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¿Quién fue Jonathan Swift?
Jonathan Swift nació el 30 de noviembre de 1667 en Dublín, Irlanda, en una familia de origen inglés. Su padre, que también se llamaba Jonathan, era un abogado que murió unos meses antes de que él naciera, dejando a su madre, Abigail, con una hija pequeña y con Jonathan en camino. De modo que llegó al mundo en medio de la incertidumbre económica, por lo que creció dependiendo de la generosidad de sus tíos, especialmente Godwin.
A los seis años lo mandaron a la mejor escuela de Irlanda en ese entonces, Kilkenny College, donde estudió latín y conoció a personas como el dramaturgo William Congreve. Luego, entró a Trinity College en Dublín en 1682. Fue un estudiante rebelde, pero se graduó de bachiller en 1686. Esos años de juventud coincidieron con la Revolución Gloriosa de 1688, por lo que Swift, como muchos protestantes, se fue a Inglaterra buscando estabilidad.
Allá se convirtió en secretario de Sir William Temple, un diplomático retirado que vivía en una propiedad en Moor Park. Temple tenía una biblioteca enorme, y Swift devoró libros mientras le ayudaba a escribir memorias y cartas. Para él, fue un aprendizaje intensivo de política, historia y escritura. Allí conoció a Esther Johnson, una niña de unos ocho años, hija de la ama de llaves de la familia. Swift se convirtió en su tutor y mentor, y le llamaba cariñosamente “Stella”. Esa amistad duraría toda la vida, algunos piensan que se casaron en secreto, otros que solo fue una amistad. Lo cierto es que Swift siempre la protegió y mantuvo correspondencia con ella.
Durante esos años en Moor Park, Swift también lidiaba con problemas de salud. Sufría de vértigos y mareos fuertes, probablemente por la enfermedad de Ménière, que a veces lo dejaba incapacitado. Viajó de vuelta a Irlanda un par de veces, se ordenó sacerdote anglicano en 1695 y tuvo un primer puesto en una parroquia remota en Kilroot, cerca de Belfast, donde se sintió aislado. No duró mucho ahí y regresó con Temple.
Cuando Temple murió en 1699, Swift volvió a Irlanda como capellán de un lord y poco a poco fue subiendo en la jerarquía de la Iglesia. Se instaló en Laracor, donde atendía a una congregación diminuta, lo que le daba tiempo para escribir. En 1704, publicó Cuento de un tonel, una sátira contra las corrupciones en la religión y el saber humano, llena de parodias y humor negro. También escribió La batalla de los libros, defendiendo a los autores antiguos frente a los modernos.
Al principio simpatizaba con los Whigs, pero su lealtad a la Iglesia anglicana lo acercó a los Tories cuando estos llegaron al poder en 1710. Se volvió un escritor político influyente, editando el periódico The Examiner y publicando panfletos como The Conduct of the Allies. Era amigo de grandes figuras literarias como Alexander Pope y John Gay.
En 1713, fue nombrado decano de la Catedral de San Patricio en Dublín, un puesto importante que mantuvo hasta su muerte. Cuando los Tories cayeron y los Whigs regresaron al poder, Swift se sintió decepcionado y se enfocó más en defender a Irlanda con su ingenio. Inglaterra imponía impuestos y restricciones comerciales a Irlanda. En 1724, publicó las Drapier’s Letters, cartas firmadas como un humilde fabricante de telas que denunciaban que el gobierno británico le otorgó una patente real a un empresario llamado William Wood para acuñar y emitir monedas de cobre que circularían en Irlanda, pero la calidad y el peso del metal de estas monedas eran inferiores a su valor nominal, por lo que el proyecto desestabilizaría la economía irlandesa. Swift se volvió un héroe para muchos irlandeses.
En 1726, publicó la que tal vez es su obra más famosa: Los viajes de Gulliver. Una historia llena de aventura y viajes exóticos, que narra que un tipo llega a una isla de gente diminuta, otra de gigantes, una de científicos locos y una de caballos sabios, pero que, en realidad, es una sátira sobre la naturaleza humana, la política, la guerra y la sociedad.
Dos años después, en 1729, publicó Una modesta proposición, en esta sátira propone que los pobres de Irlanda vendan a sus hijos como comida para los ricos ingleses, para solucionar el hambre y la sobrepoblación, claramente no propone tal cosa, sino que es una crítica a la indiferencia de los poderosos ante la miseria irlandesa. La idea, muy absurda por cierto, hacer ver lo cruel que era la realidad.
En sus últimos años, su salud empeoró y sufrió demencia. Murió el 19 de octubre de 1745 en Dublín, a los 77 años. Lo enterraron en San Patricio. Dejó dinero para fundar un hospital para enfermos mentales. Swift era un observador agudo de la estupidez humana y un defensor de los débiles con pluma en mano.
Frases de Jonathan Swift
- Todos los momentos de placer se hallan contrapesados por un grado igual de dolor o de tristeza.
- Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven.
- Alabar es la fórmula que nunca falla al que quiere perder enemigos.
- La razón de que haya tan pocos matrimonios felices es porque las muchachas se entretienen en tender redes, más que en hacer jaulas.
- Nada es constante en este mundo sino la inconstancia.
- La libertad de conciencia se entiende hoy día, no sólo como la libertad de creer lo que uno quiera, sino también de poder propagar esa creencia.
- Cuando leo un libro, ya sea fatuo o sabio, parece que estuviera vivo y me hablara.
- Todo el mundo quisiera vivir largo tiempo, pero nadie querría ser viejo.
- ¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!
- Cuando el diablo está satisfecho, es una buena persona.
- Un hombre nunca debe avergonzarse por reconocer que se equivocó, que es tanto como decir que hoy es más sabio de lo que fue ayer.
- La mayoría de las personas son como alfileres: sus cabezas no son lo más importante.
- Visión es el arte de ver las cosas invisibles.
- Los mejores médicos del mundo son: el doctor dieta, el doctor reposo y el doctor alegría.
- Tenemos bastante religión como para odiarnos, pero no suficiente como para amarnos.
- A menudo me pregunto quién sería ese tonto que inventó el beso.
- El poder arbitrario constituye una tentación natural para un príncipe, como el vino o las mujeres para un hombre joven, o el soborno para un juez, o la avaricia para el viejo, o la vanidad para la mujer.
- La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse.
- El pan es el sostén de la vida.
- Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.
- La censura es el impuesto que paga el hombre a la sociedad por ser eminente.
Referencias: