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La historia de John Logie Baird y su televisor

John Logie Baird, ingeniero e inventor escocés, fue uno de los hombres que contribuyó decisivamente al desarrollo de la televisión. Nació el 13 de agosto de 1888 en Helensburgh, Escocia. Su padre era ministro de la Iglesia de Escocia. Desde joven mostró una enorme curiosidad por las máquinas y la electricidad. Construyó pequeños dispositivos para experimentar con la comunicación y se interesó por todo aquello que pudiera transformar una idea en un aparato real. Su salud fue frágil durante buena parte de su vida y no fue considerado apto para el servicio militar durante la Primera Guerra Mundial.

Baird tuvo varios proyectos comerciales, algunos de ellos poco exitosos. Entre sus inventos se encontraba incluso un producto destinado a mantener calientes los pies, pero su verdadera obsesión terminaría siendo mucho más ambiciosa: conseguir que una imagen pudiera viajar de un lugar a otro de manera semejante a como ya lo hacía la voz mediante el teléfono.

La idea de transmitir imágenes a distancia no había comenzado con Baird. Desde finales del siglo XIX, distintos científicos e inventores habían intentado resolver el problema. El desafío era enorme: había que convertir una imagen en señales eléctricas, enviarlas a distancia y después reconstruirlas de tal manera que el ojo humano pudiera reconocer nuevamente la imagen. Baird decidió explorar una solución mecánica. Su sistema utilizaba el llamado disco de Nipkow, un disco giratorio con pequeños orificios dispuestos en espiral. Al girar rápidamente, esos orificios permitían explorar una imagen línea por línea. Las variaciones de luz se transformaban en señales eléctricas que podían enviarse a un receptor y reconstruirse allí.

Sus primeros equipos eran rudimentarios y estaban construidos con recursos muy limitados. Baird aprovechaba materiales disponibles y piezas de desecho para fabricar sus prototipos. El resultado inicial estaba muy lejos de parecerse a un televisor moderno: las imágenes eran diminutas, borrosas y de muy baja resolución. Sin embargo, lo importante era que podía percibirse una imagen en movimiento.

En 1925 consiguió avances decisivos. Primero logró mostrar siluetas en movimiento y realizó una demostración pública en los almacenes Selfridges de Londres. Poco después llegó uno de los momentos más famosos de su carrera. En octubre de 1925 consiguió reproducir la imagen de una cabeza de muñeco de ventrílocuo, conocida como Stooky Bill. El experimento le permitió comprobar que su sistema podía producir algo más que simples sombras.

Entonces necesitaba probarlo con una persona real. Baird convenció a William Taynton, un joven empleado que trabajaba en el edificio, para que se colocara frente al dispositivo. La experiencia no era precisamente cómoda: las intensas luces y el calor del equipo hacían difícil permanecer frente al transmisor. Baird pagó a Taynton dos chelines y seis peniques por permanecer en posición durante el experimento. Finalmente, la imagen de un rostro humano apareció en el receptor. Aquello representó un enorme avance: por primera vez Baird había conseguido reproducir de manera reconocible la imagen de una persona mediante su sistema.

El gran momento llegó el 26 de enero de 1926. En su laboratorio de Frith Street, en el barrio londinense de Soho, Baird presentó su sistema ante miembros de la Royal Institution y un periodista de The Times. Las imágenes tenían apenas unas 30 líneas de definición y eran extremadamente pequeñas y rudimentarias comparadas con las pantallas actuales, pero mostraban algo extraordinario para la época: movimiento y diferentes niveles de luminosidad que permitían reconocer un rostro. El equipo utilizado en aquella demostración se conserva actualmente en las colecciones del Science Museum. Baird ayudó a transformar la televisión de una posibilidad teórica a una tecnología experimental.

A partir de entonces, los avances fueron rápidos. En 1927 Baird consiguió transmitir imágenes de televisión mediante una línea telefónica entre Londres y Glasgow, cubriendo una distancia de aproximadamente 438 millas, unos 705 kilómetros. En 1928 alcanzó otro hito extraordinario: consiguió transmitir imágenes a través del Atlántico. Las señales partieron de Londres, pasaron por una estación de retransmisión en Coulsdon, cerca de Londres, y posteriormente fueron enviadas mediante radio de onda corta hasta Hartsdale, Nueva York. El 9 de febrero de 1928 quedó registrado este acontecimiento como la primera transmisión televisiva transatlántica.

El 3 de julio de 1928 realizó una demostración de televisión en color utilizando un sistema mecánico basado en filtros de colores. También experimentó con televisión estereoscópica, es decir, con imágenes que buscaban producir una sensación de profundidad semejante a lo que hoy conocemos como televisión en 3D. En 1929 la BBC comenzó a utilizar su sistema de 30 líneas para realizar emisiones experimentales. Posteriormente, ese sistema se empleó en el servicio inicial de televisión de la BBC.

Sin embargo, mientras Baird perfeccionaba su televisión mecánica, otros investigadores desarrollaban sistemas completamente electrónicos. Estos utilizaban tecnologías como los tubos de rayos catódicos y terminarían ofreciendo imágenes mucho más estables y de mayor definición.

En 1936, la BBC comenzó un servicio de televisión de alta definición utilizando dos sistemas diferentes, uno de ellos relacionado con Baird y otro desarrollado por Marconi-EMI. La comparación terminó favoreciendo al sistema electrónico. En 1937 la BBC abandonó el sistema de Baird y adoptó definitivamente el sistema electrónico de 405 líneas. Una invención puede ser revolucionaria y, tiempo después, terminar siendo sustituida por una solución técnicamente superior.

Pero Baird no dejó de experimentar. Continuó trabajando en distintas formas de televisión y desarrolló proyectos relacionados con la grabación de imágenes, las transmisiones en color, la televisión estereoscópica y la visión mediante infrarrojos. También desarrolló sistemas para registrar señales de televisión en discos, una idea que anticipaba de manera rudimentaria algo que décadas después se convertiría en una característica fundamental de los medios audiovisuales: la posibilidad de conservar y reproducir una transmisión.

En 1944 presentó Telechrome. Un sistema diferente de los televisores en color que acabarían dominando el mercado, pero demostraba que Baird seguía buscando soluciones incluso después de que su primer sistema mecánico hubiera sido superado. Su trayectoria muestra una característica común entre muchos grandes inventores: no se aferró a una única máquina, continuó buscando nuevas posibilidades.

John Logie Baird murió el 14 de junio de 1946 en Bexhill-on-Sea, Inglaterra, a los 57 años. No llegó a contemplar la enorme expansión de la televisión doméstica que tendría lugar después de la Segunda Guerra Mundial ni el desarrollo de las pantallas electrónicas en color que transformarían la vida cotidiana. Aunque su sistema mecánico no fue el que terminó dominando la televisión, ayudó a abrir el camino. Su historia es la de un pionero que ayudó a transformar la idea de ver a distancia en una realidad.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (22 agosto 2026). La historia de John Logie Baird y su televisor. Celeberrima.com. Última actualización el 22 agosto 2026.