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Baudelaire: el poeta maldito que cambió la literatura

¿Quién fue Charles Baudelaire?

Charles-Pierre Baudelaire nació en 1821, en París. Su padre, François, era un hombre mayor, un funcionario civil con alma de artista que pintaba y escribía versos, lo que le transmitió al pequeño Charles la pasión por el arte. Cuando Charles apenas tenía seis años, su padre murió. Durante un tiempo, vivió solo con su mamá, Caroline, él recordaba esta época con nostalgia. Después, su madre se casó de nuevo con Jacques Aupick, un militar serio y ambicioso que llegó a ser general y embajador. Para Charles, este padrastro representó el orden rígido contra el que siempre se rebelaría. La familia se mudó a Lyon, luego regresó a París.

Baudelaire estudió en buenos colegios como el Lycée Louis-le-Grand, donde mostraba talento pero también un carácter inquieto, melancólico y rebelde. Lo expulsaron por indisciplina, aunque logró terminar sus estudios. Vivía como un bohemio, gastaba su dinero en ropa, libros y placeres, y pasaba el tiempo rodeado de artistas y escritores. Contrajo una enfermedad venérea, probablemente sífilis, de una mujer que inmortalizó en algunos de sus poemas. Su familia, preocupada por sus gastos descontrolados, contrató a un tutor legal para administrar su herencia, este le daba una mesada, algo que lo hacía sentir humillado. Durante años, las cartas a su madre fueron una mezcla de amor, reproche y solicitudes de dinero.

En 1841, su familia, con el propósito de que corrigiera su actitud, lo subió a un barco hacia la India, pero Charles se bajó en la isla Mauricio y regresó a París, las imágenes exóticas de mares y culturas lejanas aparecerían después en su poesía. Tuvo una relación tormentosa y apasionada con Jeanne Duval, una actriz y mulata a la que llamaba su “Venus negra”. En 1845 trató de acabar con su vida, pero sobrevivió.

Baudelaire también era un crítico del arte. Defendió a pintores como Delacroix y más tarde a Manet, decía que el arte debía capturar la vida moderna con sus multitudes, sus luces y su melancolía. Tradujo a Edgar Allan Poe al francés, muchos dicen que lo salvó del olvido en Europa, Poe, como Baudelaire, exploraba lo macabro y lo bello. Vivió la Revolución de 1848 con entusiasmo, participando en las barricadas, aunque después se desilusionó de la política.

En 1857, publicó Las flores del mal (Les Fleurs du mal). Baudelaire hablaba de la belleza en lo feo, con gran maestría técnica. Fue un escándalo, lo acusaron de inmoralidad y blasfemia, lo llevaron a juicio, lo multaron y prohibieron seis de sus poemas.

En sus últimos años, siguió escribiendo. Viajó a Bélgica buscando trabajo y huyendo de deudas, pero enfermó gravemente. La sífilis avanzó, lo dejó afásico y paralizado. Murió en París el 31 de agosto de 1867, a los 46 años, recibiendo los últimos sacramentos. Su funeral fue sencillo, con pocos acompañantes. Baudelaire capturaba la dualidad, escribió siempre entre el ideal y el fango, entre la belleza y la corrupción.

Frases de Charles Baudelaire

  1. En un acto social, cada uno disfruta de los demás.
  2. La fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana.
  3. El amor puro es un sol cuya intensidad absorbe todas las demás tareas.
  4. El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice.
  5. El encanto de lo horrible no embriaga más que a los fuertes.
  6. No hay más que dos medios para librarse de la pesadilla del paso implacable del tiempo: el placer y el trabajo. El placer agota del trabajo fortifica.
  7. La soledad es el estado propio del genio y del elegido.
  8. Desconfiad de la luna y de las estrellas, de la Venus de Milo, de los lagos, de las guitarras, de las escaleras de cuerda y de todas las novelas y novelerías. ¡Pero amad vigorosamente, arrogantemente, ferozmente, a la mujer que améis!
  9. Lo bello es siempre raro. Lo que no es ligeramente deforme presenta un aspecto inservible.
  10. Hay que ser sublime sin interrupción. El dandy debe vivir y morir ante el espejo.
  11. Consentir que nos condecoren es reconocer al Estado o al príncipe el derecho de juzgarnos, ilustrarnos, etc.
  12. Lo que hay de embriagador en el mal gusto es el placer aristocrático de desagradar.
  13. ¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?
  14. La afición al placer nos liga al presente. El cuidado de nuestra salud nos suspende del porvenir.
  15. ¡Ah qué grande es el mundo a la luz de las lámparas! ¡Y qué pequeño es a los ojos del recuerdo!
  16. ¡Ay los vicios humanos! Son ellos los que contienen la prueba de nuestro amor por el infinito.
  17. Para trabajar basta estar convencido de una cosa: que trabajar es menos aburrido que divertirse.
  18. Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante.
  19. El odio es un borracho al fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
  20. La inspiración es trabajar todos los días.
  21. Todo el universo visible es un vivero de imágenes y símbolos a los que la imaginación da un puesto y un valor relativo.
  22. El hombre de genio ha de obtener lo que necesita para no depender de nadie. Mas si obtenida esta tranquilidad pierde el tiempo en aumentar su fortuna, no es un hombre de genio, sino un miserable.
  23. Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaos sin cesar!, con vino, poesía o virtud, como gusten.
  24. Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: el derecho al desorden y el derecho de marcharse.
  25. Espantoso juego del amor, en el cual es preciso que uno de ambos jugadores pierda el gobierno de sí mismo.
  26. Para conocer la dicha hay que tener el valor de tragársela.
  27. La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
  28. El libro que no se dirija a la mayoría (en número e inteligencia) es un libro tonto.
  29. La irregularidad, es decir, lo inesperado, la sorpresa o el estupor son elementos esenciales y característicos de la belleza.
  30. No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.
  31. El más irreprochable de los vicios es hacer el mal por necedad.
  32. Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (01 mayo 2026). Baudelaire: el poeta maldito que cambió la literatura. Celeberrima.com. Última actualización el 19 mayo 2026.