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Biografía de Cesare Cantù
Cesare Ambrogio Cantù vivió hace más de un siglo, su vida parece sacada de una novela de aventuras, drama y pasión por los libros. Fue un italiano que se convirtió en uno de los historiadores y escritores más leídos de su época, un romántico de pura cepa que mezclaba fe católica, política y un amor inmenso por contar historias del mundo. Nació el 5 de diciembre de 1804 en Brivio, un pueblito tranquilo de la Brianza, cerca de Como, en Lombardía, en tiempos en que Italia todavía no era un país unido y las cosas andaban revueltas bajo influencias napoleónicas. Venía de una familia antigua, pero con problemas de dinero, hijo de Celso Cantù y Rachele Gallavresi, era el mayor de diez hermanos, así que desde chico tuvo que aprender a valerse por sí mismo.
Desde joven mostró un hambre voraz por el conocimiento, estudió en el gimnasio Sant’Alessandro de Milán y, aunque no lo aceptaron en un colegio en Pavía, se formó casi solo en Sondrio, leyendo a los clásicos italianos y extranjeros mientras daba clases de literatura. Era un autodidacta. Empezó enseñando en Sondrio, luego en Como y, en 1832, volvió a Milán, donde se codeó con figuras como Alessandro Manzoni, el autor de Los novios, que lo marcó para siempre con su estilo romántico.
Pero la vida dio un giro dramático en 1833. Las autoridades austriacas, que controlaban Lombardía, lo metieron preso en la cárcel de Porta Nuova porque sospechaban que estaba relacionado con la Joven Italia de Mazzini, un movimiento secreto por la independencia. Pasó casi un año encerrado, y ahí, en tan malas condiciones, escribió una novela histórica con un palillo y el humo de una vela en trozos de tela, Margherita Pusterla, que salió en 1838; la historia se inspira en una mujer del siglo XIV que sufre por amor y poder, y tiene un tono sombrío y pesimista, sin finales felices, pero siempre con la religión como consuelo. Al salir libre en 1834 lo vetaron de la enseñanza pública, así que se dedicó de lleno a escribir, y vaya que lo hizo con todo.
Vino su gran golpe de maestro. En 1838, un editor de Turín le pidió una historia universal, y Cantù se lanzó a crear lo que sería su obra más famosa, la Storia Universale, que empezó con 35 volúmenes y luego amplió a más de 50. Como la Wikipedia del siglo XIX, pero escrita por un solo tipo armado con una pluma, desde los orígenes del mundo según la Biblia hasta la época de Pío IX, con un enfoque filosófico, católico y romántico que explicaba civilizaciones enteras. Se tradujo al español, inglés, francés y alemán, se vendió como pan caliente y durante cincuenta años fue el libro de historia más consultado en Italia, aunque hoy sabemos que se apoyaba en fuentes secundarias y tenía algunos errores filológicos. Así, ganó fama y un buen dinero, y se convirtió en el historiador que todo el mundo leía en casa.
No paró, escribió novelas históricas, como Il marchese Annibale Perrone, fábulas para niños llenas de moralejas que enseñan a amar la patria y el trabajo duro, ensayos sobre la literatura italiana comentando a Manzoni, y obras morales como Buon senso e buongoverno o Portafoglio d’un operaio, que buscaban educar al pueblo con valores católicos y prácticos. Era un romántico ligado al catolicismo que veía la Iglesia y el Estado como socios inseparables, y sus libros para jóvenes pasaban de mano en mano como tesoros.
En lo político, Cantù era un conservador neoguelfo, de los que soñaban con una Italia unida, pero respetando el Papa y las tradiciones. En 1848, cuando estallaron las revueltas, tuvo que huir a Turín y un tiempo a Suiza, pero regresó con las Cinco Jornadas de Milán y la Primera Guerra de Independencia italiana. Más tarde colaboró un poco con los austriacos buscando un Lombardía-Veneto independiente bajo un Habsburgo, lo que le costó críticas de los independentistas radicales. Para los años 60 ya era diputado en el Parlamento del Reino de Italia, primero por un colegio de Bérgamo y luego por otro, y ahí se paraba solo en el banco católico defendiendo con discursos apasionados cosas como la libertad de enseñanza, las obras de caridad, el óbolo de San Pedro o criticando el matrimonio civil y la separación Iglesia-Estado. Hablaba por los campesinos del sur y se oponía a leyes como la de Pica contra el bandolerismo.
En sus últimos años, desde 1874 hasta que murió, dirigió el Archivo de Estado de Milán, lo reorganizó de arriba abajo, lo mudó al antiguo Palacio del Senado y fundó la revista Archivio Storico Lombardo. Murió el 11 de marzo de 1895 en su casa en Milán, a los noventa años, después de una caída que lo debilitó; lo velaron multitudes en la iglesia de Sant’Alessandro.
Cantù fue un escritor prolífico que hizo la historia accesible para miles, que combinó fe, letras y política en una época de cambios, y que influyó en generaciones enteras en Italia y hasta en América Latina, donde sus compendios se usaban en las escuelas.
Frases de Cesare Cantù
- Cuantas menos necesidades sintáis, más libres seréis.
- Los esfuerzos individuales nos traerán el progreso general.
- Sólo pensar en traicionar es ya una traición consumada.
- Gasta siempre una moneda menos de lo que ganes.
- El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mismos, nos persuade que esta vida no es un juego sino un deber.
- El dinero consagrado a la beneficencia no tiene mérito si no representa un sacrificio, una privación.
- El pan más sabroso y las comodidades más gratas son las que se ganan con el propio sudor.
Referencias: