y el fundamento real de todo lo existente. Las Ideas son los arquetipos de las cosas concretas; por ejemplo, una mesa que vemos en el mundo físico es simplemente una manifestación imperfecta de la Idea de “Mesa” que existe en el mundo inteligible. Comprender estas Ideas permite alcanzar una vida virtuosa y de sabiduría, pues conduce al conocimiento de la verdad absoluta, que Platón defendió contra el relativismo.
En contraste con pensadores que sostenían la constante mutabilidad de la realidad material, como Heráclito y su seguidor Crátilo, Platón estableció que las Ideas son eternas y representan el único objeto válido del conocimiento verdadero, más allá de las opiniones subjetivas y el cambio constante del mundo sensible. En este sentido, rechazó cualquier forma de relativismo que equiparase todas las opiniones como igualmente válidas, defendiendo una realidad objetiva y absoluta que trasciende las percepciones individuales.
Entre todas las Ideas, Platón sitúa al Bien como la más elevada. Su postura es decididamente racionalista: la razón, y no los sentidos, constituye el medio para acceder al conocimiento, pues las percepciones son susceptibles de error y engaño. La diferencia entre saber y opinión anticipa la distinción moderna entre conocimiento objetivo y juicio subjetivo. Esta preocupación epistemológica sigue siendo relevante en la filosofía contemporánea.
Dios según Platón
Para Platón, todo debe necesariamente provenir de una causa. Platón sostiene que Dios formó el mundo tomando como modelo el mundo de las Ideas, con el propósito de que el mundo sensible se asemejara, en la medida de lo posible, al mundo perfecto que Él contempla, ya que el mundo es la más bella de las obras y Dios, la mejor de las causas. Dios quiso que todas las cosas se parecieran a Él tanto como fuera posible, lo que implica la ausencia de celos divinos. Sin embargo, Platón reconoce que Dios está más allá de toda comprensión y sólo podemos formular conjeturas verosímiles al hablar de Él. Sin un Dios creador, el pensamiento de Platón quedaría incompleto, carente de la fuerza creadora, por tal razón, Platón sostiene su existencia e intenta demostrarla.
En su último diálogo, Las Leyes, Platón presenta dos pruebas de la existencia de Dios. Según Platón, en el mundo se manifiestan modelos de orden y armonía, que constituyen testimonios de la existencia divina: “la tierra, el sol, las estrellas, el universo, la justa sucesión de las estaciones y la división del tiempo en años y meses”. Nuestro mundo, contradictorio y cambiante, no puede ser la causa de tal armonía, por lo que debe proceder de otra fuente: Dios. Así, el orden del universo se convierte en prueba de la existencia de la divinidad.
También constituye una prueba de la existencia divina el consenso universal acerca de los dioses. Todos los pueblos han creído en su existencia, lo que revela una coincidencia que sugiere que tal creencia es real.
El alma según Platón
En el Fedro, Platón representa el alma mediante la imagen de un carro alado conducido por un cochero y tirado por dos caballos. Un corcel, de pelaje blanco, cabeza erguida y ojos negros, simboliza el honor y la templanza; este corcel simboliza la voluntad orientada al bien. El segundo caballo, de pelaje negro, ojos encendidos y rasgos toscos, simboliza el mal. El cochero, que representa la razón, debe esforzarse por mantener el equilibrio entre estas fuerzas opuestas. Esta lucha representa la condición humana. La razón nos aproxima al mundo de las Ideas, pero nuestros deseos nos atan al mundo sensible y a las apariencias.
Platón considera que en el alma reside lo que distingue al hombre de los demás seres vivos. Sostiene que el principio vital, en el caso del hombre, es la razón, la cual le permite entender el mundo de las Ideas. Platón defiende la inmortalidad del alma, y además busca demostrarla.
Si, como sostiene Platón, pensar equivale a recordar, el alma ha existido anteriormente. Así, antes de su vida presente, el alma habría sido inmortal. Esto último no implica que el alma continúe existiendo después de la muerte. Platón afirma que si el alma puede comprender las Ideas eternas, debe compartir con ellas algo de su naturaleza eterna; de otro modo, no podría tener contacto con la eternidad. Además, según él, el alma es una y simple, y sólo lo compuesto puede desintegrarse o corromperse. El alma no puede dividirse ni perecer, ya que carece de partes.
Asimismo, según Platón, la condición del alma después de la muerte depende de su pureza, distinguiendo entre las almas puras y las impuras, las primeras se salvan, mientras que las segundas reencarnan. Platón retoma y desarrolla la idea de la reencarnación de la tradición pitagórica.
