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Junta de Zitácuaro: López Rayón y “la máscara de Fernando VII”

A mediados de 1811, la lucha por la independencia de la Nueva España atravesaba uno de sus momentos más difíciles. Miguel Hidalgo e Ignacio Allende habían sido capturados y ejecutados, y aunque el movimiento insurgente no había desaparecido, se encontraba dividido entre numerosos grupos y caudillos regionales que actuaban de manera independiente, sin una autoridad capaz de coordinar sus esfuerzos. En ese contexto, Ignacio López Rayón, abogado y militar que había sido secretario de Hidalgo y que después de la captura de los principales dirigentes asumió un papel destacado en la conducción de la insurgencia, comprendió que no bastaba con continuar combatiendo: también era necesario crear una estructura política que diera dirección y legitimidad al movimiento.

El 19 de agosto de 1811, en Zitácuaro, Michoacán, se instaló la Suprema Junta Nacional Americana, conocida posteriormente como Junta de Zitácuaro. El acta y la proclamación de su creación fueron difundidas públicamente unos días después, el 21 de agosto. Su propósito era remediar la desorganización existente y establecer una autoridad central capaz de coordinar la lucha, administrar justicia, organizar los recursos y representar políticamente a los insurgentes. Fue el primer intento institucional de establecer una autoridad central dentro del movimiento insurgente.

La Junta comenzó con tres vocales: Ignacio López Rayón, José María Liceaga y José Sixto Verduzco, y Rayón fue elegido presidente. Posteriormente se incorporó José María Morelos como cuarto vocal. Los integrantes recibieron también responsabilidades militares y se distribuyeron zonas de operaciones, con la intención de coordinar los distintos territorios donde actuaban los insurgentes.

Uno de los aspectos más interesantes de la Junta fue su relación con Fernando VII, el rey español que se encontraba prisionero de Napoleón Bonaparte. Los insurgentes afirmaban actuar en defensa de sus derechos y de la religión católica. Esta estrategia, conocida posteriormente como la “máscara de Fernando VII”, tenía una utilidad política: permitía presentar la rebelión como una defensa de los derechos de los americanos frente a las autoridades que gobernaban en ausencia del monarca, al mismo tiempo que facilitaba atraer a sectores que todavía no estaban preparados para apoyar una ruptura abierta con España. Sin embargo, mientras Rayón mantuvo durante un tiempo esta fórmula, Morelos fue avanzando hacia una posición mucho más clara a favor de la independencia absoluta.

La Junta también intentó construir las bases materiales y jurídicas de un gobierno. Organizó autoridades, buscó administrar los recursos disponibles y promovió la emisión de moneda insurgente. Además, durante su etapa en Sultepec contó con una imprenta desde la cual se publicaron periódicos y otros textos destinados a difundir las ideas de la insurgencia. Entre ellos destacó El Ilustrador Americano, que contribuyó a mantener la comunicación política y a defender públicamente la causa rebelde. La Junta utilizó la prensa como una herramienta de propaganda y de construcción de una nueva cultura política.

Uno de los proyectos más importantes relacionados con la Junta fueron los Elementos Constitucionales, redactados por Ignacio López Rayón en 1812. El documento, compuesto por 38 artículos, proponía principios para organizar un futuro gobierno y planteaba cuestiones que tendrían una enorme importancia en la historia constitucional mexicana. Entre sus propuestas estaban la división de poderes, la libertad de imprenta en determinados ámbitos, la prohibición de la esclavitud y de la tortura y la idea de que la soberanía tenía su origen en el pueblo. Al mismo tiempo, el proyecto todavía reconocía a Fernando VII como titular de la soberanía, lo que muestra la etapa de transición en la que se encontraba el pensamiento político insurgente.

Las autoridades virreinales comprendieron que aquella institución representaba algo más peligroso que un simple grupo de combatientes: los insurgentes estaban intentando crear un gobierno alternativo. Félix María Calleja decidió acabar con ese centro político y lanzó una campaña contra Zitácuaro. El 2 de enero de 1812, las fuerzas realistas atacaron la población y obligaron a los insurgentes a abandonarla. Posteriormente, por órdenes de Calleja, Zitácuaro fue incendiada y destruida como castigo por haber albergado a la Junta.

Sin embargo, los integrantes de la Junta evitaron ser capturados. La administración insurgente pasó por distintas localidades, entre ellas Tlalchapa y Sultepec, donde continuó desarrollando actividades políticas, militares y de propaganda. Este carácter itinerante refleja una de las principales dificultades de la insurgencia: intentaba construir instituciones estables mientras era perseguida constantemente por un ejército que controlaba las principales ciudades y centros administrativos.

Al mismo tiempo, comenzaron a crecer las diferencias entre los propios dirigentes insurgentes. La Junta nunca consiguió que todos los jefes rebeldes reconocieran su autoridad y, con el paso del tiempo, las discrepancias sobre el mando y sobre el rumbo político se hicieron cada vez más profundas. Morelos, que inicialmente había aceptado incorporarse a la Junta, terminó considerando insuficiente la fórmula política de mantener la referencia a Fernando VII. Para él, la lucha debía avanzar hacia una independencia plena. Estas diferencias contribuyeron a debilitar la autoridad de la Junta y fueron una de las razones que llevaron a Morelos a convocar al Congreso de Chilpancingo.

El Congreso de Chilpancingo fue inaugurado el 14 de septiembre de 1813. Dos meses después, el 6 de noviembre, el Congreso expidió el Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional, dando un paso mucho más contundente que los primeros planteamientos de la Junta. Finalmente, el 18 de septiembre de 1813, la Junta de Zitácuaro fue disuelta oficialmente.

La Junta de Zitácuaro nació en medio de una guerra, careció de un control territorial amplio y sufrió fuertes divisiones internas. Su desaparición no significó que hubiera sido inútil. Por el contrario, la Junta de Zitácuaro representó uno de los primeros esfuerzos de los insurgentes por pasar de una rebelión militar fragmentada a la construcción de una autoridad política.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (13 septiembre 2026). Junta de Zitácuaro: López Rayón y “la máscara de Fernando VII”. Celeberrima.com. Última actualización el 13 septiembre 2026.