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¿Quién fue Epicuro?
Epicuro fue un filósofo griego nacido alrededor del año 341 a.C. en la isla de Samos. Pasó su infancia y adolescencia en Samos hasta que, tras la expulsión de los colonos atenienses, su familia se refugió en Colofón. A los catorce años comenzó su formación filosófica en la ciudad de Teos bajo la guía de Nausífanes, discípulo del atomista Demócrito, con quien Epicuro desarrolló una influencia fundamental para su pensamiento. A los dieciocho años se trasladó a Atenas, y luego realizó viajes a diversas ciudades como Colofón, Mitilene de Lesbos y Lámpsaco, donde estrechó lazos con quienes serían sus discípulos más cercanos, como Metrodoro de Lámpsaco y Timócrates.
En Atenas, alrededor del año 306 a.C., fundó la escuela filosófica conocida como el Jardín, en la que desarrolló una comunidad abierta a personas de todas las clases sociales, incluyendo mujeres y esclavos, hecho poco común en la época. Este espacio filosófico se distinguió por cultivar la amistad, el estudio y la enseñanza del hedonismo racional —la búsqueda del placer entendido como la ausencia de dolor y perturbación— y el atomismo, adoptado de Demócrito, que postulaba que el universo está compuesto por átomos y vacío.
Sus enseñanzas abogaban por una vida de tranquilidad (ataraxia) y felicidad alcanzadas mediante la moderación de los deseos y la superación del miedo, se le atribuyen más de trescientas obras, de las cuales solo fragmentos y algunas cartas completas han sobrevivido hasta hoy, destacando la Carta a Heródoto, la Carta a Pítocles y la Carta a Meneceo. Epicuro murió alrededor del año 270 a.C. en Atenas.
Pensamiento de Epicuro
Con Epicuro, la preocupación moral adquiere un carácter casi exclusivo. Para él, todas las ideas provienen de las sensaciones, que se originan en los “ídolos” o imágenes que emanan de los cuerpos sensibles. Las sensaciones no pueden ser contradictorias, pues cada una remite al objeto que la produce; el error no radica en la sensación misma, sino en los juicios que formulamos a partir de ella. Las ideas abstractas carecen de una referencia directa en la experiencia, por lo que debemos desconfiar de ellas. Epicuro sostiene, así, que el conocimiento se funda en la experiencia.
La física epicúrea tiene sus antecedentes en las concepciones atomistas del siglo V a. C. Epicuro adopta la idea de que la realidad está compuesta por átomos separados entre sí por el vacío, de modo que todo cuanto existe posee una naturaleza material. En consecuencia, el alma está formada por átomos de una naturaleza especialmente sutil y móvil, semejantes al fuego. A partir de esta concepción del mundo material, Epicuro establece su ética. Estaba convencido de que la ética sólo puede fundarse en la libertad de elección, de tal manera que, para él, el alma posee la capacidad de decidir, de obrar conforme al bien o de apartarse de él. La física epicúrea es necesaria para garantizar la libertad moral en la ética de Epicuro.
Epicuro sostiene que el placer constituye un bien natural e innato en el ser humano. Los hombres están destinados a buscar el placer, entendido como la ausencia de dolor. El verdadero placer, para Epicuro, reside en la tranquilidad: en el cuerpo, consiste en la satisfacción de las necesidades básicas para la supervivencia; en el alma, en la serenidad interior y la quietud contemplativa. El placer es calma, contemplación, ataraxia o imperturbabilidad. Al igual que los estoicos y los escépticos, Epicuro aspira a la serenidad. Su pensamiento influyó en Lucrecio, Montaigne y Voltaire; la célebre frase de este último en Cándido, “hay que cultivar nuestro jardín”, conserva el espíritu del epicureísmo.
Frases de Epicuro
- Es impío no el que suprime a los Dioses, sino el que los conforma a las opiniones de los mortales.
- Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
- El hombre que no se contenta con poco, no se contenta con nada.
- No ha de ser dichoso el joven, sino el viejo que ha vivido una hermosa vida.
- Así como el sabio no escoge los alimentos más abundantes, sino los más sabrosos, tampoco ambiciosa la vida más prolongada, sino la más intensa.
- Es verdad que hay dioses; pero lo que la multitud cree de ellos no es cierto, pues lo que la multitud cree cambia con el tiempo.
- ¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
- La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte, y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
- Para tener verdadera libertad hay que ser esclavo de la filosofía.
- Busca el placer que no venga seguido de ningún dolor.
- El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.
- Una conducta desordenada se parece a un torrente invernal de corta duración.
- La necesidad es un mal, pero ninguna necesidad hay de vivir en la necesidad.
- Juzgamos mejores que los placeres muchos dolores porque se consigue para nosotros un placer mayor.
- El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión. Es la ausencia de dolor en el cuerpo y de inquietud en el alma.
- El necio, entre otros males, posee éste: siempre trata de comenzar su vida.
- El cuerpo, en lances de amor, es parte indispensable del alma.
- Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros, porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir.
Referencias:
- Mejía Buitrago, D. (2012). La concepción de la muerte en Epicuro. Escritos. Vol. 20. Num. 45. pp. 457-464.
- Xirau, R. (1998). Introducción a la historia de la filosofía. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Epicureísmo – Wikipedia, la enciclopedia libre, (23/10/2025).
- Epicuro – Wikipedia, la enciclopedia libre, (23/10/2025).