La justicia según Platón
En La República, Platón presenta un diálogo en el que Glaucón narra la fábula de Giges, un pastor lidio que, al hallar un anillo con poderes de invisibilidad, utiliza ese don para seducir a la reina, asesinar al rey y apoderarse del trono. Giges, inicialmente justo, se corrompe en cuanto adquiere el poder que el anillo le otorga. De lo que se desprende que ningún hombre es verdaderamente justo o injusto por naturaleza; todos actuarían según la oportunidad. De tal manera que la justicia, en este planteamiento, se reduce a un conjunto de reglas y convenciones.
Platón se opone a esta concepción de la justicia, pues si un gobernante actúa correctamente, a menudo debe tomar decisiones que van en contra de sus propios intereses. En este sentido, la justicia, según Platón, no es una mera convención, sino un principio que orienta la acción del gobernante hacia el bien común. Esta concepción de justicia puede alcanzarse mediante la sabiduría.
También distingue tres estratos en el Estado: los gobernantes, los guardianes, y los campesinos y artesanos. Los campesinos y artesanos nunca podrán gobernar, pero para cumplir su función de producir, deben poseer propiedad y mantener una familia, ya que sus deseos e intereses los motivan a trabajar para sostener y conservar lo propio. Así, la clase más baja del Estado platónico es productora, propietaria y familiar.
Por su parte, los guardianes deben actuar con desinterés, por lo que no deben poseer bienes individuales, sino propiedad y familia comunes. De tal manera que, desvinculados de la tierra y de sus intereses personales, los guardianes se orientan al bienestar común, en lugar de perseguir su propio beneficio.
Y, en la cúspide se encuentra el gobernante. Para Platón, el gobernante filósofo podrá discernir lo correcto. El filósofo, amante de la sabiduría, debe también amar la justicia, la cual es el fundamento y sostén de todo Estado. Según la doctrina de Sócrates, el mal no es elegido voluntariamente, sino fruto de la ignorancia, por lo que el hombre sabio no deseará el mal ni será causa de injusticia.
Pero la monarquía filosófica concebida por Platón no puede ser hereditaria, pues los hijos no necesariamente heredan la sabiduría de sus padres. El acceso al gobierno requiere un proceso de selección, el cual se concreta a través de la educación. La formación del rey filósofo incluye las matemáticas, la geometría, la astronomía y la dialéctica.
El último diálogo platónico, Las Leyes, revela un cambio en el pensamiento de Platón. Mientras en La República el rey filósofo era él mismo la ley, en Las Leyes el gobernante más sabio debe someterse a las leyes de su pueblo. Este nuevo modelo combina la unidad de gobierno con la elección de los gobernantes, integrando elementos tanto monárquicos como democráticos.
Importancia del pensamiento platónico
La filosofía occidental sería incomprensible sin las obras de Platón, en ellas se encuentra el origen del pensamiento moderno. Con Platón y Aristóteles se inaugura la filosofía en sentido pleno, sus obras representan también la culminación de un largo proceso de ideas, descubrimientos y reflexiones provenientes de los filósofos anteriores. La obra platónica es síntesis y compendio de todo el pensamiento precedente, surge en un momento de crisis histórica, cuando el mundo experimenta transformaciones profundas: el declive de la era Clásica y el inicio del período Helenístico. Las grandes síntesis son escritas cuando las civilizaciones se aproximan a su decadencia, revelando una búsqueda intensa de la verdad y la sabiduría.
Otras aportaciones de Platón
En el terreno de la geometría, distinguió entre una geometría elemental —la que se vale de herramientas como la regla y el compás— y una geometría superior, orientada a problemas cuya solución no puede lograrse con tales instrumentos, como construir el lado de un cuadrado que tenga la misma área de un círculo (cuadratura del círculo), dividir un ángulo en tres partes iguales (trisección del ángulo) y construir un cubo con el doble de volumen de un cubo dado (duplicación del cubo).
Frases de Platón
Frío e insípido es el consuelo cuando no va envuelto en algún remedio.
El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce, el pensamiento son las riendas y los sentimientos los caballos.
La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos.
Los sabios hablan porque tienen algo que decir, los tontos hablan porque tienen que decir algo.
Buscando el bien de nuestros semejantes, encontraremos el nuestro.
La libertad está en ser dueños de la propia vida.
El cuerpo es la cárcel del alma inmortal.
El hombre sabio querrá estar siempre con quien sea mejor que él.
El que aprende y aprende y no practica lo que aprende, es como el que ara y ara y nunca siembra.
No hay hombre tan cobarde a quien el amor no haga valiente y transforme en héroe.
La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco.
Lo poco que sé, se lo debo a mi ignorancia.
Debemos buscar para nuestros males otra causa que no sea Dios.
Es envidia la que provoca placer por las desgracias de los amigos.
Yo declaro que la justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.
El objetivo de la educación es la virtud y el deseo de convertirse en un buen ciudadano.
Con la buena educación es el hombre una criatura mansa y divina; pero sin ella es el más feroz de los animales. La educación y la enseñanza mejoran a los buenos y hacen buenos a los malos.
La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo.
Amor: una enfermedad mental muy grave.
Podemos perdonar fácilmente a un niño que teme a la oscuridad; pero la real tragedia de la vida es cuando los adultos le temen a la luz.
El alma de un filósofo se separa de su cuerpo y desea estar sola y existir por sí misma.
Tus bienes y tus males dependen de aquellos con quienes más te hayas juntado.
Todo hombre es un poeta cuando está enamorado.
Ninguna de las cosas humanas merece una gran ansiedad.
Tus bienes y tus males dependen de aquellos con quienes más te hayas juntado.
Tres facultades hay en el hombre: la razón que esclarece y domina; el coraje o ánimo que actúa, y los sentidos que obedecen.
La mejor tumba es la más sencilla.
Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
El legislador no debe proponerse la felicidad de cierto orden de ciudadanos con exclusión de los demás, sino la felicidad de todos.
Si Dios es bueno, no es el autor de todas las cosas, sino sólo de una cuantas, y no de la mayor parte de las que le ocurren al hombre.
El hombre no es libre más que para obrar bien.
De virtud hay una especie, de maldad, muchas.
Dios nos ha dado alas para volar hacia él: el amor y la razón.
La conquista propia es la más grande de las victorias.
La burla y ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan.
Ser amable con todos los que encuentras es pelear una dura batalla.
De todas las bestias salvajes, un muchacho es la más difícil de manejar.
Si no deseas mucho, hasta las cosas más pequeñas te parecerán grandes.
Tú estás joven, hijo mío, y cuando pasen los años el tiempo hará sus cambios y hará retroceder muchas cosas que expresas en tus opiniones actuales. Contrólate, por lo tanto, y no sirvas de árbitro para juzgar el mundo.
Nunca será posible desembarazarse por completo del mal, pues siempre debe haber algo contrario al bien.
Los estados son como los hombres, pues son seres humanos los que los forman.
Si el semblante de la virtud pudiera verse, enamoraría a todos.
El hombre inteligente habla con autoridad cuando dirige su propia vida.
La filosofía es un silencioso diálogo del alma consigo misma en torno al ser.
Cometer injusticia es más ignominioso que recibirla.
En torno de la esencia está la morada de la ciencia.
Sólo te ama aquel que ama tu alma.
No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad.
Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo.
Cada lágrima enseña a los mortales una verdad.
La mentira sólo es útil a los hombres como medicina. El uso de tales medicinas debe estar circunscrito a los médicos.
No es necesario que la bondad se manifieste, sino que se deje ver.
El rico tiene muchos consuelos.
El hombre es un animal doméstico.
Teme a la vejez, pues nunca viene sola.
La virtud es una especie de salud, de belleza y de buenas costumbres del alma.
Del asombro sale el pensamiento.
Dondequiera que se ama el arte de la medicina se ama también a la humanidad.
Donde reina el amor, sobran las leyes.
La razón es la facultad soberana del alma, la fuente de todo conocimiento, el principio determinativo de toda acción humana.
El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.
El tiempo es una gran imagen móvil de la eternidad.
Todo acto de amor es un escalón hacia el amor de Dios.
Dios es el comienzo, el medio y el fin.
Dios es verdad y luz en la sombra.
Hay que tener el valor de decir la verdad, sobre todo cuando se habla de la verdad.
El hombre es un bípedo implume.
Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre.
Dios no es un autor de todo, sino sólo de lo bueno.
El virtuoso se conforma con soñar lo que el pecador realiza en la vida.
El enamorado de un alma bella permanecerá fiel durante toda su vida, porque ama una cosa permanente.
Cuando una multitud ejerce la autoridad, es más cruel aún que los tiranos.
El cuerpo es la tumba del alma.
El que deseche la religión quita los fundamentos de la sociedad humana.
Aquel a quien el amor no toca, camina en la oscuridad.
Como cada uno es, tal es su vida.
El filósofo es un hombre que desea discernir la verdad.
Al contacto del amor todo el mundo se vuelve poeta.
Así como los ojos están formados para la astronomía, los oídos lo están para percibir los movimientos de la armonía.
Los espíritus vulgares no tienen destino.
Referencias:
- Morla, R. (2007). Platón de Atenas: vida e ideas principales. Eikasia. Revista de Filosofía, 12, Extraordinario I.
- Xirau, R. (1998). Introducción a la historia de la filosofía. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Platón – Encyclopaedia Herder, (04/08/2025).
- Platón – Retórica y Poética, (04/08/2025).
- Platón, (04/08/2025).
- Platón – Enciclopedia de la Historia del Mundo, (04/08/2025).
- Qué pensaba Platón que tenía que tener una sociedad para ser exitosa – BBC News Mundo, (04/08/2025).
- Platón – Wikipedia, la enciclopedia libre, (04/08/2025).