María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba nació el 20 de noviembre de 1778, con el tiempo sería conocida como la Güera Rodríguez. Pertenecía a una familia criolla acomodada. Su padre, Antonio Rodríguez de Velasco, fue regidor perpetuo de la Ciudad de México, y su madre fue María Ignacia Osorio Barba y Bello Pereyra. Desde joven disfrutó de una posición social privilegiada.
A los quince años, el 7 de septiembre de 1794, María Ignacia se casó con el militar José Jerónimo López de Peralta de Villar Villamil. El matrimonio resultó conflictivo y terminó en un proceso judicial. Su esposo la acusó y ella, a su vez, denunció los malos tratos que sufría. Una de las historias más conocidas cuenta que él llegó a dispararle durante una disputa. El matrimonio terminó separándose y María Ignacia demostró desde muy joven que estaba dispuesta a defender sus intereses incluso frente a las convenciones sociales de su época.
Después contrajo un segundo matrimonio con Juan Ignacio Briones Fernández, un hombre considerablemente mayor y de gran fortuna. Él murió poco después de la boda y María Ignacia recibió una importante herencia. En 1825 se casó por tercera vez con Juan Manuel de Elizalde y Marticorena, un chileno con quien permaneció hasta su muerte. Estos matrimonios y las herencias recibidas contribuyeron a consolidar su posición económica.
Su apodo, la Güera Rodríguez, hacía referencia a sus características físicas, especialmente a su cabello claro. Su belleza, su inteligencia y su habilidad para conversar la hicieron famosa en los círculos sociales de la capital. Con el tiempo comenzaron a circular historias según las cuales había cautivado a algunos de los hombres más importantes de su época. Entre ellos aparecen nombres como Simón Bolívar, Alexander von Humboldt y Agustín de Iturbide. Sin embargo, muchas de las historias románticas que posteriormente se contaron sobre ella no cuentan con pruebas suficientes para presentarlas como hechos comprobados.
Una de las leyendas más famosas sostiene que Alexander von Humboldt quedó fascinado con ella durante su estancia en la Nueva España y llegó a considerarla una de las mujeres más hermosas que había conocido. Muchas de estas anécdotas fueron creciendo con el paso del tiempo. Algo similar sucede con la supuesta relación sentimental con Simón Bolívar, quien estuvo brevemente en México antes de continuar su viaje.
La relación con Agustín de Iturbide también ocupa un lugar central en la leyenda. La Güera Rodríguez conoció al militar y mantuvo con él una relación de amistad y cercanía. Con el paso de los años surgió la versión de que ella fue una de las personas que convencieron a Iturbide de cambiar de posición y encabezar el movimiento que culminaría con la consumación de la Independencia. También se le atribuyó una participación decisiva en las reuniones que precedieron al Plan de Iguala e incluso se llegó a presentar como una de las grandes estrategas ocultas de la independencia mexicana. Sin embargo, no existe evidencia suficiente para convertirla en la autora secreta del Plan de Iguala ni en la persona responsable de que Iturbide cambiara de bando. Simplemente es un personaje alrededor del cual se han construido y exagerado anécdotas e historias.
Cuando comenzó la guerra de Independencia en 1810, María Ignacia vivía en una sociedad profundamente dividida. Las acusaciones de simpatizar con la insurgencia formaron parte de su complicada relación con las autoridades. En 1811 fue llevada ante el Tribunal de la Inquisición por presuntos vínculos con personas consideradas sospechosas. Con frecuencia se cuenta que durante el interrogatorio enfrentó con enorme habilidad a los inquisidores y que incluso reveló aspectos comprometedores de la vida privada de uno de ellos, provocando que el proceso terminara. Esta escena resulta atractiva y ha sido repetida muchas veces, pero debe tratarse como parte de la tradición legendaria que rodea al personaje. Lo que puede afirmarse es que fue investigada y que las acusaciones no produjeron una condena por herejía.
También se le atribuye haber utilizado su posición social y sus recursos para favorecer a los partidarios de la Independencia. Es razonable señalar que tuvo vínculos con personas relacionadas con el movimiento y que su posición le permitía circular por espacios donde se cruzaban distintos grupos políticos. Sin embargo, estas afirmaciones proceden de relatos posteriores que mezclaron hechos comprobables con elementos novelescos.
También existe una célebre leyenda según la cual, el 27 de septiembre de 1821, cuando el Ejército Trigarante entró triunfalmente en la Ciudad de México, Agustín de Iturbide habría desviado el recorrido para pasar frente a la casa de la Güera y saludarla desde su balcón. La escena aparece en relatos históricos y conmemorativos desde hace mucho tiempo, pero forma parte de ese conjunto de episodios que ayudaron a construir la imagen romántica de la Güera Rodríguez como la mujer que influía personalmente sobre los grandes protagonistas de la independencia.
Después de la consumación de la Independencia, María Ignacia continuó viviendo en la Ciudad de México. Ya en el México independiente, en la década de 1840, entabló amistad con Francisca Calderón de la Barca, esposa del representante diplomático español, quien dejó en sus memorias una impresión favorable de ella y la describió como una mujer vivaz y todavía atractiva. Estos testimonios resultan especialmente valiosos porque muestran que la fama de la Güera no fue una creación completamente posterior: ya durante su vida llamaba la atención por su personalidad y por su presencia en la sociedad.
María Ignacia murió en la Ciudad de México el 1 de noviembre de 1850, pocos días antes de cumplir 72 años. Su tercer esposo, Juan Manuel de Elizalde, sobrevivió a ella y posteriormente se dedicó al sacerdocio. Quizá lo más interesante de la Güera Rodríguez es la manera en que su figura fue transformándose después de su muerte. Un papel importante en esa transformación lo tuvo la biografía novelada de Artemio de Valle-Arizpe, publicada en 1949. A partir de entonces se consolidó una imagen mucho más espectacular: la de una mujer bellísima, seductora, rebelde y capaz de manejar a los hombres poderosos de su tiempo.
Fue una mujer perteneciente a la élite novohispana que enfrentó conflictos familiares y judiciales, administró recursos, construyó relaciones sociales y tuvo contacto con personas involucradas en los grandes acontecimientos políticos de su época.
Referencias:
- María Ignacia Rodríguez de Velasco – Wikipedia, la enciclopedia libre
- Independencia de México: la bella aristócrata que convenció a Iturbide y la insurgente detrás de las 2500 mujeres espías – Infobae
- La Güera Rodríguez – Wikipedia
- La Güera Rodríguez: la construcción de una leyenda
- La ‘Güera Rodríguez, mecenas e impulsora de la Independencia de México
- Sobre Silvia Marina Arrom, La Güera Rodríguez. Mito y mujer