¡De pronto tienes una idea que parece fantástica! Inventar un dispositivo capaz de resolver un problema cotidiano, producir una película, grabar un disco, desarrollar un videojuego o poner en marcha un pequeño negocio. El problema es que no tienes suficiente dinero para comenzar y tampoco quieres recurrir a un préstamo bancario, con sus intereses, trámites y requisitos. En situaciones así aparece una alternativa que ha transformado la manera de financiar proyectos: el crowdfunding, un sistema mediante el cual muchas personas aportan cantidades relativamente pequeñas de dinero para hacer realidad una iniciativa. En términos sencillos, es como organizar una colecta entre amigos, vecinos y desconocidos, pero utilizando internet para reunir participantes que pueden encontrarse incluso a miles de kilómetros de distancia. Dependiendo del modelo, esas personas pueden donar, recibir una recompensa, prestar dinero o adquirir una participación en una empresa.
Aunque el nombre es moderno, la idea de reunir pequeñas aportaciones de muchas personas tiene antecedentes mucho más antiguos. Por ello, conviene distinguir entre los precedentes históricos del financiamiento colectivo y el crowdfunding en su sentido actual, basado principalmente en plataformas digitales. A finales del siglo XIX, por ejemplo, Joseph Pulitzer impulsó una campaña pública para ayudar a financiar el pedestal de la Estatua de la Libertad mediante pequeñas donaciones de los lectores de su periódico. El término crowdfunding apareció a mediados de la década de 2000 y, poco después, comenzaron a consolidarse plataformas especializadas. ArtistShare surgió en 2003 como una plataforma orientada a músicos; Indiegogo comenzó en 2008 y Kickstarter en 2009.
El funcionamiento es bastante sencillo. Primero está la persona, grupo, organización o empresa que necesita dinero y presenta su proyecto ante el público. Para conseguir apoyo suele explicar qué quiere hacer, cuánto dinero necesita, para qué utilizará los fondos y qué recibirá la gente a cambio. Después aparece la multitud de posibles participantes, que decide si el proyecto merece su apoyo y cuánto está dispuesta a aportar. Finalmente está la plataforma, que facilita la publicación de la campaña y, dependiendo del servicio, procesa los pagos, establece determinadas reglas y cobra comisiones. Algunas plataformas utilizan un sistema de financiación de “todo o nada”: si la campaña no alcanza la cantidad establecida antes de la fecha límite, las aportaciones no se cobran o el proyecto no recibe los fondos. Otras permiten conservar el dinero reunido, aunque no se alcance la meta.
Existen varios tipos de crowdfunding y no todos funcionan de la misma manera. En el modelo de donación, las personas aportan dinero sin esperar una compensación económica o material; es habitual en campañas destinadas a ayudar a personas afectadas por desastres, emergencias o determinadas necesidades sociales. En el modelo de recompensas, los participantes reciben algo a cambio, como el producto que ayudaron a financiar, una edición especial, una camiseta, una experiencia o algún otro beneficio. En este sentido, se parece a realizar una preventa: el público ayuda a financiar la producción antes de que el artículo esté terminado. Existe también el crowdfunding de deuda, conocido en algunos contextos como crowdlending, mediante el cual las personas prestan dinero esperando recuperarlo de acuerdo con las condiciones establecidas, normalmente con intereses. Por último, está el crowdfunding de inversión o equity crowdfunding, en el que los participantes adquieren valores o una participación en una empresa y, por tanto, asumen riesgos similares a los de otros inversionistas. Esta última modalidad está sujeta a regulaciones financieras específicas y no debe confundirse con una simple donación o compra anticipada.
El atractivo del sistema está precisamente en la posibilidad de sumar muchas contribuciones pequeñas. Una persona quizá no estaría dispuesta a financiar por sí sola una película con cientos de miles de dólares, pero puede aportar 20, 50 o 100 dólares si considera interesante el proyecto. Si miles de personas hacen lo mismo, una iniciativa que parecía económicamente imposible puede reunir una cantidad considerable. Además, el crowdfunding no solamente proporciona dinero: puede servir como una primera prueba del interés del mercado. Si miles de personas están dispuestas a apoyar un producto antes de que exista, el creador obtiene una señal de que hay una comunidad potencialmente interesada. También puede construir una relación directa entre creadores y público y convertirse, al mismo tiempo, en una herramienta de comunicación y promoción.
Uno de los ejemplos más conocidos es Oculus Rift, cuyo proyecto original recaudó alrededor de 2.4 millones de dólares en Kickstarter en 2012, muy por encima de su meta inicial de 250000 dólares. La empresa Oculus VR fue adquirida posteriormente por Facebook, actualmente Meta. En el terreno cinematográfico, la campaña de Veronica Mars alcanzó los 2 millones de dólares necesarios para producir la película en cuestión de horas, demostrando que una comunidad de seguidores podía desempeñar un papel importante en la financiación de una producción audiovisual. Otro caso es Hair Love, cortometraje de animación que obtuvo financiación inicial mediante Kickstarter y que posteriormente ganó el Óscar al mejor cortometraje de animación en 2020.
El crowdfunding también puede producir resultados inesperados. En 2014, Zack Brown creó en Kickstarter una campaña cuyo objetivo inicial era reunir apenas 10 dólares para preparar una ensalada de papa. La idea, deliberadamente sencilla y aparentemente absurda, se volvió viral y terminó recibiendo decenas de miles de dólares. El caso se convirtió en un ejemplo perfecto de una característica peculiar de estas plataformas: el valor de una campaña no siempre depende de la importancia económica del producto, sino también de su capacidad para despertar curiosidad, humor, identificación o entusiasmo entre una comunidad.
En ocasiones, el crowdfunding incluso ha permitido financiar proyectos relacionados con el patrimonio cultural. En 2017, miles de participantes contribuyeron a una campaña destinada a adquirir el Château de la Mothe-Chandeniers, un castillo francés medieval. El proyecto reunió una cantidad superior a 1.6 millones de euros y permitió que numerosas personas participaran en su adquisición y posterior conservación.
Sin embargo, el crowdfunding también muestra su lado problemático. Un caso especialmente conocido es el del dron Zano. La campaña de Kickstarter recaudó alrededor de 3.4 millones de dólares, pero la empresa responsable terminó colapsando después de entregar solamente una pequeña parte de los drones prometidos. El caso provocó fuertes críticas porque puso de manifiesto una de las principales limitaciones del sistema: apoyar económicamente una idea no garantiza que quienes la presentan tengan la capacidad técnica, administrativa o financiera para convertirla en realidad.
El mundo de los videojuegos ofrece quizá uno de los ejemplos más extremos. Star Citizen posee el récord Guinness de videojuego con mayor financiación mediante crowdfunding; Guinness registraba más de 551 millones de dólares procedentes de más de 4.4 millones de patrocinadores en febrero de 2023. Posteriormente, la cantidad recaudada continuó aumentando y superó los 800 millones de dólares. No obstante, buena parte de los fondos posteriores procedió de mecanismos como la venta de naves virtuales, acceso anticipado y otros productos relacionados con el proyecto. Además, a agosto de 2026 el juego completo todavía no ha sido lanzado.
Una de las plataformas que mejor ilustra esa dimensión es GoFundMe, especializada principalmente en campañas de donación. Desde su lanzamiento en 2010, ha canalizado más de 40000 millones de dólares y ha recibido el apoyo de más de 190 millones de personas en todo el mundo. El crowdfunding no se limita a startups o productos tecnológicos, también puede utilizarse para ayudar a individuos, organizaciones y comunidades que atraviesan situaciones difíciles.
Pero reunir dinero en internet tampoco significa que cualquier proyecto vaya a tener éxito. Las tasas de éxito varían enormemente según la plataforma, la categoría, el momento y la forma en que se presenta la campaña. Una proporción importante de las campañas no consigue reunir todo el dinero que se había propuesto obtener.
También existen riesgos para quienes aportan dinero. Una campaña puede presentar un prototipo atractivo y, sin embargo, descubrir después que fabricar el producto resulta mucho más caro de lo previsto, que existen problemas técnicos o que el equipo no tiene suficiente experiencia para completar el proyecto. En otros casos pueden producirse retrasos, cambios en las características prometidas o incluso la desaparición del proyecto. Por eso, el crowdfunding de recompensas no debe entenderse exactamente como una inversión tradicional: quien aporta dinero puede estar comprando anticipadamente un producto, apoyando una creación o participando en una comunidad, pero no necesariamente adquiere derechos sobre la empresa ni garantías de que el producto llegará a sus manos.
El crowdfunding también ha generado debates éticos, especialmente cuando se utiliza para financiar tratamientos médicos. Una campaña puede despertar solidaridad y reunir grandes cantidades de dinero, pero eso no significa que el tratamiento anunciado tenga eficacia científica demostrada. Por ello, donar dinero para una terapia experimental o alternativa requiere distinguir cuidadosamente entre ayudar económicamente a una persona y asumir que la intervención médica que propone necesariamente funciona. Las plataformas de crowdfunding no sustituyen la evaluación científica, médica ni regulatoria de un tratamiento.
A pesar de sus limitaciones, las ventajas del crowdfunding son importantes. Puede reducir las barreras de entrada para personas que no tienen acceso sencillo a bancos o inversionistas tradicionales, permitir que una comunidad determine qué proyectos considera interesantes, generar una base inicial de clientes y seguidores y proporcionar una forma de comprobar si existe demanda antes de realizar una inversión mayor. Para los creadores, además, la campaña puede convertirse en una herramienta de comunicación que combina financiación, promoción y construcción de comunidad.
El crowdfunding es una enorme plaza pública digital. En ella, una persona presenta una idea y miles o incluso millones de individuos deciden, cada uno desde su propia perspectiva, si vale la pena contribuir. Algunas campañas producen productos innovadores, películas, videojuegos o proyectos científicos; otras ayudan a familias, comunidades y organizaciones; y algunas fracasan porque la idea era demasiado ambiciosa o porque sus responsables no pudieron cumplir lo prometido. Una pequeña aportación quizá parezca insignificante, pero cuando se multiplica por miles de personas puede transformar una idea en un proyecto real. Ese es, en esencia, el poder del crowdfunding.
Referencias: