El Internet de Todo (IoE, Internet of Everything) es un concepto desarrollado y difundido especialmente por Cisco a comienzos de la década de 2010. La empresa lo planteó como una evolución de la conectividad en la que cuatro elementos —personas, procesos, datos y cosas— trabajan conjuntamente para transformar la información en decisiones, servicios y acciones útiles.
La diferencia con el Internet de las Cosas (IoT) ayuda a entender mejor la idea. El IoT se refiere fundamentalmente a la conexión de objetos físicos capaces de recopilar, intercambiar y utilizar información. Un termostato que mide la temperatura, una máquina industrial que informa sobre su estado o un vehículo que transmite datos son ejemplos representativos. El IoE pretende ampliar ese escenario: además de conectar objetos, incorpora a las personas, los procesos que organizan las actividades y los datos que circulan entre todos esos elementos. Dentro de la visión de Cisco, el IoT puede entenderse como una parte del IoE, no como conceptos completamente independientes.
Por ejemplo, supongamos una casa equipada con iluminación, sensores de temperatura, cámaras y electrodomésticos conectados. Eso sería, en buena medida, un entorno IoT. Ahora añadamos información sobre quién está en casa, los horarios de sus habitantes, las condiciones meteorológicas, el consumo de energía y determinadas reglas de funcionamiento. El sistema podría utilizar toda esa información para ajustar automáticamente la temperatura, administrar la iluminación, optimizar el consumo energético o enviar una alerta cuando detecte una situación anormal. La diferencia fundamental está en conseguir que las conexiones entre personas, objetos, datos y procesos produzcan resultados útiles.
Esta lógica puede aplicarse prácticamente a cualquier ámbito. En una ciudad, por ejemplo, los sensores instalados en calles y vehículos pueden combinarse con información sobre tráfico, transporte público, clima y movilidad para mejorar la gestión urbana. En una fábrica, las máquinas pueden proporcionar datos sobre vibraciones, temperatura o desgaste; esos datos pueden analizarse para anticipar una avería, programar mantenimiento y reducir interrupciones de la producción. En un hospital, dispositivos portátiles pueden registrar determinadas variables de un paciente y ponerlas a disposición de profesionales autorizados para facilitar un seguimiento más continuo. En todos estos casos, el valor no está simplemente en recopilar información, sino en utilizarla dentro de procesos capaces de generar una respuesta.
La agricultura ofrece otro ejemplo especialmente interesante. Hoy existen sistemas de agricultura de precisión que combinan sensores del suelo, información meteorológica, imágenes obtenidas mediante satélites o aeronaves y sistemas automatizados de riego. Con ello es posible aplicar agua o fertilizantes de manera más localizada y ajustar las decisiones a las condiciones del cultivo. Algo parecido ocurre con la ganadería: existen sistemas basados en dispositivos portátiles y sensores que permiten vigilar el comportamiento, la salud o los ciclos reproductivos del ganado y enviar información a los responsables.
El IoE también permite imaginar escenarios mucho más pequeños y sofisticados. Uno de ellos es el concepto de “polvo inteligente” (smart dust), expresión utilizada para describir redes de sensores extremadamente pequeños, concebidos para detectar determinadas condiciones del entorno y comunicarlas de forma inalámbrica. La investigación sobre esta idea se remonta a décadas atrás y ha explorado la posibilidad de fabricar sistemas diminutos capaces de funcionar como nodos de sensores.
Tradicionalmente, muchos sistemas enviaban los datos a servidores remotos o a la nube para procesarlos. El procesamiento en el borde consiste en realizar parte de ese trabajo más cerca del lugar donde se generan los datos, por ejemplo, dentro de un dispositivo, una máquina, una instalación local o un servidor cercano. Esto puede reducir la latencia, disminuir el volumen de información que necesita viajar hasta centros de datos remotos y facilitar respuestas rápidas. En determinadas aplicaciones, los tiempos de respuesta pueden situarse en unos pocos milisegundos o incluso por debajo de un milisegundo. La velocidad depende del dispositivo, la red, el procesamiento requerido y las características de la aplicación.
La cantidad de información involucrada en esta transformación también es enorme. A medida que aumentan los dispositivos, sensores y sistemas digitales, crece rápidamente la cantidad de datos que deben almacenarse, transportarse y analizarse. La expansión de dispositivos conectados está impulsando una cantidad de información que exige nuevas formas de procesamiento y gestión.
Una de las ideas más interesantes es la posibilidad de obtener información de objetos que antes permanecían prácticamente “invisibles” desde el punto de vista digital. Un puente puede incorporar sensores para detectar vibraciones o cambios estructurales; una red de agua puede utilizar sensores para localizar fugas; un sistema de iluminación urbana puede proporcionar información sobre su propio funcionamiento; y un campo agrícola puede registrar continuamente variables relacionadas con el suelo y el clima. Un objeto que antes simplemente existía físicamente puede convertirse en una fuente de información para tomar decisiones.
Incluso los ejemplos más sorprendentes ayudan a comprender la amplitud del concepto. En el ámbito urbano se han desarrollado sistemas de iluminación y otras infraestructuras capaces de incorporar sensores y conectividad para recopilar información ambiental, mejorar la gestión de servicios o apoyar determinadas funciones de seguridad.
La relación entre tecnología y cuerpo humano también abre posibilidades que hace algunos años parecían propias de la ciencia ficción. Los relojes y otros dispositivos portátiles ya permiten registrar determinadas variables fisiológicas, mientras que la investigación continúa explorando textiles electrónicos, sensores corporales e implantes capaces de recopilar o transmitir información. Las nuevas tecnologías pueden convertir determinadas partes del entorno humano o del propio cuerpo en fuentes y puntos de interacción con sistemas digitales.
Todo esto plantea una cuestión fundamental: cuanto mayor sea la cantidad de elementos conectados, mayor será también la responsabilidad de protegerlos. La privacidad constituye uno de los grandes desafíos porque muchos sistemas pueden recopilar información sobre movimientos, hábitos, ubicaciones, preferencias, condiciones ambientales o determinadas características fisiológicas. A esto se suma la ciberseguridad. Una vulnerabilidad en un dispositivo doméstico puede resultar molesta, pero una vulnerabilidad en sistemas industriales, redes eléctricas, hospitales, vehículos o infraestructura urbana podría tener consecuencias mucho más serias. Por ello, la expansión de la conectividad debe ir acompañada de autenticación, cifrado, actualización de dispositivos, control de acceso, protección de datos y mecanismos adecuados de supervisión.
Otro desafío es conseguir que tecnologías diferentes puedan trabajar juntas. Un dispositivo puede utilizar un determinado protocolo, otro puede pertenecer a una generación tecnológica distinta y un tercero puede emplear una plataforma propietaria. Si todos deben intercambiar información, se necesitan estándares, interfaces y arquitecturas que permitan la interoperabilidad. De poco sirve tener miles de sensores si los datos que producen no pueden integrarse, interpretarse y utilizarse correctamente.
El Internet de Todo es una manera de describir un ecosistema en el que personas, objetos, datos y procesos están cada vez más interrelacionados. Su importancia no reside únicamente en conectar una cantidad creciente de cosas, sino en utilizar esas conexiones para transformar información en conocimiento y este último en acciones. Esa transformación puede contribuir a administrar mejor una fábrica, ahorrar agua en una granja, detectar oportunamente un problema de salud, mejorar la movilidad urbana o hacer más eficiente el consumo de energía. ¿Qué seremos capaces de hacer cuando esas conexiones funcionen de manera coordinada, segura y útil? El potencial del Internet de Todo está en conseguir que la información que producen las personas, las máquinas y su entorno pueda convertirse, de manera responsable, en mejores decisiones.
Referencias:
- The Internet of Everything is the Internet of Today – Cisco Blogs
- MWC 2013: IoE and the Evolving Mobile Architecture – Cisco Blogs
- Entering a New Era: Introducing the Internet of Everything – Cisco Canada Blog
- Introducing Cisco ONE Enterprise Networks Architecture Supporting the Internet of Everything – Cisco Blogs
- Answering the Two Most-Asked Questions About the Internet of Everything #IoE – Cisco Blogs
- The Internet of Everything: Creating Better Experiences in Unimaginable Ways – Cisco Blogs
- Securing the Internet of Everything: An Introduction – Cisco Blogs
- IoE – The Technology Transition of All Transitions – Cisco Blogs