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Plan de Ayala: la lucha agraria de Zapata

El Plan de Ayala es uno de los documentos más importantes del movimiento zapatista y una expresión fundamental de las demandas agrarias. Para entender por qué apareció este documento hay que mirar hacia las condiciones que enfrentaban muchas comunidades campesinas. Durante el Porfiriato, numerosas tierras pertenecientes a pueblos y comunidades pasaron a manos de hacendados y otros grandes propietarios mediante distintos mecanismos legales y económicos. La desamortización iniciada con las Leyes de Reforma, particularmente la Ley Lerdo de 1856, tuvo consecuencias complejas y, en diferentes regiones, contribuyó a la fragmentación o pérdida de tierras comunales. A finales del siglo XIX y principios del XX, numerosas comunidades reclamaban terrenos que consideraban legítimamente suyos.

Cuando Francisco I. Madero proclamó el Plan de San Luis en 1910 y llamó a levantarse contra el régimen de Porfirio Díaz, Emiliano Zapata y numerosos campesinos de Morelos se incorporaron a la lucha. Para ellos, la revolución no significaba solamente terminar con la reelección de Díaz: también debía resolver el problema de la tierra. El triunfo revolucionario llevó a Madero a la Presidencia, pero pronto surgieron diferencias profundas con Zapata. El gobierno maderista no respondió con la rapidez que los zapatistas esperaban a sus demandas de restitución y dotación de tierras y, en cambio, buscó el desarme de los grupos revolucionarios.

En ese contexto, Emiliano Zapata y el profesor Otilio Montaño participaron en la elaboración de un nuevo documento. El Plan fue concebido en la región montañosa de Ayoxuxtla, Puebla, donde los zapatistas se habían refugiado. Las fuentes históricas coinciden en atribuir a Montaño la redacción material del documento, mientras que las ideas expresadas en él procedían de Zapata y de las demandas de los grupos campesinos que formaban el movimiento. Fue la formulación política de una lucha agraria que tenía raíces más amplias.

Diversas versiones y testimonios señalan el 25 de noviembre de 1911 como la fecha de la firma del documento, mientras que otras versiones señalan la fecha del 28 de noviembre, esta última cuando el Plan fue proclamado en Villa de Ayala, Morelos. El manuscrito original se perdió posteriormente.

El documento rompía abiertamente con Francisco I. Madero. Los zapatistas lo desconocían como jefe de la Revolución y como presidente de la República, porque consideraban que había incumplido los compromisos relacionados con la restitución de tierras y había traicionado los ideales por los que muchos campesinos habían combatido. El Plan proponía originalmente reconocer como jefe de la Revolución a Pascual Orozco y, si este no aceptaba, a Emiliano Zapata. La elección de Orozco resulta especialmente significativa porque en ese momento todavía era considerado por los autores del documento como uno de los principales dirigentes revolucionarios.

El corazón del Plan de Ayala estaba en la cuestión agraria. El documento establecía que los terrenos, montes y aguas que hubieran sido usurpados por hacendados, científicos o caciques debían ser restituidos a los pueblos y ciudadanos que pudieran demostrar sus derechos mediante los títulos correspondientes. Pero el Plan iba más allá de la simple restitución. También planteaba que, para beneficiar a quienes carecían de tierras, se expropiaría, previa indemnización, una tercera parte de las grandes propiedades con el propósito de crear ejidos, colonias, fundos legales y campos de cultivo.

El documento también establecía una medida mucho más radical contra quienes se opusieran al programa. Las propiedades de los hacendados y terratenientes que rechazaran el Plan podían ser nacionalizadas en sus dos terceras partes restantes, y esos recursos se destinarían, entre otros fines, a cubrir las indemnizaciones de los familiares de quienes hubieran muerto defendiendo la revolución. El Plan de Ayala proponía una transformación profunda de la propiedad de la tierra.

El Plan de Ayala original terminó con la fórmula “Reforma, Libertad, Justicia y Ley”, aunque “Tierra y Libertad” es una expresión estrechamente vinculada con el zapatismo y con sus reivindicaciones agrarias, pero no es la frase final del documento original de 1911. El 15 de diciembre de 1911, El Diario del Hogar, periódico de la Ciudad de México, publicó íntegramente el documento y fue el primer periódico que lo hizo.

La importancia del Plan aumentó todavía más después de los acontecimientos de 1913. Tras el golpe de Estado conocido como la Decena Trágica, Victoriano Huerta llegó al poder y Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron asesinados. Pascual Orozco se acercó al régimen de Huerta, por lo que los zapatistas modificaron el Plan de Ayala. La reforma fue proclamada el 30 de mayo de 1913. En ella se desconoció a Huerta y se declaró a Orozco indigno de la jefatura revolucionaria; en su lugar, Emiliano Zapata quedó reconocido como jefe de la revolución que defendía los principios del Plan.

Durante los años siguientes, el movimiento intentó llevar a la práctica sus principios mediante la restitución y distribución de tierras y mediante nuevas formas de organización política y agraria en las regiones bajo su influencia. De esta manera, el documento se convirtió en un programa político y agrario que daba sentido a la lucha zapatista.

Su influencia en la historia constitucional mexicana fue considerable. Las demandas agrarias defendidas por el zapatismo encontraron un espacio importante en el proceso revolucionario que desembocó en la Constitución de 1917, particularmente en el artículo 27, relacionado con la propiedad de la tierra y los recursos naturales. Sin embargo, la Constitución fue resultado de un proceso político y social mucho más amplio, aunque las reivindicaciones zapatistas constituyeron uno de los antecedentes fundamentales de la cuestión agraria que llegó al texto constitucional.

El destino de Otilio Montaño también refleja la complejidad y violencia de aquellos años. A pesar de haber sido uno de los principales participantes en la redacción del Plan y de haber estado cercano a Zapata, en 1917 fue acusado dentro del propio movimiento zapatista de ser responsable intelectual de una deserción. Fue juzgado por un tribunal militar y declarado culpable. El 17 de mayo de 1917 fue fusilado en Morelos.

Más de un siglo después, el Plan de Ayala conserva un lugar central para comprender la Revolución Mexicana. Su objetivo estaba relacionado con recuperar tierras, defender los derechos de los pueblos y transformar las condiciones de propiedad que habían marcado durante décadas la vida rural. El documento convirtió esas demandas en un programa político y agrario, y por ello se convirtió en uno de los textos más representativos de la Revolución Mexicana.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (25 septiembre 2026). Plan de Ayala: la lucha agraria de Zapata. Celeberrima.com. Última actualización el 25 septiembre 2026.