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Biografía de Metastasio
Pietro Antonio Domenico Bonaventura Trapassi, quien con el tiempo se convertiría en uno de los grandes poetas y libretistas de Europa, también es conocido como Metastasio. Nació el 3 de enero de 1698 en Roma, y desde muy joven demostró talento, improvisaba versos rimados sobre cualquier tema que le pidieran. La gente se juntaba a escucharlo en la calle.
Un día de 1708 o 1709, Gian Vincenzo Gravina, un abogado y hombre de letras que dirigía la famosa Accademia dell’Arcadia, lo oyó y quedó fascinado. Gravina lo adoptó y lo trató como si fuera su propio hijo, le cambió el apellido Trapassi por Metastasio, que en griego significa algo así como “el que cambia” o “el que trasciende”, y se encargó de educarlo en latín, griego, leyes y los clásicos. Metastasio tradujo la Ilíada de Homero en versos italianos a los doce años, y a los catorce escribió su primera tragedia, Giustino. Pero luego enfermó, así que Gravina lo mandó un tiempo a Scalea, en Calabria, con un filósofo llamado Gregorio Caloprese para que respirara aire fresco y se recuperara. Ahí siguió formándose.
Cuando Gravina murió en 1718, dejó a Metastasio una herencia que le permitió independizarse. El joven entró a la Accademia dell’Arcadia y se fue a Nápoles alrededor de 1719 para practicar la abogacía, pero su corazón ya latía por la poesía y la música. En Nápoles, empezó a escribir poemas para bodas y fiestas de la nobleza, y se ganó el cariño de los aristócratas. Ahí conoció a la famosa cantante Marianna Benti-Bulgarelli, a quien llamaban La Romanina. Ella quedó encantada con él después de que Metastasio escribiera Gli orti esperidi, una serenata para el cumpleaños de la emperatriz de Austria, y lo convenció de dejar el derecho para dedicarse de lleno al teatro musical. Juntos vivieron una etapa intensa; él tomó lecciones de música con Nicola Porpora y se hizo amigo del castrato Carlo Farinelli, una de las voces más legendarias del barroco.
Su gran salto llegó en 1724 con Didone abbandonata, su primer libreto de ópera completa, que contaba la historia de la reina Dido abandonada por Eneas, un drama de amor y deber. Fue un éxito rotundo, y de ahí en adelante escribió uno tras otro: Siroe, Catone in Utica, Ezio, Semiramide riconosciuta, Alessandro nell’Indie y Artaserse. La gente no se cansaba de sus obras, que se representaban en Roma, Nápoles y más allá.
En 1729, gracias a la recomendación de su amiga la condesa Marianna Pignatelli de Althann, el emperador Carlos VI de Austria lo invitó a Viena como poeta de la corte. Metastasio llegó en marzo de 1730 y ahí se quedó el resto de su vida, 52 años en total, primero con Carlos VI y luego con su hija María Teresa. En Viena escribió sus obras más famosas: Demetrio, Olimpiade, Demofoonte, La clemenza di Tito y Attilio Regolo, entre otras. Algunos libretos se representaban como obras de teatro habladas, sin música, porque la gente quería oír la poesía pura. En total dejó alrededor de 27 libretos que fueron musicados más de 800 veces por compositores de todos los calibres, desde Pergolesi y Hasse hasta Gluck, Mozart y Handel.
Además de los libretos, escribió cartas, canzonetas cortas y emotivas como La libertà o La partenza, y un ensayo crítico sobre la poética de Aristóteles donde explicaba sus ideas sobre el drama. Su estilo era del movimiento arcádico: claro, natural, sin exageraciones barrocas, pero lleno de sentimiento. Vivió una vida relativamente tranquila en Viena, nunca se casó aunque tuvo una relación cercana con la condesa Althann. Con los años su salud decayó un poco, y después de 1740, cuando María Teresa subió al trono y las fiestas se volvieron más modestas, escribió más piezas cortas.
Metastasio murió el 12 de abril de 1782 en Viena, a los 84 años, rodeado de admiradores y dejando una fortuna que donó a los hijos de su amigo Nicolò Martines. Sus obras se editaron miles de veces y se tradujeron a varios idiomas europeos.
Frases de Metastasio
- Si las íntimas preocupaciones de cada cual se leyeran escritas sobre su frente, ¡cuántos que causan envidia nos moverían lástima!
- Nunca se teme bastante al confiar en otro.
- ¿Quién puede vanagloriarse de no tener defectos? Examinando los suyos, aprenda cada uno a perdonar los de los demás.
- Usar de venganza con el más fuerte es locura, con el igual es peligroso, y con el inferior es vileza.
- Fortuna y audacia van siempre juntas.
- El temor y la esperanza nacen juntos y juntos mueren.
Referencias: