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Biografía de Hippolyte Taine
Hippolyte Adolphe Taine fue un tipo brillante, curioso y un poco rebelde. Nació el 21 de abril de 1828 en Vouziers, un pueblito de las Ardenas francesas, en una familia de clase media. Perdió a su padre cuando apenas tenía doce años, y se mudó con su madre a París, donde se convirtió en un estudiante en el Collège Bourbon y luego en la prestigiosa École Normale Supérieure. A los quince había perdido la fe cristiana y se fascinaba con ideas de filósofos como Spinoza y Hegel.
En lugar de aceptar las cosas porque sí, siempre preguntaba “¿y por qué pasó esto?”. En 1851, cuando intentaba obtener su título en filosofía, el jurado lo reprobó porque sus ideas chocaban con la moda del momento, que era más espiritual y menos científica. No se rindió; siguió estudiando, obtuvo su doctorado en letras en 1853 con una tesis sobre las fábulas de La Fontaine, que luego pulió y publicó, y empezó a ganarse la vida dando clases particulares, escribiendo artículos para revistas y viajando un poco, como cuando fue a los Pirineos y escribió un libro de viajes que ya dejaba entrever su obsesión por cómo el entorno moldea a las personas.
Lo que lo hizo famoso fue su método, decía que todo —un poema, una pintura, una nación entera— se explica por tres cosas que funcionan como los ingredientes de una receta. Primero, la herencia de carácter y temperamento que viene de familia y pueblo, como cuando ves que los niños de una misma casa comparten gestos o formas de pensar. Segundo, el “medio”, o sea el ambiente físico, social y geográfico donde crecen, igual que una planta que crece torcida si el viento siempre sopla del mismo lado. Y tercero, el “momento”, que es la época histórica y las circunstancias del tiempo, como el clima cultural de una generación. Con este trío, Taine analizaba todo de manera científica, sin misterios, quería que la crítica literaria y el estudio del arte fueran tan precisos como la biología o la física.
En 1863, publicó su Historia de la literatura inglesa, un bombazo en cuatro tomos donde aplicó esto a Shakespeare, a los poetas y a toda la tradición británica, y ahí explicó su método en la introducción, como si le estuviera contando a un amigo cómo leer un libro no solo por el talento del autor, sino por el mundo que lo rodeaba. Eso lo catapultó, lo nombraron profesor de estética e historia del arte en la Escuela de Bellas Artes de París en 1864, donde dio clases durante veinte años que luego se resumieron en libros como Filosofía del arte, donde explicaba cómo el arte cambia si estás en la Grecia antigua, en la Italia del Renacimiento o en los Países Bajos, siempre con ejemplos cotidianos de cómo el entorno, la política y la época moldean el pincel de un pintor.
En 1870, publicó De la inteligencia, dos tomos donde aplicó el mismo enfoque a la psicología, quería estudiar la mente humana como un científico, mirando experimentos, casos patológicos y bases fisiológicas. Imagina que en lugar de decir “el alma es misteriosa”, él decía “vamos a ver cómo funciona el cerebro con datos reales”, y eso lo convirtió en uno de los pioneros de la psicología moderna.
La derrota de Francia contra Prusia en 1870-1871 lo marcó profundamente, como a muchos de su generación. Vio que su país estaba enfermo por dentro y se puso a investigar las raíces históricas de ese mal en su obra más ambiciosa, Los orígenes de la Francia contemporánea, que lo ocupó hasta casi el final de su vida. En ella diseccionó el Antiguo Régimen, la Revolución Francesa y el régimen moderno con el mismo bisturí científico, criticaba cómo la centralización excesiva venía de lejos y cómo la Revolución, en vez de traer libertad, había pasado el poder absoluto a manos aún más rígidas. No era un conservador, pero sí un observador que usaba hechos para explicar por qué Francia había llegado a ese punto, y eso generó polémicas porque chocaba con la versión romántica que muchos tenían de la Revolución.
En medio de todo eso, se casó, en 1868, con Thérèse Denuelle, tuvieron dos hijos. Viajó a Inglaterra, Italia y Alemania, escribió notas de viaje llenas de observaciones agudas y fue concejal en el pueblito de Menthon-Saint-Bernard, donde tenía una casa para descansar. En 1878, entró a la Academia Francesa. Murió el 5 de marzo de 1893 en París, a los 64 años.
Taine inspiró el naturalismo literario, el movimiento donde Émile Zola y otros escribían mostrando cómo el entorno y la herencia determinan el destino de los personajes. Taine nos enseñó a mirar el mundo con curiosidad científica.
Frases de Hippolyte Taine
- El arte es como el naranjo que precisa un suelo y un clima adecuados para florecer y dar frutos.
- Nada tan peligroso como una idea amplia en cerebros estrechos.
- El hambre suele producir poemas inmortales. La abundancia, únicamente indigestiones y torpezas.
- La mujer se casa para entrar a la vida social; el hombre, para salir de ella.
- No es con una idea como se levanta a un hombre, sino con un sentimiento.
Referencias: