Un hombre que había sido uno de los principales aliados de Francisco I. Madero terminó levantándose contra él y encabezando una rebelión que, además de cuestionar al nuevo gobierno, presentó un amplio programa de reformas políticas, laborales y agrarias. Ese hombre fue Pascual Orozco, y el documento que dio forma a su movimiento fue el Plan de la Empacadora, proclamado el 25 de marzo de 1912 en la ciudad de Chihuahua.
El nombre del plan proviene del lugar donde fue elaborado y suscrito: la Casa Empacadora de Chihuahua, relacionada con la Chihuahua Packing Company. Orozco era un revolucionario chihuahuense que había tenido una participación importante en la lucha contra Porfirio Díaz. En mayo de 1911 encabezó, junto con otros revolucionarios, la toma de Ciudad Juárez, una victoria que aceleró la caída del régimen porfirista y contribuyó a que Díaz dejara la presidencia. Por su papel en aquella lucha, Orozco esperaba tener una mayor influencia en el nuevo orden político. Sin embargo, pronto surgieron diferencias con Madero, entre ellas sus aspiraciones políticas en Chihuahua y su desacuerdo con la manera en que el gobierno estaba enfrentando otros movimientos revolucionarios.
A principios de marzo de 1912, Orozco se rebeló contra el gobierno maderista y, el 25 de marzo, hizo público el Plan de la Empacadora. El documento acusaba a Madero de haber traicionado los principios del Plan de San Luis y contenía una larga lista de acusaciones contra su gobierno. Entre ellas estaban las de haber utilizado recursos y apoyos extranjeros para impulsar la revolución, haber cometido fraude electoral y favorecer a familiares y colaboradores.
El lema del movimiento era “Reforma, Libertad y Justicia”, y el contenido del plan iba mucho más allá de pedir la salida de Madero. En el terreno político proponía eliminar la vicepresidencia, ampliar a seis años el periodo presidencial, fortalecer la autonomía municipal y suprimir a los jefes políticos, autoridades que durante el Porfiriato habían ejercido un importante control sobre los municipios. También planteaba limitar las facultades extraordinarias del Poder Ejecutivo y establecer un gobierno provisional que condujera al país hacia nuevas elecciones.
Pero uno de los aspectos más llamativos del Plan de la Empacadora estaba en sus propuestas sociales. El documento planteaba eliminar las tiendas de raya que utilizaban sistemas de vales o libretas, establecer que los salarios fueran pagados íntegramente en dinero efectivo y reducir la jornada laboral a un máximo de diez horas para los trabajadores a jornal y de doce horas para quienes laboraban a destajo. También prohibía el trabajo de los niños menores de diez años y establecía una jornada de seis horas para los menores de entre diez y dieciséis años. Asimismo, proponía buscar mejores salarios y mejorar las condiciones de higiene en los centros de trabajo. El programa de Orozco contenía demandas laborales importantes para aquella época.
El problema agrario también ocupaba un lugar destacado. El Plan contemplaba reconocer determinados derechos de propiedad a quienes hubieran ocupado una tierra durante veinte años, devolver terrenos que hubieran sido arrebatados mediante despojo, repartir tierras baldías y expropiar determinadas propiedades de grandes terratenientes que permanecieran sin cultivar. De esta manera, el documento combinaba el rechazo político a Madero con propuestas destinadas a modificar las relaciones laborales y agrarias. Algunas de estas ideas tenían antecedentes en otros programas revolucionarios, incluido el Programa del Partido Liberal Mexicano y el Plan de Ayala.
El movimiento consiguió reunir rápidamente a miles de hombres y se convirtió en uno de los mayores desafíos armados que enfrentó el gobierno de Madero. Entre sus seguidores hubo antiguos revolucionarios y sectores campesinos, obreros y ferrocarrileros, pero también recibió apoyo de grupos de las élites chihuahuenses vinculados al antiguo régimen. El orozquismo fue un movimiento que defendía reivindicaciones sociales importantes, pero podía, al mismo tiempo, contar con el respaldo de sectores económicos que habían tenido una posición privilegiada antes de la Revolución.
En el terreno militar, los primeros resultados fueron impresionantes. El 23 de marzo de 1912, las fuerzas orozquistas derrotaron en El Rellano a las tropas federales dirigidas por el general José González Salas. Durante aquella batalla ocurrió uno de los episodios más singulares de la campaña: los rebeldes utilizaron una locomotora cargada con explosivos para lanzarla contra un tren militar federal. El ataque causó graves daños y contribuyó a la derrota de las tropas gubernamentales.
Ante la gravedad de la rebelión, Madero reorganizó la campaña militar y puso al general Victoriano Huerta al frente de las operaciones contra Orozco. El segundo enfrentamiento de El Rellano, en mayo de 1912, terminó esta vez con una victoria federal. Los orozquistas fueron obligados a retroceder y posteriormente se concentraron en la zona de Chihuahua.
La derrota definitiva de la rebelión llegó en la batalla de Bachimba, el 4 de julio de 1912. Las fuerzas de Huerta vencieron a los orozquistas y Pascual Orozco terminó huyendo hacia Estados Unidos. Con ello, la rebelión que había puesto en serios aprietos al gobierno de Madero fue derrotada.
La historia de Orozco, sin embargo, todavía tendría un giro decisivo. En 1913, después del golpe de Estado que derrocó a Madero y de los asesinatos de Madero y José María Pino Suárez, Orozco terminó reconociendo al gobierno de Victoriano Huerta, precisamente el general que había combatido y derrotado a sus fuerzas el año anterior. Esta alianza provocó un nuevo enfrentamiento con otros revolucionarios, entre ellos Francisco Villa, y convirtió a Orozco en una figura especialmente controvertida dentro de la historia de la Revolución Mexicana.
El Plan de la Empacadora planteó cuestiones sociales que ocuparían un lugar central en el México revolucionario: el problema de las tierras, los abusos laborales, las tiendas de raya, los salarios, la jornada de trabajo y la protección de los trabajadores. Muchas de sus demandas quedaron incorporadas al nuevo marco constitucional de 1917.
Referencias: