En un rincón escarpado de la Sierra de Comanja, en el actual estado de Jalisco y muy cerca de los límites con Guanajuato, se encuentra el Cerro del Sombrero, llamado así porque sus tres elevaciones principales recuerdan la forma de un antiguo sombrero de tres picos o tricornio. El lugar está aproximadamente a una veintena de kilómetros de León y a unos doce kilómetros de Lagos de Moreno, y su accidentado relieve, formado por barrancas, pendientes y desfiladeros, lo convirtió en una posición defensiva extraordinaria. Allí se levantó uno de los principales bastiones de la resistencia insurgente durante la Guerra de Independencia: el Fuerte del Sombrero.
La historia del fuerte comenzó en 1814, cuando Pedro Moreno, hacendado de la región de Lagos de Moreno y decidido partidario de la causa insurgente, organizó una fuerza con campesinos, familiares y otros habitantes de la zona. En lugar de construir una fortaleza convencional, sus hombres aprovecharon las características naturales del cerro y las reforzaron con murallas, parapetos, refugios y otras obras defensivas. También construyeron aljibes y espacios destinados al campamento y al almacenamiento de municiones.
Durante años, el fuerte sirvió como refugio para combatientes y también para mujeres, niños, enfermos y heridos que acompañaban a los insurgentes. En su momento de mayor actividad llegó a albergar a varios cientos de personas. La defensa militar estaba a cargo de Pedro Moreno y contaba con una artillería modesta: se mencionan 17 cañones, muchos de ellos antiguos y en malas condiciones. Aun así, la posición natural del cerro compensaba en buena medida la escasez de armamento, pues aproximarse al fuerte por sus barrancas y pendientes resultaba extremadamente difícil.
La situación cambió decisivamente en junio de 1817, cuando llegó a la región Francisco Xavier Mina, militar español de origen navarro que había venido a Nueva España para combatir contra el absolutismo de Fernando VII y apoyar la causa insurgente. Mina llegó al Fuerte del Sombrero en junio y se unió a Pedro Moreno. La colaboración entre ambos fue particularmente significativa: un insurgente mexicano y un militar español que luchaba contra el gobierno absolutista de su propio país terminaron combatiendo juntos por la independencia de México. Desde entonces, el fuerte se convirtió en una de las principales bases de operaciones de ambos.
La alianza tuvo algunos éxitos militares importantes, pero también provocó una reacción cada vez más fuerte de las autoridades virreinales. A finales de julio de 1817, el mariscal Pascual de Liñán concentró sus tropas alrededor del cerro y comenzó el sitio. Las fuentes hablan de una fuerza muy superior a la guarnición insurgente, que apenas rondaba los 650 combatientes.
El asedio se prolongó durante aproximadamente tres semanas. El 4 de agosto, los realistas intentaron un ataque directo contra las posiciones insurgentes, pero fueron rechazados con fuertes pérdidas. La resistencia demostró nuevamente que el terreno y las defensas del Sombrero podían convertir el asalto en una tarea muy costosa. Sin embargo, la fortaleza tenía un enemigo que no podía detener con cañones: la falta de agua y alimentos. A medida que avanzaban los días, los defensores quedaron cada vez más debilitados y las posibilidades de recibir ayuda desde el exterior se redujeron.
La crisis llegó a su punto culminante entre el 19 y el 20 de agosto. Los insurgentes decidieron abandonar el fuerte e intentar romper el cerco durante la noche. La evacuación se convirtió en una escena de enorme confusión y violencia. Algunos consiguieron escapar aprovechando la oscuridad y las barrancas, entre ellos Pedro Moreno; otros fueron muertos o capturados. Rita Pérez, esposa de Moreno, y sus hijos se encontraban entre quienes fueron apresados y posteriormente trasladados a prisión.
Cuando las tropas de Liñán ocuparon el fuerte el 20 de agosto, encontraron a numerosos heridos y prisioneros. Alrededor de 200 fueron fusilados por orden de Liñán, pero antes se les obligó a participar en la demolición de las instalaciones. El propio Liñán ordenó destruir el fuerte para impedir que volviera a convertirse en una base insurgente.
La caída del Fuerte del Sombrero tampoco significó el final de la lucha de sus principales dirigentes. Pedro Moreno consiguió sobrevivir y continuó combatiendo junto con Mina. Sin embargo, el 27 de octubre de 1817 ambos fueron sorprendidos en el rancho de El Venadito. Moreno murió durante el combate y Mina fue capturado. Dos semanas después, el 11 de noviembre, Xavier Mina fue fusilado en el Cerro del Bellaco, frente al Fuerte de los Remedios. De esta manera, en menos de tres meses, la insurgencia perdió a dos de los protagonistas que habían convertido al Fuerte del Sombrero en uno de sus principales centros de resistencia.
Hoy, el sitio conserva un obelisco conmemorativo levantado en 1927 en memoria de quienes participaron en aquella lucha. El Fuerte del Sombrero fue una comunidad improvisada en medio de la montaña, un refugio para familias y combatientes y, al mismo tiempo, una posición militar capaz de resistir durante semanas a una fuerza mucho mayor.
Referencias: