La Guerra entre México y Estados Unidos, que se desarrolló entre 1846 y 1848, fue un acontecimiento que transformó el mapa de América del Norte y dejó una huella profunda en la historia de ambos países. Fue el resultado de varios años de tensiones políticas, territoriales y económicas. En Estados Unidos había cobrado fuerza el llamado Destino Manifiesto, una idea expansionista según la cual el país estaba destinado a extenderse por el continente hasta alcanzar el océano Pacífico. México, por su parte, era una nación relativamente joven que todavía enfrentaba problemas políticos, económicos y militares después de décadas de inestabilidad, y consideraba sus territorios del norte como parte de su soberanía.
Uno de los principales puntos de conflicto fue Texas. En 1836, los colonos angloamericanos y otros habitantes de Texas se rebelaron contra el gobierno mexicano y proclamaron la independencia de la República de Texas. México nunca reconoció esa independencia, y la situación se volvió todavía más complicada cuando Estados Unidos anexó Texas en 1845. México rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Al mismo tiempo surgió una disputa sobre la frontera meridional de Texas. Estados Unidos sostenía que el límite debía ser el río Bravo, mientras que México reconocía como frontera el río Nueces. Entre ambos ríos existía una franja de territorio reclamada por los dos países.
El presidente estadounidense James K. Polk, partidario de la expansión territorial, ordenó al general Zachary Taylor trasladar tropas hacia esa zona disputada. Paralelamente, su gobierno intentó negociar con México la adquisición de California y Nuevo México, pero las conversaciones no prosperaron. En abril de 1846 se produjeron enfrentamientos entre fuerzas mexicanas y estadounidenses en el territorio cuya soberanía estaba en disputa. Polk presentó el enfrentamiento ante el Congreso como una agresión mexicana contra Estados Unidos y afirmó que se había derramado sangre estadounidense en suelo estadounidense. Sin embargo, la ubicación del combate era uno de los puntos cuestionados. El congresista Abraham Lincoln, entre otros críticos de la guerra, presentó en diciembre de 1847 las llamadas Spot Resolutions, mediante las cuales exigía al presidente que identificara el lugar concreto donde había ocurrido ese derramamiento de sangre.
El 13 de mayo de 1846, el Congreso de Estados Unidos declaró formalmente la guerra contra México. Desde la perspectiva mexicana, las tropas estadounidenses habían avanzado hacia una zona cuya soberanía era disputada y que México consideraba parte de su territorio; desde la perspectiva estadounidense, México había atacado a fuerzas que se encontraban dentro del territorio reclamado por Texas. Así comenzó un conflicto que se desarrollaría en varios frentes.
En el norte, el ejército estadounidense obtuvo importantes victorias bajo el mando de Zachary Taylor, entre ellas las batallas de Palo Alto y Resaca de la Palma, y posteriormente ocupó Monterrey. En febrero de 1847, las fuerzas de Taylor se enfrentaron al ejército mexicano comandado por Antonio López de Santa Anna en la batalla de Buena Vista. Santa Anna había regresado a México después de encontrarse en el exilio y asumió nuevamente un papel central en la defensa del país, aunque su trayectoria durante la guerra estuvo marcada por derrotas y controversias. Al mismo tiempo, tropas estadounidenses ocuparon Nuevo México y California, donde la resistencia mexicana fue limitada y las autoridades locales tuvieron dificultades para organizar una defensa eficaz.
No todos los estadounidenses estaban de acuerdo con el conflicto. Además de las críticas políticas de figuras como Abraham Lincoln, el escritor Henry David Thoreau se negó a pagar un impuesto que consideraba una forma de contribuir al financiamiento de la guerra y pasó una noche en prisión por ello. También destacó el caso del Batallón de San Patricio, integrado principalmente por inmigrantes, muchos de ellos irlandeses, que desertaron del ejército estadounidense y combatieron del lado mexicano. Sus integrantes tuvieron diversas motivaciones, entre ellas factores religiosos, culturales y su rechazo al trato que recibían dentro del ejército estadounidense. Después de ser capturados, varios fueron ejecutados.
