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Biografía de Edward Young
Edward Young fue un personaje del siglo XVIII inglés. Nacido en un pequeño pueblo llamado Upham, en Hampshire, alrededor de 1683, fue bautizado el 3 de julio de ese año, creció en el seno de una familia de clérigos; su padre, también llamado Edward, era rector local y luego llegó a ser decano de Salisbury, así que estuvo rodeado de libros, sermones y una atmósfera de reflexión espiritual que más tarde impregnaría toda su obra.
Estudió en el famoso Winchester College y luego en Oxford, primero en New College, después en Corpus Christi y finalmente obtuvo una beca de leyes en All Souls College gracias a la recomendación de un arzobispo. Se graduó en derecho civil y canónico, y se quedó como miembro vitalicio de All Souls hasta 1730, pero su verdadera pasión no era el derecho, sino la escritura. En 1713, ya en Londres, publicó sus primeros poemas, y empezó a codearse con los grandes nombres de la época: Addison, Steele, Pope y Swift, entre otros.
Publicó tragedias como Busiris en 1719 y The Revenge en 1721, que se representaron en el teatro Drury Lane y tuvieron cierto éxito. También escribió una serie de sátiras mordaces entre 1725 y 1728, reunidas bajo el título Love of Fame, the Universal Passion, donde se burlaba de la vanidad humana. Consiguió una pensión del primer ministro Robert Walpole en 1726, pero sus intentos de conseguir puestos políticos o eclesiásticos más altos fueron un fracaso tras otro; como soñar con un ascenso que nunca llega.
Alrededor de 1728 se ordenó sacerdote y se convirtió en capellán real; luego, en 1730, obtuvo el puesto de rector en la parroquia de Welwyn, en Hertfordshire, un lugar tranquilo en el campo que le permitió casarse en 1731 con Lady Elizabeth Lee, una viuda de la aristocracia e hija del primer conde de Lichfield. La vida parecía estabilizarse, tenía un hogar, una familia y tiempo para escribir. Pero la tragedia golpeó con fuerza. En 1736, Su hijastra murió camino a Niza; después falleció el esposo de ella en 1740, y finalmente su propia esposa en 1741. Esas pérdidas sucesivas lo dejaron devastado, y de ahí surgió su obra más famosa, The Complaint: or, Night-Thoughts on Life, Death, and Immortality, publicada entre 1742 y 1745 en nueve partes. Imagina que, en lugar de guardarse el dolor, lo convirtió en un poema extenso de casi 10000 versos.
El poema se volvió un éxito, no solo en Inglaterra sino en toda Europa, se tradujo al francés, alemán, italiano, ruso y húngaro, sus imágenes de tumbas, noches oscuras y meditaciones sobre la fragilidad humana influirían después en el romanticismo. En Alemania, por ejemplo, Goethe lo leyó y dijo que le ayudó a crear el ambiente de Las desventuras del joven Werther. En 1759, escribió Conjectures on Original Composition, un ensayo dirigido a su amigo Samuel Richardson donde defendía la originalidad y el genio creativo por encima de las reglas clásicas, algo que sonaba revolucionario y que muchos ven como un puente hacia las ideas románticas. Como si, después de tanto buscar aprobación externa, por fin encontramos nuestra voz más auténtica y valiente.
En sus últimos años vivió retirado en Welwyn, dedicado a su parroquia, aunque publicó un poema llamado Resignation en 1762 y otros textos menores. En 1761, lo nombraron secretario de la princesa Augusta. Tuvo un hijo, también llamado Edward, con quien se peleó por cuestiones familiares, pero se reconciliaron poco antes del final. Murió el 5 de abril de 1765 en su casa rectoral, un Viernes Santo, y fue enterrado en la iglesia de Welwyn. Su legado nos recuerda que el dolor puede convertirse en arte. A veces, las noches más oscuras son las que nos inspiran las luces más brillantes.
Frases de Edward Young
- En un hombre bueno, el estar triste es impiedad.
- Se oscurece el sol al mediodía y enmudece la música del alba cuando hay tristeza en el corazón.
- La paz comienza justamente donde la ambición termina.
- Un amigo merece cualquier riesgo de nuestra parte.
- Por la noche el ateo creé a medias en Dios.
- Aquel que es muy poco inteligente a su propio hermano le clava el diente.
- La amistad es el vino bueno de la vida.
- Los hombres creen que todos los hombres son mortales, menos ellos.
- El ambicioso es un esclavo de lo mucho que desea; el hombre libre es el que nada desea.
Referencias: