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León Tolstói: el aristócrata que renunció a todo

Biografía de León Tolstói

León Tolstói nació en una haciendas rusas del siglo XIX, rodeado de bosques, campos infinitos y un montón de sirvientes que cuidan de todo. Tolstói pasó de ser rico y algo perdido a convertirse en uno de los escritores más profundos y revolucionarios que ha dado la humanidad. Nació el 9 de septiembre de 1828 en Yasnaya Polyana, una finca familiar al sur de Moscú, en el seno de una familia aristocrática. Su mamá murió cuando él apenas tenía dos años y su papá lo dejó huérfano a los nueve, así que creció bajo el cuidado de tías y parientes, siempre recordaba con cariño a una prima de su tía. A pesar las pérdidas, Tolstói guardaba de su infancia recuerdos casi idílicos, como veranos jugando en la naturaleza que luego plasmó en sus primeros escritos, donde mezclaba realidad y nostalgia para contar la historia de un niño sensible que descubre el mundo.

De joven, como muchos muchachos de su clase social en esa época, Tolstói estudiaba derecho y lenguas orientales en la universidad de Kazán, pero lo dejó a medias porque le aburría el formalismo y prefería la vida despreocupada de fiestas, juegos y deudas de casino en Moscú y San Petersburgo. Lo tenía, dinero, título nobiliario, inteligencia, pero no sabía qué hacer con su energía y terminaba gastándola en tonterías. En 1851, harto de esa existencia vacía y con deudas acumuladas, se unió al ejército junto a su hermano mayor en el Cáucaso, combatió en la guerra de Crimea, vivió el sitio de Sebastopol y vio de cerca el horror de las batallas, los heridos y la muerte absurda. Esa experiencia lo transformó; escribió unos relatos crudos sobre la guerra que lo hicieron famoso de golpe, porque en lugar de glorificarla como un héroe de película, la mostraba tal cual: sucia y sin sentido.

Después de dejar el ejército, viajó por Europa, se casó con Sofía Andréyevna Behrs en 1862, una muchacha de dieciocho años hija de un médico de la corte, y juntos regresaron a Yasnaya Polyana para formar una familia, tuvieron trece hijos, aunque no todos sobrevivieron, y la vida parecía perfecta al principio. Él escribía en su estudio mientras ella copiaba manuscritos a mano una y otra vez. Entre 1863 y 1869, creó su obra cumbre, Guerra y paz, una novela monumental que mezcla batallas napoleónicas con las vidas íntimas de familias rusas, una novela histórica, pero con la profundidad de un filósofo. Luego vino Ana Karenina, entre 1875 y 1877, otra joya que disecciona el amor, el matrimonio, la sociedad y la infidelidad con honestidad. Eran libros que te hacían cuestionarte todo, desde por qué hacemos la guerra hasta cómo encontrar el sentido en el día a día.

Pero aquí viene el giro, alrededor de los cincuenta años, Tolstói entró en una crisis espiritual profunda, como si de repente se hubiera despertado en medio de su propia vida y se preguntara “¿y esto para qué?”. Empezó a rechazar el lujo de su clase, la iglesia oficial rusa y hasta el Estado, abrazando un cristianismo sencillo, pacifista y lleno de amor al prójimo. Se volvió vegetariano, aprendió a hacer zapatos como un campesino cualquiera, fundó escuelas para niños pobres en su finca y repartió tierras a los campesinos, aunque no siempre pudo hacerlo del todo por las leyes de la época. Escribió ensayos y cuentos como La muerte de Iván Ilich, donde muestra el vacío de una vida dedicada solo al éxito material, o Resurrección, que critica la hipocresía social. Su idea era que la verdadera felicidad estaba en vivir con simplicidad, sin violencia y ayudando a los demás, algo que influyó después a gente como Gandhi o Martin Luther King.

Claro que esa transformación no fue fácil. Su esposa Sofía, que había sido su gran compañera, no entendía del todo ese cambio radical y se generaron tensiones por el dinero, las propiedades y el futuro de la familia; Tolstói quería renunciar a todo, ella pensaba en los hijos. Como esa pareja que se quiere mucho, pero choca cuando uno decide cambiar las reglas del juego de la noche a la mañana. Al final, en noviembre de 1910, a los 82 años, harto de las discusiones y buscando paz, Tolstói escapó de casa en secreto en un tren. Cayó enfermo de neumonía en la estación de Astápovo y murió ahí mismo el 20 de noviembre, rodeado de admiradores y periodistas. Lo enterraron en Yasnaya Polyana, bajo un árbol sencillo, sin cruces ni pompas, tal como él había pedido.

Tolstói se atrevió a cuestionar el sistema y a vivir según sus convicciones, aunque le costara la familia, las comodidades y hasta la salud. Sus libros siguen vendiéndose y leyéndose porque no envejecen, te hablan de amor, guerra, familia y búsqueda de sentido. Tolstói nos enseña que lo que importa no es el título ni el dinero, sino cómo tratas a los demás y cómo vives.

Frases de León Tolstói

  1. Las lágrimas manan también a través del oro.
  2. El niño reconoce a la madre por la sonrisa.
  3. Vivir en contradicción con la propia razón es el estado más intolerable.
  4. En el sentimiento del amor existe algo singular capaz de resolver todas las contradicciones de la vida y de dar al hombre aquella felicidad total cuya consecución es el fin de la vida.
  5. Alimentarse de carne es un vestigio del primitivismo más grande. El paso al vegetarianismo es la primera consecuencia natural de la ilustración.
  6. A ojos del infinito, todo orgullo no es más que polvo y ceniza.
  7. Todo el mundo piensa en cambiar la humanidad, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
  8. El conocerse demasiado o demasiado poco, constituye un estorbo para el acercamiento de dos personas.
  9. Todos los males del mundo provienen de que el hombre cree que puede tratar a sus semejantes sin amor.
  10. La vida conyugal es una barca que lleva dos personas en medio de un mar tormentoso; si uno de los dos hace algún movimiento brusco, la barca se hundirá.
  11. En las historias de amor la felicidad es siempre igual, en cambio, cada desgracia tiene su fisonomía.
  12. Si un hombre aspira a vivir una vida más amorosa y espiritual, su primera decisión debería ser la de abstenerse de matar y comer animales.
  13. Sólo hay una manera de poner término al mal, y es el devolver bien por mal.
  14. El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.
  15. Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.
  16. El hombre puede vivir y estar sano sin que tenga que matar animales para alimentarse. Si come carne se hace culpable del asesinato de los animales, sólo para dar gusto a su propio paladar.
  17. Mientras nuestros cuerpos sean las tumbas vivientes de animales, ¿cómo podemos esperar alguna condición ideal en la tierra?
  18. Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si por ventura no se está muriendo de hambre.
  19. El amor es el bien real, el bien supremo que resuelve todas las condiciones de la vida, que no sólo hace desaparecer el espanto de la muerte, sino que mueve también al hombre a sacrificarse en bien de los otros.
  20. Es preciso creer en la posibilidad de la dicha para ser feliz.
  21. El error es la fuerza que une a los hombres; la verdad se le comunica a los hombres por medio de las acciones verdaderas.
  22. Madres, en vuestras manos tenéis la salvación del mundo.
  23. El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere sino en querer siempre lo que se hace.
  24. La única intención de la vida es servir al género humano.
  25. ¿Qué es el bien? No es más que amor.
  26. La historia sería algo maravilloso si fuera cierta.
  27. Son las mujeres quienes crean la opinión pública.
  28. Quien tiene dinero tiene en su bolsillo a quienes no lo tienen.
  29. ¿Qué edad hay mejor qué aquella en que las dos mejores virtudes, la alegría inocente y la necesidad de amar, eran las dos ruedas de la vida?
  30. ¡Qué triste era amar y odiar al mismo tiempo!
  31. ¡Todo es mal, injusticia, mentira y engaño!
  32. … donde termina el amor empieza el disgusto.
  33. Todas las familias dichosas se parecen unas a otras; cada familia infeliz es infeliz a su manera.
  34. No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás.
  35. No se puede ser bueno a medias.
  36. No hagáis el mal y no existirá.
  37. Opino que lo que se llama belleza, reside únicamente en la sonrisa.
  38. El arte es uno de los medios de comunicación entre los hombres.
  39. El verdadero amor supone siempre la renuncia a la propia comodidad personal.
  40. Decir que uno puede amar a una persona por toda una vida es como declarar que una vela puede mantenerse prendida mientras dure su existencia.
  41. Correr el hombre debe, y con brío hacerse grande por la ambición.
  42. La más poderosa arma de la ignorancia es el material impreso.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (02 abril 2026). León Tolstói: el aristócrata que renunció a todo. Celeberrima.com. Última actualización el 02 abril 2026.