El conflicto también sirvió como escuela militar para numerosos oficiales estadounidenses que posteriormente desempeñarían papeles destacados durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Entre ellos estuvieron Ulysses S. Grant y Robert E. Lee, quienes participaron en distintas operaciones durante la guerra contra México.
La fase decisiva comenzó en marzo de 1847, cuando el general Winfield Scott desembarcó con tropas estadounidenses en Veracruz. Desde allí inició una campaña hacia el interior de México y obtuvo victorias en lugares como Cerro Gordo, Contreras y Churubusco. Después continuó su avance hacia la Ciudad de México. En septiembre de 1847 se produjeron los combates finales por la capital. El 13 de septiembre tuvo lugar la batalla de Chapultepec, donde las fuerzas mexicanas defendieron el castillo y la posición militar que protegía uno de los accesos a la ciudad.
Entre los defensores había cadetes del Colegio Militar. Con el paso del tiempo, seis de ellos fueron convertidos en símbolos de la defensa nacional y quedaron en la memoria histórica como los Niños Héroes. La tradición mexicana los presenta como jóvenes que combatieron y murieron defendiendo Chapultepec. Entre los defensores hubo cadetes que murieron o fueron hechos prisioneros durante la batalla. Al día siguiente, las tropas estadounidenses entraron en la Ciudad de México y ocuparon la capital.
México se encontraba en una situación muy difícil. La economía estaba debilitada, el país había experimentado constantes conflictos políticos y levantamientos internos, y el ejército sufría problemas de organización, equipamiento y recursos. Estados Unidos también tuvo numerosas bajas durante la guerra, muchas de ellas causadas por enfermedades, pero disponía de mayores recursos económicos y militares y pudo sostener campañas simultáneas en diferentes regiones. La ocupación de la capital mexicana colocó al gobierno de México en una posición muy complicada para negociar el final del conflicto.
La guerra terminó con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848. El acuerdo estableció que México reconocía la pérdida de Texas y aceptaba el río Bravo como frontera entre ambos países. Además, México cedió a Estados Unidos un vasto territorio que comprendía los actuales California, Nevada y Utah, así como Nuevo México y Arizona, y partes de los actuales Colorado y otros estados que posteriormente quedaron dentro de Estados Unidos. En total, la cesión territorial fue de aproximadamente 525 mil millas cuadradas, alrededor del 55% del territorio que México poseía antes de la guerra.
A cambio, Estados Unidos acordó pagar a México 15 millones de dólares y asumir hasta 3.25 millones de dólares en reclamaciones de ciudadanos estadounidenses contra el gobierno mexicano. Aunque jurídicamente el tratado fue presentado como un acuerdo de paz y cesión territorial, en la memoria histórica mexicana quedó asociado a una derrota militar y a una pérdida territorial de dimensiones extraordinarias. El tratado fue firmado en Guadalupe Hidalgo, cerca de la Ciudad de México, y posteriormente fue ratificado por ambos gobiernos.
Las consecuencias fueron profundas. Estados Unidos amplió considerablemente su territorio y consolidó su presencia hasta el océano Pacífico. Poco después, el descubrimiento de oro en California impulsó una gran migración y contribuyó al crecimiento económico y demográfico de esa región. En México, la pérdida territorial agravó una sensación de vulnerabilidad y se convirtió en uno de los episodios más dolorosos de la historia nacional.
La guerra también tuvo consecuencias políticas dentro de Estados Unidos. La incorporación de nuevos territorios reavivó una cuestión que ya dividía profundamente al país: si la esclavitud podía extenderse a las tierras adquiridas a México. En 1846, el congresista David Wilmot propuso una disposición conocida como Wilmot Proviso, que buscaba impedir la esclavitud en los territorios obtenidos como consecuencia de la guerra. Aunque la propuesta no llegó a convertirse en ley, contribuyó a intensificar el conflicto político entre los estados esclavistas y los estados libres, una disputa que continuaría durante los siguientes años y terminaría relacionada con la Guerra Civil estadounidense.
La Guerra entre México y Estados Unidos fue un conflicto relacionado con la expansión territorial estadounidense, la disputa por Texas y las dificultades internas de México. El mapa de América del Norte cambió radicalmente entre 1846 y 1848, y las consecuencias de aquella guerra continuarían influyendo en la historia de ambos países durante mucho tiempo.
Referencias: