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Mariano Abasolo: de Dolores al Castillo de Santa Catalina

José Mariano Sixto Abasolo Rodríguez nació en Dolores, Guanajuato, en 1783 o 1784, en el seno de una familia acomodada y propietaria de tierras. Su vida comenzó muy lejos de parecerse a la de un revolucionario: pertenecía a un grupo social con recursos y, como muchos hombres de su posición, siguió la carrera militar dentro del ejército virreinal. Llegó a ser capitán del Regimiento Provincial de Dragones de la Reina, con presencia en San Miguel el Grande, donde entabló amistad con Ignacio Allende.

Abasolo participó en los movimientos que precedieron al levantamiento de 1810. Estuvo relacionado con la conspiración de Valladolid y posteriormente con la de Querétaro, donde coincidió con personajes como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y Josefa Ortiz de Domínguez. Su contribución fue especialmente importante en el aspecto económico y logístico, pues puso parte de su patrimonio al servicio de la conspiración y de las primeras fuerzas insurgentes.

Cuando las autoridades descubrieron la conspiración y los acontecimientos se precipitaron, Hidalgo convocó al levantamiento en Dolores durante la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Abasolo se incorporó al movimiento junto con Allende y Aldama. Desde ese momento pasó de ser un oficial del ejército virreinal a formar parte de la primera generación de dirigentes militares de la insurgencia.

Durante los primeros meses de la guerra acompañó a Hidalgo y a Allende en el avance por el Bajío. Participó en la toma de la Alhóndiga de Granaditas y posteriormente en la batalla del Monte de las Cruces, donde los insurgentes derrotaron a las fuerzas realistas. En Guanajuato, Hidalgo le encargó llevar al intendente José Antonio de Riaño el documento en el que se exigía la rendición de la ciudad. Más adelante recibió importantes ascensos dentro del ejército insurgente: en Celaya obtuvo el grado de mariscal y posteriormente, en Acámbaro, fue nombrado teniente general.

Su trayectoria, sin embargo, estuvo marcada por las contradicciones. Después de la derrota insurgente en Aculco, comenzó a mostrar dudas sobre la continuidad de la lucha y llegó a plantear la posibilidad de separarse del ejército y dirigirse hacia Estados Unidos. Incluso solicitó recursos para realizar el viaje, aunque finalmente permaneció con los insurgentes. Esta decisión se suele atribuir a las súplicas de su esposa, Manuela Rojas Taboada.

Abasolo continuó junto a los principales jefes insurgentes durante la retirada hacia el norte. Después de la derrota del Puente de Calderón, ocurrida el 17 de enero de 1811, el grupo buscó reorganizarse y conseguir apoyo en Estados Unidos. Sin embargo, el proyecto terminó abruptamente el 21 de marzo de 1811, cuando los insurgentes fueron traicionados y capturados en Acatita de Baján, en Coahuila. Abasolo fue llevado junto con Hidalgo, Allende y otros dirigentes a Chihuahua, donde comenzó un proceso judicial que terminaría definiendo su destino.

Mientras Hidalgo, Allende, Aldama y otros dirigentes fueron condenados a muerte, Abasolo consiguió evitar el fusilamiento. Su propia conducta durante los interrogatorios influyó en ello: intentó disminuir su responsabilidad en el movimiento y presentó su participación como resultado, en parte, de las presiones ejercidas por otros dirigentes. También proporcionó información sobre las actividades insurgentes. Su estrategia defensiva ha generado críticas y explica por qué su figura resulta mucho más controvertida que la de otros caudillos de la primera etapa de la Independencia. A ello se sumaron las gestiones de su esposa, Manuela Rojas Taboada, que buscó conseguir clemencia para él. Finalmente, la pena de muerte fue sustituida por prisión perpetua fuera de Nueva España.

Su supervivencia tuvo un precio muy alto. Abasolo fue enviado a España y terminó recluido en el Castillo de Santa Catalina, en Cádiz. Allí pasó sus últimos años como prisionero, lejos de su familia y de la tierra por la que había combatido. Murió el 14 de abril de 1816, cuando apenas tenía poco más de treinta años.

Mariano Abasolo fue un hombre de buena posición económica que arriesgó una parte importante de su patrimonio para apoyar la insurgencia; participó en acontecimientos fundamentales de los primeros meses de la guerra y alcanzó uno de los rangos militares más elevados entre los dirigentes insurgentes. Pero también tuvo dudas, intentó apartarse del conflicto y, una vez capturado, procuró salvar la vida mediante declaraciones que redujeron su responsabilidad. Fue reconocido como Benemérito de la Patria mediante el decreto del 19 de julio de 1823, junto con otros de los principales dirigentes insurgentes. Su nombre fue adoptado por una población de Guanajuato que hoy lleva el nombre de Abasolo.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (20 septiembre 2026). Mariano Abasolo: de Dolores al Castillo de Santa Catalina. Celeberrima.com. Última actualización el 20 septiembre 2026.