Tabla de contenidos
Biografía de Diógenes Laercio
Diógenes Laercio fue un cronista que recopiló las vidas de los grandes pensadores griegos, anécdotas, ideas y hasta rumores. Fue un tipo del siglo III después de Cristo que, irónicamente, nos dejó un tesoro enorme sobre los demás, pero casi nada sobre sí mismo. Nos contó sobre los demás, pero poco o nada de él. Vivió en la época romana, en las primeras décadas del siglo III, durante el reinado del emperador Alejandro Severo, alrededor de los años 222 al 235. Los detalles de su existencia son tan escasos que ni siquiera sabemos con certeza dónde nació, algunos apuntan a Laerte, en Cilicia, hoy parte de Turquía; mientras que otros sugieren Nicaea; el orden de su nombre también varía en los textos antiguos, a veces aparece como Laertius Diogenes. Lo único claro es que era un biógrafo e historiador. Un detective que reconstruyó el día a día de sabios que vivieron siglos antes, desde Tales de Mileto hasta Epicuro.
Su gran obra, que se titula Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, es un libro en diez tomos de la filosofía antigua. Laercio dividió todo en dos grandes ramas, una que arranca en Jonia con los primeros presocráticos y otra que parte de Italia con Pitágoras y sus seguidores. Dentro de cada una, va hilando las vidas de maestros y discípulos, como si te estuviera contando la saga de una familia extendida donde cada generación hereda ideas y las transforma. No se limita a decir “este tipo pensaba esto”; te regala retratos completos con su origen, sus viajes, su carácter, anécdotas cotidianas, máximas sabias, listas de obras y hasta copias de testamentos o cartas. Mezcló las biografías con filosofía, todo aderezado con humor y curiosidades.
Por ejemplo, te cuenta cómo un filósofo vivía en un barril, discutía con todo el mundo en la calle o respondía con ingenio a las burlas, y de pronto entiendes que la filosofía no era solo libros polvorientos, sino una forma de enfrentar la vida diaria con coraje y curiosidad. Gracias a él, conservamos fragmentos directos de escritos que de otro modo se habrían perdido para siempre. Su libro se convirtió en la principal fuente para entender la historia de la filosofía griega.
Claro que no todo es perfecto; a veces incluye detalles insignificantes o versiones contradictorias. Su estilo es fluido, sin pretensiones. Imagina que abres el libro y de pronto estás en la plaza de Atenas oyendo a Sócrates o caminando con los cínicos. La pluma de Diógenes Laercio es sencilla y entusiasta.
Aunque sepamos tan poco de su vida, ni estudios, ni familia, ni cómo murió, nos regaló la posibilidad de conocer a los filósofos como personas de carne y hueso que pensaban, reían, sufrían y buscaban sentido en el mundo.
Frases de Diógenes Laercio
- Callando es como se aprende a oír; oyendo es como se aprende a hablar; y luego, hablando se aprende a callar.
- La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.
- La cultura es un saber del que no tiene uno que acordarse… fluye espontáneamente.
- Para casarte, cuando joven es temprano y cuando viejo es tarde.
- Un hombre debe vivir tan cerca de sus superiores como cerca del fuego; ni tan cerca que se queme, ni tan lejos que se hiele.
- El fundamento de cada estado es la educación de sus jóvenes.
- La cultura es un adorno en la prosperidad y un refugio en la adversidad.
Referencias: