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Félix María Calleja: quién fue el militar que enfrentó a los insurgentes

Félix María Calleja del Rey nació el 1 de noviembre de 1753 en Medina del Campo, en la actual provincia de Valladolid, España. Ingresó en el ejército desde muy joven y destacó por sus conocimientos militares, su capacidad para interpretar el terreno y su habilidad para elaborar mapas, cualidades que serían especialmente importantes durante sus años en Nueva España.

Antes de cruzar el Atlántico acumuló una considerable experiencia militar. Participó en la fallida expedición española contra Argel en 1775, en las operaciones relacionadas con el sitio de Gibraltar y en la recuperación de Menorca. Aquellas campañas le dieron experiencia y disciplina, pero sería en Nueva España donde desarrollaría buena parte de su carrera y alcanzaría una enorme influencia.

En 1789 llegó a Nueva España como parte del séquito del virrey Juan Vicente de Güemes, segundo conde de Revillagigedo. Con el tiempo se estableció en la región de San Luis Potosí, donde participó en la organización de las milicias y en tareas de defensa y reconocimiento del territorio. Su conocimiento de la región, especialmente de sus caminos y poblaciones, terminó convirtiéndose en una de sus principales ventajas militares. En 1807 contrajo matrimonio con María Francisca de la Gándara, perteneciente a una familia criolla acomodada de San Luis Potosí. El matrimonio contribuyó a fortalecer sus vínculos con las élites locales.

Cuando comenzó la insurgencia en 1810, Calleja ocupaba un puesto militar importante en San Luis Potosí. El levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo representó un desafío enorme para las autoridades virreinales, pero Calleja reaccionó rápidamente. Reunió y reorganizó fuerzas realistas, formando el llamado Ejército del Centro, y emprendió la campaña contra los insurgentes.

El primer gran golpe contra el movimiento de Hidalgo llegó en la batalla de Aculco, el 7 de noviembre de 1810. Las fuerzas insurgentes fueron derrotadas y se dispersaron en buena medida. Calleja continuó la campaña y recuperó Guanajuato, que había quedado en manos de los insurgentes. Sin embargo, la batalla que consolidó definitivamente su reputación militar fue la del Puente de Calderón, librada el 17 de enero de 1811 cerca de Guadalajara. Allí las fuerzas realistas derrotaron a un ejército insurgente considerablemente superior en número, pero afectado por problemas de organización y disciplina. La victoria permitió a los realistas recuperar la iniciativa y contribuyó al posterior debilitamiento del primer gran movimiento insurgente encabezado por Hidalgo, Ignacio Allende y otros dirigentes. Meses después, los principales líderes fueron capturados y ejecutados.

La guerra, sin embargo, estaba lejos de terminar. El movimiento insurgente encontró un nuevo y formidable dirigente en José María Morelos, quien consiguió organizar una fuerza mucho más disciplinada y desarrollar una estrategia militar diferente. Calleja volvió a enfrentarse con él durante el célebre sitio de Cuautla, en 1812. Las tropas realistas mantuvieron cercadas a las fuerzas de Morelos durante aproximadamente 72 días, desde febrero hasta mayo. El sitio fue extremadamente duro: ambos bandos sufrieron numerosas bajas y padecieron hambre, enfermedades y escasez de suministros. Finalmente, durante la madrugada del 2 de mayo de 1812, las fuerzas insurgentes consiguieron romper el cerco y retirarse. Aunque Calleja no logró capturar a Morelos, el episodio demostró tanto la capacidad de resistencia de los insurgentes como la dureza de la campaña realista.

La situación política y militar del virreinato continuó deteriorándose. Ante la incapacidad del virrey Francisco Xavier Venegas para controlar la insurgencia, Calleja fue designado virrey de Nueva España y tomó posesión el 4 de marzo de 1813. Su gobierno se caracterizó por una política de guerra y represión contra la insurgencia, combinada con importantes esfuerzos para reorganizar las finanzas y fortalecer las fuerzas militares. Para sostener la guerra recurrió a préstamos y contribuciones de sectores con recursos, incluidos comerciantes y miembros del clero.

Una de sus principales estrategias consistió en ampliar la participación de las fuerzas locales en la defensa de pueblos y ciudades. La creación y fortalecimiento de milicias permitía que las tropas regulares se concentraran en perseguir a las fuerzas insurgentes y combatir las guerrillas que operaban en distintas regiones. Esta política contribuyó a debilitar progresivamente a la insurgencia, aunque también estuvo acompañada de medidas extremadamente severas contra quienes eran considerados colaboradores de los rebeldes. En algunas regiones se produjeron ejecuciones, confiscaciones y represalias que dejaron una profunda huella y alimentaron el rechazo hacia el gobierno virreinal.

Calleja consiguió finalmente uno de sus mayores objetivos cuando las fuerzas realistas capturaron a José María Morelos el 5 de noviembre de 1815. Después de ser sometido a procesos civiles y eclesiásticos, Morelos fue fusilado el 22 de diciembre de ese año. La muerte del principal dirigente insurgente representó un golpe enorme para el movimiento, aunque no significó el final de la guerra. La resistencia continuó en diferentes regiones bajo dirigentes como Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, entre otros.

La eficacia militar de Calleja y sus métodos represivos hicieron que su figura fuera profundamente controvertida. Para las autoridades españolas y sus partidarios, era un comandante capaz que había conseguido recuperar buena parte del control sobre Nueva España en uno de los momentos más críticos de la crisis imperial. Para muchos insurgentes y posteriormente para la memoria histórica mexicana, representó la dureza de un régimen colonial dispuesto a utilizar una enorme fuerza militar para conservar el dominio español.

En 1816, Calleja dejó el cargo de virrey y regresó a España. La Corona reconoció sus servicios concediéndole el título de conde de Calderón, en referencia a su victoria en el Puente de Calderón, además de importantes condecoraciones. Posteriormente ocupó otros cargos militares y políticos, entre ellos el de capitán general de Andalucía y gobernador de Cádiz. En 1820, tras el pronunciamiento liberal encabezado por Rafael del Riego y el restablecimiento temporal de la Constitución de 1812, Calleja fue detenido y sometido a vigilancia, como ocurrió con otros destacados defensores del absolutismo.

Félix María Calleja murió en Valencia el 24 de julio de 1828. Fue uno de los hombres que mejor comprendió las condiciones militares de Nueva España y que consiguió reorganizar las fuerzas realistas cuando el dominio español parecía estar en grave peligro. Sus victorias en Aculco y, sobre todo, en el Puente de Calderón contribuyeron a desarticular la primera gran ofensiva insurgente. Sin embargo, su éxito no fue suficiente para acabar con la lucha por la independencia. La insurgencia sobrevivió, se transformó y continuó durante años hasta que, en 1821, Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero alcanzaron un acuerdo que condujo a la consumación de la independencia.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (12 septiembre 2026). Félix María Calleja: quién fue el militar que enfrentó a los insurgentes. Celeberrima.com. Última actualización el 12 septiembre 2026.