Entre finales de 1928 y 1934, México vivió una etapa política en la que la persona que tenía mayor influencia sobre el gobierno no ocupaba la Presidencia de la República. Los presidentes cambiaban, pero detrás de ellos permanecía una figura con un gran poder político: el general Plutarco Elías Calles. A este periodo se le conoce como el Maximato, nombre relacionado con la denominación de “Jefe Máximo de la Revolución” que se utilizó para describir la posición de Calles como principal dirigente político del país. Había sido presidente entre 1924 y 1928, pero al terminar su mandato no desapareció de la vida pública. Por el contrario, se convirtió en el principal referente del poder político mexicano.
El origen de esta situación estuvo en una tragedia. Álvaro Obregón, quien ya había ocupado la Presidencia entre 1920 y 1924, consiguió que se modificara la Constitución para permitir nuevamente la reelección presidencial, aunque con un periodo intermedio. En las elecciones de 1928 obtuvo la victoria, pero antes de regresar formalmente a la Presidencia fue asesinado el 17 de julio de ese año en el restaurante La Bombilla, en San Ángel, Ciudad de México. El responsable fue José de León Toral, un militante católico que posteriormente fue condenado y ejecutado. La muerte de Obregón abrió una enorme crisis política porque desaparecía el presidente electo y, al mismo tiempo, quedaba en evidencia que México todavía no había dejado completamente atrás la política dominada por los grandes caudillos revolucionarios.
Calles no podía simplemente prolongar su mandato presidencial. La Constitución establecía la no reelección, de modo que era necesario encontrar otra fórmula para mantener la estabilidad y conservar la influencia del grupo político que él encabezaba. La solución consistió en designar a un presidente interino y posteriormente organizar nuevas elecciones. Así llegó Emilio Portes Gil a la Presidencia el 1 de diciembre de 1928. Después, en 1930, asumió Pascual Ortiz Rubio, quien había ganado las elecciones como candidato del recién creado Partido Nacional Revolucionario, y en 1932, tras su renuncia, el Congreso designó a Abelardo L. Rodríguez como presidente sustituto para concluir el periodo. Durante esos años hubo, por tanto, tres gobiernos presidenciales, pero Calles siguió siendo una figura central de la política nacional.
El Maximato fue un periodo de tensiones, negociaciones y conflictos entre el presidente, Calles y los distintos grupos políticos. Portes Gil tuvo cierto margen de autonomía y enfrentó problemas propios, mientras que Ortiz Rubio tuvo una relación especialmente conflictiva con el entorno callista. De hecho, el presidente sufrió un atentado el mismo día de su toma de posesión, el 5 de febrero de 1930, cuando fue herido por un disparo mientras se dirigía al Palacio Nacional. Aunque sobrevivió, el episodio contribuyó a marcar el inicio de su gobierno.
La tensión entre Ortiz Rubio y Calles fue aumentando hasta desembocar en la renuncia presidencial. El 2 de septiembre de 1932, Ortiz Rubio presentó su dimisión ante el Congreso. En su escrito señaló que existían razones políticas graves que justificaban su decisión, en un contexto marcado por las dificultades económicas y por los conflictos dentro del gobierno.
Uno de los mayores cambios del Maximato fue la creación del Partido Nacional Revolucionario, el PNR, en 1929. Calles y sus colaboradores impulsaron este partido con la intención de reunir y disciplinar a los distintos grupos revolucionarios que competían por el poder. Militares, políticos regionales y organizaciones vinculadas al movimiento revolucionario quedaron progresivamente integrados dentro de una estructura nacional. El PNR no eliminó inmediatamente los conflictos entre los diferentes grupos, pero creó un mecanismo para procesar las disputas políticas sin recurrir necesariamente a nuevas rebeliones armadas.
Con el tiempo, el PNR se convirtió en una pieza fundamental del sistema político mexicano. Su creación representó un paso hacia la institucionalización del poder revolucionario y, décadas después, el partido evolucionaría hasta convertirse en el Partido de la Revolución Mexicana y posteriormente en el Partido Revolucionario Institucional, el PRI. Por eso, el Maximato suele considerarse una etapa de transición entre el predominio de los caudillos revolucionarios y la construcción de un sistema político basado cada vez más en instituciones y organizaciones partidistas.
El contexto en el que ocurrió todo esto era particularmente complicado. México todavía estaba viviendo las consecuencias de la Revolución y de la Guerra Cristera, conflicto que había enfrentado al gobierno con sectores católicos. En 1929 se alcanzaron acuerdos que permitieron poner fin a la fase armada del conflicto religioso. Ese mismo año comenzó además a sentirse el impacto de la Gran Depresión, que afectó a la economía mexicana. El gobierno tuvo que enfrentar simultáneamente problemas políticos, económicos y sociales.
En materia laboral, durante el gobierno de Portes Gil se avanzó hacia la legislación federal del trabajo y finalmente se promulgó la Ley Federal del Trabajo en 1931. En el ámbito educativo ocurrió otro acontecimiento fundamental: en 1929, después de un movimiento estudiantil, la Universidad Nacional obtuvo su autonomía mediante una nueva ley orgánica. Este proceso dio origen a la institución que posteriormente sería conocida como Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM. Por eso, aunque el Maximato estuvo marcado por la concentración del poder político, también fue una etapa en la que se produjeron transformaciones importantes en la organización del Estado y de la sociedad mexicana.
La cuestión agraria, en cambio, avanzó con mayor lentitud que durante otros momentos de la Revolución. El reparto de tierras fue objeto de fuertes debates y durante los primeros años de la década de 1930 el callismo adoptó una postura más restrictiva frente al reparto ejidal. Esta política cambiaría de manera significativa con Lázaro Cárdenas, quien impulsó una redistribución agraria mucho más amplia durante su gobierno.
También se produjo una transformación importante en la política económica y financiera. Durante estos años se consolidaron instituciones creadas poco antes, entre ellas el Banco de México, establecido en 1925, que desempeñó un papel central en la reorganización monetaria y financiera del país. El Estado mexicano continuó así construyendo instituciones destinadas a darle mayor estabilidad a la economía y a fortalecer su capacidad de intervención.
La relación entre Calles y Cárdenas comenzó de manera distinta a como terminaría. Cuando Cárdenas fue elegido candidato del PNR para las elecciones de 1934, muchos esperaban que continuara bajo la influencia del Jefe Máximo. Sin embargo, una vez en la Presidencia, Cárdenas fue construyendo una base política propia. Durante 1935 se intensificaron las diferencias entre ambos. Calles criticó diversas medidas del nuevo gobierno, particularmente las relacionadas con las huelgas y la política agraria, mientras Cárdenas reorganizaba su gabinete y alejaba progresivamente a los funcionarios identificados con el callismo.
Finalmente, el enfrentamiento llegó a su punto decisivo en 1936. Después de una creciente confrontación política y de nuevos conflictos que involucraron a grupos cercanos a Calles, Cárdenas decidió expulsarlo del país. El 10 de abril de 1936, Plutarco Elías Calles fue obligado a salir de México junto con algunos de sus colaboradores y enviado a Estados Unidos. Con ese acontecimiento terminó definitivamente el Maximato y quedó debilitada la posibilidad de que un expresidente ejerciera una autoridad política superior a la del presidente en funciones.
Así terminó una de las etapas más singulares de la historia política mexicana. El Maximato fue un periodo de transición entre el México dominado por los caudillos revolucionarios y un sistema político cada vez más institucionalizado y organizado alrededor de un partido nacional. La creación del PNR permitió canalizar muchas disputas políticas dentro de una estructura partidista, pero al mismo tiempo favoreció una fuerte concentración del poder.
El Maximato fue una etapa en la que México intentó dejar atrás la política de los caudillos mediante la creación de instituciones y un partido nacional, mientras uno de esos mismos caudillos conservaba una influencia extraordinaria sobre la vida política. El resultado fue una transición llena de contradicciones: se fortalecieron las instituciones, pero también se concentró el poder; se redujo el riesgo de nuevas rebeliones militares, pero aumentó el peso de una estructura política centralizada. Cuando Cárdenas expulsó a Calles en 1936, quedó claro que el centro del poder había cambiado. El presidente en turno ya no tendría que compartir su autoridad con el antiguo Jefe Máximo.
Referencias: