A finales de 1914, los revolucionarios habían logrado derrotar a Victoriano Huerta. Su caída dejó un escenario en el que las distintas fuerzas revolucionarias, que hasta entonces habían coincidido principalmente en combatirlo, comenzaron a enfrentarse por sus diferentes proyectos políticos y sociales.
La principal figura del constitucionalismo era Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. A su alrededor se encontraban militares como Álvaro Obregón y Pablo González, mientras que en el norte Francisco Villa dirigía la poderosa División del Norte y en el sur Emiliano Zapata encabezaba un movimiento campesino cuya principal demanda era la restitución de las tierras de los pueblos. La alianza que había permitido derrotar a Huerta comenzaba a romperse. Por eso surgió la idea de reunir a los principales jefes revolucionarios para buscar un acuerdo sobre el futuro de México.
La Convención comenzó formalmente en la Ciudad de México el 1 de octubre de 1914, con representantes de generales y gobernadores constitucionalistas. Sin embargo, la ausencia de representantes de la División del Norte y las diferencias entre las facciones hicieron evidente que aquella reunión no podía considerarse verdaderamente representativa de todas las fuerzas revolucionarias. Después de diversas gestiones, se decidió trasladar las sesiones a Aguascalientes, considerada un lugar más neutral. El 10 de octubre comenzaron allí las sesiones en el Teatro Morelos, y la reunión terminó siendo conocida como la Convención de Aguascalientes.
Aguascalientes era un espacio que, al menos en principio, no estaba bajo el control exclusivo de ninguna de las grandes facciones. La Convención pretendía reunir a representantes de los distintos grupos que habían participado en la lucha contra Huerta y encontrar una fórmula para evitar que la Revolución terminara convirtiéndose en otra guerra entre revolucionarios.
En las sesiones participaron decenas de generales, gobernadores y representantes de distintos jefes militares. En su etapa inicial se contabilizaron 57 generales y gobernadores y 95 representantes de otros jefes revolucionarios, y posteriormente se incorporaron representantes vinculados con el zapatismo. Ni Carranza ni Zapata asistieron personalmente a las sesiones de Aguascalientes. Carranza explicó que no podía acudir sin abandonar las funciones que desempeñaba como Primer Jefe y encargado del Poder Ejecutivo, mientras que los zapatistas estuvieron representados por delegados.
Las discusiones fueron intensas. Los villistas consiguieron una presencia importante y los representantes zapatistas impulsaron las demandas agrarias del Plan de Ayala, mientras que los constitucionalistas defendían la necesidad de restablecer el orden constitucional y reorganizar el gobierno. La Convención llegó a declararse soberana el 14 de octubre de 1914, es decir, sostuvo que tenía autoridad para tomar decisiones obligatorias para los grupos revolucionarios.
Uno de los episodios más famosos ocurrió precisamente alrededor de la bandera. El protagonista fue Antonio Díaz Soto y Gama, intelectual vinculado al zapatismo. Durante la ceremonia en que los delegados debían jurar su compromiso con la Convención, pronunció un discurso muy polémico en el que cuestionó el carácter sagrado que se atribuía a la bandera. La reacción fue tan fuerte que hubo momentos de gran tensión y algunos asistentes llegaron a amenazarlo con sus armas. Fue uno de los momentos más dramáticos de la Convención. Sin embargo, se trató de una discusión política y simbólica, relacionada con su crítica al uso que los grupos de poder habían hecho de los símbolos nacionales.
Otro detalle curioso de la Convención fue la forma en que los zapatistas acreditaron a algunos de sus representantes. En un contexto en el que las formalidades administrativas quedaban muchas veces subordinadas a las circunstancias de la guerra, circularon credenciales y documentos elaborados de manera sencilla, incluso manuscrita.
Uno de los principales acuerdos fue buscar un gobierno que no estuviera encabezado por los grandes caudillos en conflicto. La Convención eligió al general Eulalio Gutiérrez como presidente provisional de la República. Su elección pretendía ofrecer una figura de conciliación frente a la rivalidad entre Carranza, Villa y Zapata. Gutiérrez asumió el cargo en noviembre y posteriormente instaló su gobierno en la Ciudad de México.
La situación de Carranza y Villa fue más complicada. La Convención decidió que ambos debían dejar sus respectivos cargos militares, pero el desarrollo posterior de los acontecimientos modificó rápidamente el equilibrio de poder. Carranza rechazó las resoluciones y no entregó el poder a la Convención. Ante su negativa, la asamblea terminó declarándolo rebelde y, posteriormente, Francisco Villa fue designado jefe de las fuerzas convencionistas.
Carranza se retiró hacia Veracruz, donde estableció su gobierno, mientras que la Convención quedó vinculada políticamente con las fuerzas de Villa y Zapata. En diciembre de 1914, ambos movimientos sellaron su alianza mediante el llamado Pacto de Xochimilco. Poco después, Villa y Zapata ocuparon conjuntamente la Ciudad de México. El 6 de diciembre entraron en la capital y protagonizaron uno de los episodios más conocidos de la Revolución: su presencia en Palacio Nacional y la famosa fotografía en la que Villa aparece sentado en la silla presidencial, mientras Zapata se encuentra a su lado. La imagen se convirtió con el tiempo en uno de los símbolos más reconocibles de aquella alianza.
Pero la Convención no consiguió poner fin a la guerra. Por el contrario, México entró en una nueva etapa de enfrentamientos entre los convencionistas y los constitucionalistas. Las tropas de Álvaro Obregón combatieron a las fuerzas de Villa en 1915, especialmente en las grandes batallas del Bajío, donde la División del Norte sufrió derrotas importantes.
La propia Convención tuvo que desplazarse posteriormente. Después de su etapa en Aguascalientes, sus trabajos continuaron en otros lugares, entre ellos la Ciudad de México, Cuernavaca y Toluca, en medio de las condiciones cambiantes. Puede decirse que la Convención terminó convirtiéndose en una especie de gobierno itinerante.
A pesar de que la Convención no consiguió reconciliar a los grupos revolucionarios, su importancia histórica es innegable. En sus debates aparecieron con mayor claridad algunas de las demandas sociales que habían impulsado a distintos sectores de la Revolución: la cuestión agraria, la restitución de tierras, los derechos de los trabajadores, la educación y la necesidad de limitar el poder de los jefes militares. La Convención se convirtió así en un espacio donde diferentes proyectos de país pudieron enfrentarse públicamente. Varias de esas demandas encontrarían posteriormente un lugar en la Constitución de 1917. La Convención contribuyó al gran debate sobre las transformaciones sociales que México necesitaba después de años de guerra.
La Convención de Aguascalientes fue, en cierto sentido, el intento más importante de la Revolución por sentar a sus distintas facciones alrededor de una misma mesa. La respuesta no fue un acuerdo duradero, sino una nueva guerra entre facciones. Carrancistas, villistas y zapatistas compartían algunos enemigos y ciertas aspiraciones, pero también tenían intereses, experiencias y proyectos diferentes. La Convención fracasó como mecanismo para alcanzar una paz inmediata. La Revolución Mexicana significó una compleja combinación de demandas políticas, militares y sociales.
Referencias: